12/04/2025
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Columna de opinión
La soltería no significa: disponibilidad
Fundación Letras que Sanan
Por: Mónica Andrea López
Durante siglos, la figura de la mujer sola ha sido temida, marginada o erotizada. Aún hoy, muchas mujeres escuchamos frases como “¿y tú por qué estás sola?”, como si la soltería fuera una falla, una pausa incómoda antes de la “vida real”. Sin embargo, cada vez más mujeres estamos resignificando este estado no como una espera, sino como una elección. Un territorio fértil para el encuentro con una misma, la creación, la autonomía y, sobre todo, la libertad.
La escritora y activista Sara Ahmed nos recuerda que “el feminismo es una política de la vida cotidiana”. En este sentido, elegir la soltería puede ser un acto profundamente político: implica habitar el cuerpo y el tiempo propio sin cederlo al mandato del amor romántico, al servicio emocional, o a la validación externa.
La soltería no es disponibilidad. No es una vitrina de espera, ni una señal de apertura automática a cualquier vínculo. Como sostiene la filósofa Camille Paglia, la mujer soltera muchas veces encarna el arquetipo de la bruja, la que decide por sí misma, la que se retira del contrato social que exige a la mujer estar “para otros”. En ese gesto hay una potencia transformadora. La soledad elegida es, también, un espacio de resistencia.
Desde la obra de Bell Hooks, sabemos que el amor debe ser libertad, no posesión. Entonces, ¿qué sucede cuando una mujer decide amarse a sí misma primero? ¿Cuando prioriza su bienestar, sus pasiones, su proceso creativo? Aparece una forma de amor que desarma la estructura patriarcal: el amor que no necesita ser aprobado, ni correspondido para ser válido.
Vivimos en una cultura que interpreta la soltería como carencia. Pero cuando una mujer dice “estoy sola y estoy bien”, desactiva esa narrativa. Y al hacerlo, inspira a otras a escucharse, a preguntarse qué desean más allá del mandato amoroso, más allá del deber de cuidar, de ceder, de sostener a otros a costa de sí mismas.
Estar sola no es estar vacía. Es, a veces, estar llena de sí. La escritora Audre Lorde lo expresó mejor que nadie: “Cuidarme a mí misma no es autoindulgencia, es autopreservación, y eso es un acto de guerra política.” Hoy más que nunca, la soltería elegida puede ser eso: un acto de amor propio, pero también un acto revolucionario.
Porque hay mujeres que no esperan, sino que se habitan. Mujeres que no se ofrecen, se siembran. Mujeres que no se sienten incompletas, sino en proceso. Y cuando caminan solas, no van vacías: van llenas de historia, de voz, de narrativas, canciones, experiencias, pieles, alas, dolores, felicidades, soledades amadas y fuego.
Fundacion Letras que Sanan