22/07/2026
Columna/Verbo! no Sustantivo!
No es la cantidad de versículos que recitas, ni las horas que pasas leyendo la Biblia, lo que define la autenticidad de tu fe. La verdadera fe se refleja en la manera como tratas a los demás, en tus palabras, en tus acciones y en la capacidad de amar incluso cuando piensas diferente.
Muchos han cambiado el mensaje de amor por el fusil del odio y la división. Han convertido la fe en un camino de intereses, ambiciones y codicia, olvidando la enseñanza más sencilla y profunda de Jesús: “Amaos los unos a los otros”.
¿A quién pretendes agradar cuando tus palabras hieren? ¿Qué testimonio das cuando siembras rencor, señalas, humillas o divides? No olvides que Jesús fue más severo con la hipocresía que con el pecado mismo. Por eso confrontó a los fariseos, que aparentaban santidad ante los hombres, pero tenían el corazón lejos de Dios.
Tampoco olvides la primera traición. Jesús no fue entregado por un enemigo declarado, sino por alguien que caminaba a su lado, que conocía sus enseñanzas y escuchaba sus palabras. La cercanía a la religión nunca ha sido garantía de fidelidad a Dios.
Antes de señalar a otros, revisemos nuestro propio corazón. Antes de predicar amor, aprendamos a vivirlo. Antes de hablar de Dios, procuremos parecernos un poco más a Él.
Porque una fe que divide, humilla y odia, está muy lejos del camino que Jesús vino a enseñar.