La Ventana de Luifer

La Ventana de Luifer La ventana de tus personajes favoritos

22/07/2026

Columna/Verbo! no Sustantivo!

No es la cantidad de versículos que recitas, ni las horas que pasas leyendo la Biblia, lo que define la autenticidad de tu fe. La verdadera fe se refleja en la manera como tratas a los demás, en tus palabras, en tus acciones y en la capacidad de amar incluso cuando piensas diferente.

Muchos han cambiado el mensaje de amor por el fusil del odio y la división. Han convertido la fe en un camino de intereses, ambiciones y codicia, olvidando la enseñanza más sencilla y profunda de Jesús: “Amaos los unos a los otros”.

¿A quién pretendes agradar cuando tus palabras hieren? ¿Qué testimonio das cuando siembras rencor, señalas, humillas o divides? No olvides que Jesús fue más severo con la hipocresía que con el pecado mismo. Por eso confrontó a los fariseos, que aparentaban santidad ante los hombres, pero tenían el corazón lejos de Dios.

Tampoco olvides la primera traición. Jesús no fue entregado por un enemigo declarado, sino por alguien que caminaba a su lado, que conocía sus enseñanzas y escuchaba sus palabras. La cercanía a la religión nunca ha sido garantía de fidelidad a Dios.

Antes de señalar a otros, revisemos nuestro propio corazón. Antes de predicar amor, aprendamos a vivirlo. Antes de hablar de Dios, procuremos parecernos un poco más a Él.
Porque una fe que divide, humilla y odia, está muy lejos del camino que Jesús vino a enseñar.

18/07/2026
15/07/2026

Columna/Se busca candidato para la Alcaldía

En una época donde la palabra liderazgo parece haberse convertido en un simple discurso de campaña, y donde la confianza ciudadana se perdió entre promesas incumplidas, silencios convenientes y gobiernos de espaldas a la gente, nuestro municipio necesita algo diferente.

Se busca un candidato para la Alcaldía.
Pero no cualquiera. Se busca un hombre o una mujer con principios, carácter y vocación de servicio. Alguien que entienda que gobernar no es aparecer en las fotografías ni hacer política desde la comodidad de un escritorio, sino caminar las calles, escuchar a las comunidades y responder con hechos.

Se busca un candidato que no convierta las excusas en su plan de gobierno. Que deje de justificar la falta de resultados con el repetido discurso de "es que yo también soy pobre" o "no hay recursos". Porque los ciudadanos ya no esperan lamentos; esperan liderazgo, gestión y soluciones.

Se busca un alcalde que gobierne para todos, sin distingos políticos, familiares o de conveniencia. Que no premie a unos pocos mientras abandona a las mayorías. Que tenga la valentía de asumir sus decisiones, de dar la cara cuando las cosas no salen bien y de responder con transparencia, no con evasivas.

Hoy la gente está cansada de los discursos vacíos, de las promesas recicladas y de quienes solo recuerdan a las comunidades cuando necesitan un voto. Lo que este municipio reclama es un liderazgo cercano, firme y comprometido con transformar la realidad.
Porque los cargos públicos no son para administrar excusas; son para entregar resultados.

Se busca un candidato que inspire confianza, que gobierne con hechos y que entienda que el verdadero poder no está en el cargo, sino en el servicio.

Por/Luis Fernández “Luifer”
Periodista ÁPIC
RICV

06/07/2026

Columna/Nicodemo

Un verdadero amigo permanece hasta el final. La amistad no se demuestra con palabras bonitas, sino con acciones que dejan huellas y fortalecen los vínculos en los momentos más difíciles.

Nicodemo entendió eso. En medio de sus dudas y de su deseo sincero de agradar a Dios, buscó a Jesús en silencio, de noche, anhelando respuestas. Aquel encuentro transformó su vida. Allí comprendió el verdadero significado de "nacer de nuevo", del agua y del Espíritu. Desde ese momento, su relación con Jesús dejó de ser la de un simple admirador para convertirse en la de un amigo leal.

Cuando muchos lo rechazaban, Nicodemo levantó su voz para defenderlo. Arriesgó su prestigio, enfrentó las críticas y prefirió la verdad antes que la comodidad. Porque la verdadera amistad no se esconde cuando llegan las dificultades; permanece firme cuando todos los demás se apartan.

Y la prueba más grande llegó después de la crucifixión. Cuando el miedo había silenciado a muchos y seguir a Jesús parecía un riesgo demasiado alto, Nicodemo, junto con José de Arimatea, dio un paso al frente para reclamar su cuerpo y darle una sepultura digna.

Permanecieron cuando casi todos habían huido.
Así son los amigos verdaderos: aquellos que no abandonan, que defienden aun cuando hacerlo tiene un costo, que hablan con sinceridad, que celebran tus alegrías y también cargan contigo en los días más oscuros. Ni el poder, ni el reconocimiento, ni las circunstancias los hacen olvidar quién estuvo a su lado cuando nadie más lo hizo.

La pregunta es inevitable: ¿hay alguien que estaría dispuesto a defenderte con la misma valentía con la que Nicodemo defendió a Jesús? Pero, antes de responder, vale la pena hacerse otra aún más importante: ¿eres tú ese amigo para alguien?

Porque la lealtad no se exige; se cultiva. Y las amistades que permanecen hasta el final son el fruto de una vida sembrada con amor, verdad, fidelidad y acciones que hablan mucho más fuerte que cualquier palabra.

Dedicado con cariño y aprecio a mis amigos, Jorge Luis González, Simón Villamizar Benítez y Jonathan Pérez!

19/06/2026

Columna/Del discurso de las ideas al ruido del odio!

Vivimos tiempos complejos para la democracia. En medio de un ambiente político cada vez más polarizado, pareciera que la discusión pública ha dejado de centrarse en las ideas, las propuestas y los argumentos, para convertirse en una competencia de descalificaciones, insultos y ataques personales.

Cómo no añorar aquellas épocas en las que el debate político estaba marcado por grandes líderes que, más allá de las diferencias ideológicas, entendían el valor de la palabra, del pensamiento y de la construcción colectiva. Aún resuenan en la memoria frases inmortales de Jorge Eliécer Gaitán: “Yo no soy un hombre, soy un pueblo” y “El pueblo es superior a sus dirigentes”. Expresiones que sintetizaban una visión profunda de liderazgo y compromiso con las mayorías.

También resulta inevitable recordar a Luis Carlos Galán, cuando afirmaba: “A los hombres se les puede eliminar, pero a las ideas no. Y al contrario, cuando se elimina a veces a los hombres, se robustecen las ideas”. Era una época en la que las ideas ocupaban el centro de la discusión, donde los proyectos de país tenían más relevancia que los ataques personales.
Hoy, lamentablemente, observamos una realidad distinta.

El odio parece haberse convertido en una herramienta política y en muchos casos en la principal motivación para votar. Importa menos la capacidad de gobernar, la preparación o las propuestas de quienes aspiran a dirigir los destinos de una nación. Lo fundamental parece ser a quién se odia más y no quién ofrece las mejores soluciones.

La historia misma nos ofrece una poderosa reflexión. Cuando la multitud pidió la libertad de Barrabás y la crucifixión de Jesús, no importaron los milagros realizados, los enfermos sanados o los mensajes de amor y esperanza. El odio colectivo pudo más que la verdad. La pasión desbordada terminó imponiéndose sobre la razón.

Y es precisamente ahí donde debemos detenernos a reflexionar. ¿Qué mensaje estamos enviando a nuestros hijos? ¿Qué futuro estamos construyendo para las nuevas generaciones cuando normalizamos la agresión, la mentira y la descalificación como formas de hacer política? ¿Qué sociedad surgirá si premiamos la charlatanería y castigamos el conocimiento, la preparación y el pensamiento crítico?

Las democracias se fortalecen cuando los ciudadanos analizan, comparan y deciden con argumentos. Se debilitan cuando las emociones negativas reemplazan la razón y cuando el fanatismo sustituye el debate.

Todavía estamos a tiempo de corregir el rumbo. Todavía podemos enseñarles a nuestros hijos que pensar diferente no convierte al otro en enemigo; que la crítica no debe transformarse en odio; que las ideas se confrontan con ideas y no con insultos.

“Colombia necesita menos gritos y más propuestas. Menos fanatismo y más reflexión”.

Por: Luis Fernandez Periodista
Periodista ÁPIC

18/06/2026
10/06/2026

Columna/Crónica de una Decepción Anunciada!

Hace un par de años conocí a un tipo. Como cualquier ser humano: lleno de defectos, pero también con virtudes que parecían suficientes para creer en él. Tenía un sueño: llegar a la gerencia de una empresa. No era un camino fácil. Su relación con la gente era distante, su sentido social escaso y el rechazo hacia él era evidente en muchos sectores. Aun así, insistimos.

Pasaron los años y seguimos trabajando por esa oportunidad. Poco a poco comenzó a acercarse más a la gente, a participar en actividades comunitarias y a construir una imagen de cercanía. Parecía que el camino empezaba a dar resultados. Sin embargo, había algo que nunca dejó de hacer ruido: no se sentía real.

“Su discurso era impecable, pero sus acciones no caminaban al mismo ritmo”.

Hablaba de compromiso, pero carecía de empatía. Prometía transformación, pero sus motivaciones parecían profundamente personales. Decía entender a la gente, aunque pocas veces realmente la escuchaba.

Aun así, logró algo importante: hacer que muchos creyeran. Se convirtió en la esperanza de quienes pensaban que podría cambiar el rumbo de la empresa. El hombre que llegaría para corregir errores, organizar el caos y demostrar liderazgo.
Y finalmente lo logró.

“Pero fue ahí donde la verdad empezó a mostrarse sin maquillaje”.

El discurso siguió siendo el mismo, solo que ahora acompañado de algo más grave: improvisación, desorganización y ausencia total de liderazgo.

El sueño que muchos ayudaron a construir comenzó a desmoronarse frente a una gerencia mediocre, conformista y sin resultados.
Porque liderar no es ocupar un cargo; es inspirar, resolver, convocar y demostrar con hechos aquello que se prometió con palabras.

El supuesto salvador terminó atrapado en sus propias limitaciones. Se sentó cómodamente en la tibieza, renunció al carácter que exige dirigir y acabó destruyendo no solo la esperanza de quienes creyeron en él, sino también la imagen que tanto se esforzó en construir.

A veces, el mayor error no es confiar en alguien. El verdadero error es tardar demasiado en aceptar que algunas personas nunca fueron lo que dijeron ser.

04/06/2026

Columna/¿Dónde quedó la oposición del pueblo?

Hubo un tiempo en que la oposición significaba vigilancia, control y defensa de los intereses colectivos. Hoy, en muchos escenarios, parece convertirse en un discurso temporal: mientras están lejos del poder denuncian, cuestionan y señalan hasta el más mínimo error; pero cuando llegan los acuerdos, cambian las posturas, guardan silencio y pasan de críticos a parte del comité de aplausos.

Los pueblos no necesitan dirigentes de conveniencia, necesitan voces firmes, coherentes y con memoria. Porque la verdadera representación no se mide por los discursos encendidos en campaña o en redes, sino por la capacidad de mantener principios aun cuando aparecen las cuotas, los cargos o los beneficios.

La gente está cansada de quienes se presentan como defensores del pueblo, pero terminan negociando sus convicciones. El liderazgo no puede convertirse en una vitrina personal ni la política en un escenario para la conveniencia. Los intereses colectivos deben estar por encima de los egos y de las ambiciones.

El pueblo merece representantes que cuestionen cuando haya que cuestionar, apoyen cuando sea correcto apoyar y, sobre todo, que no olviden por qué fueron elegidos.

Porque quien pierde la memoria política, también pierde la confianza de su gente.

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