04/06/2026
Mi de hoy está dedicado a mis profes héroes influenciadores, y a mis compañeros de colegio.
Este año cumplo 33 años de haber egresado de mi colegio: Emmanuel d'Alzon, a mis 18 años.
Uno no sabe a qué hora se le pasa el tiempo, ni en qué momento se va yendo de la vida de uno gente tan especial...
El Emmanuel d'Alzon ha sido, de lejos, aparte de mi familia, la institución que más me ha enseñado como hombre y como ser humano. En ella dejé a mis hermosos profesores de colegio: verdaderos héroes, influenciadores y formadores de seres humanos; seres íntegros que me ayudaron a formar y reafirmar los valores que me enseñaron de niño en mi familia, aunque por aquellos días no los valoráramos como hoy, y hasta los tildáramos de “mamones”. No saben cuánto los valoro hoy, desde mi labor y vocación docente.
Mis profes: Madame Blanca, Gerardino, Rivas, Ruggiero, Alarcón, Acevedo, Palacios, Margarita Amaya, Dorssy, Héctor Ramírez, Ruth Gaitán, Mechitas, mi primera directora en 4o. de primaria, Gloria Nelcy Cruz (q.e.p.d), Mónica Ximena Parra, Luz Marina Riaño, Javier Oviedo, Beto, Mejo, "El señor tú", Manuel Celis "Marco" (de inglés), son tantos nombres... y ni hablar de mis compañeros. No quiero nombrar a nadie para que nadie se me quede por fuera. La prom 92 merece capítulo aparte porque con ella estudié buena parte de mi primaria y mi bachillerato, hasta que me fui de bruces en décimo grado. A esa prom la quiero y la llevo en mi corazón. Esta nota habla por sí sola y les dice cuán especiales son para mí, a pesar del paso de estos 33 años en nuestras vida. Nunca olvidaré que en el teatro de nuestro colegio saqué esa balota roja que me salvara de prestar el servicio militar en el Ejército, y luego terminé fundido en un abrazo con mi padre en esa aula máxima de nuestro amado colegio. ¡Nunca te olvidaré Emmanuel d'Alzon! ¡TE AMO! ❤️
BONJOUR EMMANUEL D’ALZON- MERCI… PROM 93
Dicen que el hombre, cuando se encuentra a punto de arrancar el alma del cuerpo, repasa su historia, sus húmedos tratados de infancia. Recoge los nombres de padre y madre, las primeras palabras grabadas en su lengua, el nombre de la mujer que más amó y más odió, el frasquito con la colección de sus dientes de leche, las lecciones aprendidas en los amplios corredores del colegio, los quinientos pesos de las onces, el orgullo por pertenecer al coro y el primer día de prácticas con la selección de fútbol de mayores del colegio, y es que… el timbre que llamaba a recreo era música para nuestros castos oídos. Eran de esperarse los retiros espirituales en la casa de Suba, el Plan Padrino y los regaños de Madame Blanca contrastando con las largas piernas de Madame Claudia. Cuántos dolores de cabeza me gané con las fórmulas químicas de Rivas y los laboratorios físico- cuánticos de Ruggiero.
Lisenka… cual camaleón cambiando de piel con nuestras bromas de niños; los profes Acevedo y Gómez se fueron al cielo y mi amigo Gregorio Andrés Flórez, aún hoy, pasea con los ángeles. Sólo una vez intenté copiarme en un examen de filosofía y véanme tan de malas… el padre Jorge me cogió in fraganti con el papelito arrugado en mi cartuchera (me sentí tan id**ta, qué oso. Aún recuerdo al Padre mirándome y diciendo: Monsieur "Mogalessss", mmm no me lo "espegaba" de usted) ¡Lección aprendida!
El patio del colegio era mi vida, mi ancho cielo de infancia donde reventé buenos vidrios con mi pelota de letras.
Emmanuel d’Alzon, mi tibio refugio en mi soledad de grande. No en vano, mi segundo hogar, largas horas en las que no había tiempo de llorar. Sólo cuando una balota roja me salvaba del ejército y en un abrazo me fundía con mi padre.
En la electiva del Icfes me dejé seducir por el francés, romántica lengua con la que conquistaba niñas con sólo decir: Bonjour mademoiselle.
Varias veces capé clase por asistir a los ensayos del coro con la profe Sonia Idárraga.
Vivía enamorado de las profes de primaria. Cito tres nombres y paro de cantar para no alargar, porque el jardín es bastante amplio: Luz Marina, Mónica Ximena y Luz Ángela.
La primera gran parte de mi vida se fue entre el journal de classe, los centros literarios, las clases de francés, los test de couper, la excursión a Cartagena y el patio del colegio.
El Padre Pacho vivía con una sonrisa de oreja a oreja. (Dios lo tenga en su santa gloria)
Mi amigo Juan Miguel Méndez: mi ídolo de infancia. De certeras gambetas e impecables goles de chilena, cestas de cuatro puntos y muñecas rojas de tanto darle al balón de volleyball.
Por razones que me guardo en el alma y hasta la tumba, eché a la mismísima basura el décimo grado. Un año repetí y nuevos amigos me guardé en el corazón. Dios sabe cuánto me apoyaron el maestro Luis Eduardo Gerardino y nuestra Madame (q.e.p.d) los amo y amaré siempre; Rivas, Ruggiero y Alarcón, ese año tan difícil para mí como adolescente.
Enrique Díaz: eximio goleador, cual raponero de la décima… sólo las balas le daban alcance a la hora de correr.
Gabriel Fernando Triviño: el médico pilo de la promoción que barrió con menciones de honor el día de nuestra graduación. No dejó ni las migajas. Un tipazo.
Andrés Forero y K**e Angarita: la Fuerza que nos impulsaba era eterna. Juntos vivimos cosas que nadie entendería… y el negro, haciendo sus maromas en el pasamanos.
Madrigal, el Mono Gutiérrez y sus secuaces conquistaban a las niñas que nos visitaban y nada les dejaban a los pobres.
Arturo Gómez era la bomba sexy (él prefería que le dijeran “The sexy bomb”)
Giovanni Rodríguez… el mejor amigo de mi amigo Andrés Forero, te moriste antes de tiempo y una hija nos dejaste.
Gustavo Sarria, un bacán tatuado en el eco del silencio del cielo.
Andrés Espinoza, Iván Darío Cortés y Fernando Vargas… Por la música que me grabaron: ¡Gracias totales! Aún conservo esos cassettes Sony y TDK como verdaderas piezas de museo y 33 años después, aún suenan como nuevos.
Doctora Dorssy Archbold de Romero: Mi cariño, admiración y respeto te debo, gracias a ti entré al Emmanuel en el 85, a mis 10 años. Dios te tenga en su santa gloria.
Madame Blanca: sólo Dios sabe cuán especial eres para nosotros, aunque nos hayas dejado de cuerpo. Tu recio carácter siempre me acordó el carácter de mi madre y me ayudaste, claramente, a forjar como ser humano y como hombre.
Luis Eduardo Gerardino: gracias profe por la disciplina, el amor a nuestro colegio, a la historia de Colombia, y por salvarme, al lado de Madame, de la segura expulsión. Cada que mire al cielo, me acordaré de usted y de nuestra Madame.
Alvaro Palacios: por ser mi amigo, más que profesor: GRACIAS. Cuánto lo quiero profe, me faltan sus consejos y clases.
Rivas y Ruggiero: terminé de publicista por el bien mío y el de mis familiares, jeje. Lo siento, nunca pude con la química. Menos… con la física. Pero créanme, los quiero con todo mi corazón. Ustedes son hombres ejemplares.
Alarcón y Carrasco germinaron el amor a las letras entre centros literarios y aprendiendo de memoria versos raros. Hablaba del crepúsculo cuando no tenía ni idea el significado de tan extraña palabra que me sonaba a insulto barato. El día de nuestro grado pude entender que había llegado el anochecer de nuestros días en el colegio y desde ese día… crepúsculo es una de mis palabras favoritas.
Mejo: gracias por creer en nosotros. No cualquiera dejaba sacar cuadernos a la hora del examen, ni confiaba en la palabra de niños de catorce para enseñarles el valor de la honestidad.
Beto: reflejo de mi padre, siempre recto en sus cosas, con una sonrisa para regalarnos y un modelo a seguir.
Javier Oviedo: siempre activo, y maestro pendiente de sus alumnos, siempre deportista. Jamás lo olvidaré.
Mechitas: mi directora de ruta. Siempre nos cuidaste en esa ruta y mi gratitud contigo es eterna.
Mónica Ximena: siempre tan activa. Recuerdo cuando me ayudabas con material para nuestros campamentos infantiles y las charlas en el cole. Gracias siempre por ser tan especial. Te quiero.
Aún se me eriza la piel cuando vuelvo a pisar el umbral de mi colegio. Vuelvo a la memoria y a uno que otro recuerdo olvidado en los 51 años que saben pisarme la sombra. Nueve años viví en el Emmanuel y llevo 33 años haciendo memoria. 33 benditos años… más de la mitad de mi vida. Propongo de reencuentro un partido de fútbol en la cancha central del Emmanuel d’Alzon. Madame Blanca: la madrina nuestra; Gerardino, el árbitro central, ambos dirigiéndonos desde el cielo y Gerardino dando órdenes con su silbato.
Alarcón y Palacios, los jueces de línea, pendientes de nuestros fuera de lugar.
Los curas Pacho y Potes, los asistentes técnicos; y Rivas y Ruggiero, los técnicos directores de la orquesta prom 93. ¿Recuerdan que fueron nuestros directores de grupo cuando llegamos al décimo grado?
Me pido tapar los goles de Enrique y Juan Miguel: no tapo como cuando éramos jóvenes, pero aún intento volar de palo a palo, les informo. Con Federico Borda, evitaremos esos goles.
Propongo a Luz Marina, a Mónica Ximena y a Luz Ángela como las lindas porristas que nos inspiren en el juego. Beto hará el saque de honor, haremos un minuto de silencio por las almas de los padres Jorge y Henry, por la memoria de Gustavo y de Giovanni; por el recuerdo de Ramiro Pérez, mi amigo fotógrafo que nos inmortalizó en los pasillos del colegio con el mosaico de la promoción. Si lo observan bien y comparan con el resto… el más bello de todos. Y es que hasta en eso sacamos la cara, sólo nos faltó el anuario muchachos. No en vano, el año de nuestra graduación quedamos entre los primeros veinte colegios de Colombia, según el ranking del Icfes. Ya es hora de saber de ustedes… amigos de mi infancia y del recuerdo.
Dalzonianos: la vida es hermosa, que nos diera el Señor por su amor. Nos invita con ella a la lucha por la dicha de un mundo mejor.
Ya es hora de volver a verte Emmanuel d’Alzon- Prom 93.
¡Bonjour Emmanuel d’Alzon… Merci, Prom 93! ❤️🥰