25/08/2026
Si pudiera sentarme frente a esa nena que nació en 1989, creo que primero me quedaría mirándola un rato. 🤍
No le contaría todo.
No le diría cuántas veces la vida iba a cambiarle los planes, cuántas veces tendría que empezar de nuevo ni cuántas cosas aprendería a construir desde cero.
Solo le diría:
“Vas a estar bien. Y vas a ser mucho más valiente de lo que hoy imaginás.”
Porque esa nena todavía no sabe que un día va a convertirse en mujer, compañera, mamá y emprendedora.
Que va a formar una familia que será su lugar seguro en cualquier parte del mundo.
Que va a descubrir un amor inmenso en la maternidad y que dos personitas van a cambiar para siempre su manera de entender la vida, el tiempo, las prioridades y hasta los sueños.
Que va a dejar su tierra para empezar una nueva vida en otro país, construir nuevos vínculos, una carrera, proyectos, sueños… y descubrir que hogar también puede ser ese lugar que construimos con las personas que amamos.
Habrá momentos difíciles, incertidumbre, cansancio y planes que no saldrán como esperaba.
Pero seguirá.
A veces segura.
Otras con miedo.
Muchas veces improvisando. 😂
Pero siempre construyendo.
Y hoy entiendo que quizás ese sea uno de mis mayores logros: no haber dejado nunca de construir.
Una familia. Una carrera. Amistades. Proyectos. Comunidad. Una vida que, aunque fue muy diferente a la que aquella nena imaginaba, me llena de orgullo.
Llegando a los 37, no tengo una gran lista de cosas para pedir.
Tengo un deseo mucho más simple y mucho más importante:
salud.
Salud para mi familia, para mis amigos y para todas las personas que quiero y que forman parte de mi vida.
Porque con salud podemos abrazarnos, viajar, trabajar, empezar de nuevo, sentarnos alrededor de una mesa y seguir acumulando historias.
Y yo todavía quiero muchas. ❤️
A la Male de 1989 le diría:
“No tengas tanta prisa por saber cómo termina la historia. Va a ser muy diferente de lo que imaginaste… pero va a valer muchísimo la pena.”
Y a la de 2026:
seguí soñando. Todavía queda muchísimo por vivir. ✨