02/10/2020
Las bolsas de nunca fueron unas simples bolsas. Desde el comienzo se pensaron para hacerle honor a su contenido: un café cultivado y cosechado responsablemente, que pudiera contarle a las personas que aquí en Colombia sí se podía encontrar un buen café, además de aprender a preparararlo -y vale decirlo-, aprender a disfrutarlo y no dejar lo mejor solo para los de más allá de estas montañas.
En 8 años van tres iteraciones de diseño de bolsa que han ido evolucionando con la marca pero siempre manteniendo la misma esencia. Sin necesidad de mostrar la típica ilustración de un grano de café, desde el comienzo el árbol que da origen al grano ha sido el alma del empaque. Sin ese árbol no sería posible ese fruto, que despulpado -casi siempre- y tostado y molido, se convierte con el agua en esa bebida que es un lenguaje universal. Desde esa primera bolsa en papel Kraft que tenía un tag de color, mucho antes de que el uso de colores planos se convirtiera en tendencia, hasta hoy, evitamos contarlo todo en la bolsa -contrario a lo que hacen muchas marcas-, porque el producto debía hablar por sí solo. Y ahí nació el compañero perfecto: una postal que retratara el origen, que se convirtiera en esa pieza que diera gusto coleccionar*. Ese complemento que se pudiera leer mientras la bolsa cumpliera su función de ser la guardiana del contenido, y que mucho tiempo después de que el café fuera disfrutado, quedara de reminiscencia de esa experiencia diferente pero digna de ser repetida una y otra vez.
Más allá del contenido de la bolsa y la postal, esa diferenciación que se comunicó desde el diseño despertó hasta la innovación del fabricante de las bolsas para ensayar y lograr un material más amigable con el planeta, sin aluminio, 100% reciclable y reduciendo el material en un 20%. Nos sentimos orgullosos de hacer parte de un verdadero cambio y agradecidos con Pergamino por creer en nosotros desde el inicio y darnos la oportunidad de crear y crecer juntos.
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