El último párrafo

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13/08/2025

Zorín y el Mapa Secreto

En lo profundo del bosque de las Mil Sombras vivía Zorín, un joven zorro de pelaje rojizo y ojos brillantes como dos luceros. No era como los demás zorros: tenía una curiosidad insaciable que lo llevaba a explorar cada rincón, incluso donde los mayores decían que no debía ir.

Una mañana de otoño, mientras husmeaba entre las hojas secas cerca del río, encontró algo extraño: un trozo de pergamino enrollado, atado con un hilo dorado. Al abrirlo, descubrió que era un mapa, dibujado con tinta plateada que brillaba con la luz del sol. Las líneas mostraban senderos desconocidos y símbolos misteriosos que no había visto nunca.

En la esquina inferior, una frase escrita con letras torcidas decía:
"Sigue el canto del viento y hallarás la raíz de toda vida."
Intrigado, Zorín decidió seguir el mapa. Atravesó colinas cubiertas de musgo, cruzó puentes de madera que crujían bajo sus patas y pasó junto a árboles tan altos que parecían rozar las nubes.

Pero no estaba solo. En el camino, se encontró con Luma, una ardilla de cola plateada que saltaba de rama en rama.
—¿A dónde vas, Zorín? —preguntó ella.
—Busco un tesoro… o algo aún más valioso —respondió él, mostrándole el mapa.

Luma, emocionada, decidió acompañarlo. Juntos caminaron durante horas, siguiendo las marcas hasta llegar a una colina donde el viento silbaba como si contara secretos. Allí, medio enterrado bajo raíces retorcidas, encontraron un cofre de madera antigua, cubierto de musgo y decorado con símbolos que parecían moverse.

Con un poco de esfuerzo, Zorín y Luma lograron abrirlo. No había oro ni joyas… sino un puñado de semillas brillantes que desprendían un aroma dulce y desconocido.

—¿Semillas? —preguntó Luma, decepcionada.—Tal vez no sea un tesoro para guardar… sino para compartir —dijo Zorín, recordando la frase del mapa.
Esa misma tarde, buscaron un lugar soleado y plantaron las semillas. Durante la noche, algo asombroso ocurrió: brotaron árboles enormes by el último párrafo 13 /08

13/08/2025

El Cliente Misterioso

En la ciudad, todos conocían a Leonardo Montes, dueño de una cadena de tiendas de lujo repartidas por todo el país. Trajes caros, autos exclusivos y una fortuna que parecía no tener fin. Sin embargo, lo que más valoraba no era el dinero, sino la reputación de su marca.

Últimamente, había recibido correos y mensajes de clientes insatisfechos: malos tratos, productos defectuosos, promesas incumplidas. Para Leonardo, aquello era como un golpe al corazón.

En lugar de enviar supervisores o pedir informes, decidió hacer algo diferente:
—“Si quiero saber la verdad, debo verla con mis propios ojos” —se dijo frente al espejo.

Guardó su reloj de oro, cambió su traje por ropa sencilla y tomó un viejo automóvil. Ese día, Leonardo Montes dejó de ser el empresario famoso para convertirse en un cliente cualquiera.

Entró a una de sus tiendas más famosas. La recepcionista, distraída con su teléfono, apenas levantó la vista:
—¿Sí? ¿Qué necesita? —preguntó con desgano.
Leonardo sonrió, pero por dentro hervía. Caminó por los pasillos, tomó un producto y preguntó por su garantía… la respuesta fue seca y maleducada.

Durante una semana, visitó distintas sedes: en unas lo trataron de maravilla, en otras lo ignoraron. Anotaba todo en una pequeña libreta. Nadie sospechaba que aquel hombre común y corriente era el dueño.

Una mañana, citó a todos los gerentes y empleados clave. Cuando entró a la sala con su traje elegante, varios no pudieron evitar mirarlo con sorpresa.
—Quiero agradecerles por su trabajo… y también advertirles —dijo, dejando caer sobre la mesa la libreta con anotaciones—. Estas son mis experiencias como cliente. En algunas tiendas me trataron como rey… en otras, como si estorbara.

Hizo una pausa y agregó con voz firme:
—A partir de hoy, no diré cuándo ni dónde, pero seguiré visitando mis tiendas como un cliente más.
by el último párrafo 13 agosto 2025

13/08/2025

La lluvia golpeaba con un ritmo hipnótico contra el ventanal, dibujando hilos líquidos que distorsionaban las luces de la ciudad. Afuera, todo seguía su curso… adentro, algo estaba a punto de romperse.

No esperaba visitas. Y, sin embargo, ahí estaba él, empapado, con la camisa pegada a su piel y una mirada que no me dejaba escapar. Tenía esa mezcla peligrosa entre urgencia y calma, como quien sabe que va a tener lo que quiere… y sabe esperar para disfrutarlo.

Cerré la puerta sin pensarlo. Apenas di un paso atrás y él ya estaba cerca, tan cerca que sentí el calor de su cuerpo a pesar de la ropa húmeda. Su mirada descendió lentamente, recorriéndome sin prisa, y entonces su mano rozó mi espalda. Un roce leve, casi inocente… pero que hizo que mi respiración se volviera más pesada.

No hubo palabras. Solo ese silencio espeso, cargado de electricidad, y el latido en mis oídos que parecía acompasarse con el suyo. Se inclinó hacia mí, no para besarme aún, sino para susurrar algo que apenas entendí… y que hizo que mi piel se erizara entera.

Sus dedos, tibios y firmes, se deslizaron por mi brazo, hasta encontrar mi cintura. Me atrajo hacia él con una suavidad engañosa, porque en sus ojos había hambre. La tela mojada de su camisa rozaba mis manos, y la sensación me hizo cerrar los ojos un instante, entregándome al tacto, al olor de su piel mezclado con la lluvia.

Sus labios se acercaron a mi cuello, y ahí sí el tiempo dejó de existir. El primer beso fue lento, deliberado, como si quisiera grabar en mí el mapa exacto de su recorrido. El segundo fue más profundo, más urgente, y en cada contacto sentía que la línea entre nosotros se desdibujaba.

Me empujó suavemente contra la pared, sin brusquedad, pero con la firmeza de quien toma el control. Su respiración se mezclaba con la mía, y sus manos ya no preguntaban: exploraban, reclamaban, encendían. Cada caricia subía la temperatura, cada beso me arrancaba un suspiro que él devoraba con placer...
by el último párrafo 13/08/2025

13/08/2025

🕯️ La Puerta del Pasillo

Era pasada la medianoche. Sofía, sola en su apartamento, intentaba dormir cuando escuchó un leve clic… como si una puerta se hubiera abierto.

Se sento asustada en su cama. El silencio era tan espeso que podía escuchar el latido de su corazón. Tomó su celular, pero la batería estaba descargada.

Decidió asomarse al pasillo. Todo estaba oscuro. Caminó lentamente, sintiendo el frío subir por sus pies descalzos.
Entonces lo vio: la puerta del pasillo, que siempre mantenía cerrada, estaba entreabierta.

—¿Hola? —susurró.

Nadie respondió.

Alargó la mano para cerrarla… pero desde afuera, una voz idéntica a la suya le dijo:
—No salgas… yo estoy aquí afuera.
by El último párrafo 13 agosto 2025

13/08/2025

🐶 “Abby, la niña consentida”

Abby, la niña consentida de mamá y papá,
llegó a casa siendo una cachorrita.
Le dieron amor, cariño, su camita, su plato, su bebedero,
y muchos juguetes.

Pero su juguete favorito no era un muñeco…
era un gato real llamado Bambi 🐱,
quien se dejaba hacer lo que ella quisiera.

Abby era una hermosa cocker, juguetona,
se paseaba feliz por toda la casa,
y amaba salir al parque a correr con las demás mascotas que encontraba por el camino.

Era celosa, sí.
Cuidaba su hogar como una verdadera guardiana.
Los días eran felices con su papá y su mamá humanos,
quienes la adoraban y la cuidaban.

Hasta que un día,
la mamá humana se fue sin avisar.
Sin despedida,
sin explicación,
sin una charla…
simplemente desapareció.

Abby quedó sola,
desorientada,
triste. 😢

Lloraba en un rincón de su casa,
esperando que mamá volviera.

Ya no hubo más paseos,
ya nadie jugaba con ella,
y le tocaba quedarse sola todo el día,
mientras el papá humano salía a trabajar.

Sus días ya no eran alegres.
Solo quedaban unos cuantos gramos de alimento,
un poco de agua,
y la tristeza de sentirse…
abandonada. 🏚️
By el último párrafo 13 agosto 2025

13/08/2025

🐿️ Tobi y la nuez dorada

En un bosque lleno de árboles altos vivía Tobi, una ardillita curiosa y juguetona. Un día, mientras saltaba de rama en rama, vio algo brillar entre las hojas secas.

Era una nuez dorada. Nunca había visto algo así. La tomó entre sus patitas y decidió llevarla a casa, pero el camino no fue fácil: el viento soplaba fuerte y un riachuelo crecido le bloqueaba el paso.

—No te rindas, Tobi —se dijo a sí mismo—. ¡Tú puedes!

Con un gran salto cruzó el río, y después de mucho esfuerzo, llegó a su nido. Al colocar la nuez dorada en su casita, esta se abrió sola… y de dentro salió una pequeña luz que iluminó todo el bosque.

Desde ese día, Tobi no solo tuvo la nuez más especial, sino también la certeza de que la valentía hace brillar el corazón.
by, el último párrafo ( 13/agosto/2025 )

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