30/10/2025
En un contexto donde la incertidumbre es sistémica, este mes se sintió distinto, abismal. Sin decisiones, solo espera y especulación.
Aun así, quienes trabajamos de manera independiente seguimos sosteniendo lo cotidiano: ideamos, planificamos, proyectamos, aunque nada pareciera tener piso.
Emprender se torna no solo un ejercicio de voluntad. Es una práctica de adaptación que implica aprender a pensar mientras todo cambia.
En ese intento, aparece una tensión que nos atraviesa: la productividad que lo mide todo. Leer, debatir, dudar, pausar: no cuenta. Como si comprender no estuviera dentro del tiempo de trabajo.
Las artes, las humanidades, las ciencias sociales —todo lo que no da un resultado inmediato— fue quedando en los márgenes.
Pero pensar también es parte. Es lo que sostiene cualquier proceso creativo, estratégico o empresarial. Lo que permite que una acción tenga sentido, que una decisión tenga un argumento, que un proyecto tenga dirección.
En Imaga elegimos reivindicar esa parte del hacer:
la del pensamiento, la observación, la conversación.
๑ La mezcla de lenguajes.
๑ La prueba y el error.
๑ La audacia.
♡
Y si algo nos recuerda el tema que está sonando, es justamente eso:
que pensar, arriesgar y experimentar también es producir.
Que la complejidad no es un obstáculo, sino una forma de cuidar lo que se crea.