27/12/2025
Biblia Renacer 12 Pasos – Página 599
Fe
LEA JOB 19.8-27
Cuando experimentamos dolor y pérdida debido a algo que no está a nuestro alcance, podríamos sentir como que Dios es nuestro enemigo. La ira y la confusión que tal vez sintamos no tienen que destruir nuestra fe. Tal vez nunca comprendamos por qué el Señor permite tales sufrimientos, pero en esos momentos debemos confiar por completo en él, quien es soberano y no dejará que suframos más de lo que podamos soportar.
Job también se sintió así. Dijo: «[El Señor] cercó de vallado mi camino, y no pasaré; y sobre mis veredas puso tinieblas. Me ha despojado de mi gloria, y quitado la corona de mi cabeza. Me ha quebrantado por todos lados, y perezco; y ha hecho pasar mi esperanza como árbol arrancado. Hizo arder contra mí su furor, y me contó para sí entre sus enemigos. Vinieron sus ejércitos a una, y se atrincheraron en mí, y acamparon en derredor de mi tienda. Aun los muchachos me menospreciaron; al levantarme, hablaban contra mí. Todos mis íntimos amigos me aborrecieron, y los que yo amaba se volvieron contra mí. Mi piel y mi carne se pegaron a mis huesos, y he escapado con sólo la piel de mis dientes. ¡Quién diese que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribiesen en un libro; que con cincel de hierro y con plomo fuesen esculpidas en piedra para siempre!» (Job 19.8-24.)
A pesar de su confusión y de su dolor, Job pudo concluir su queja con una afirmación de su fe en Dios: «Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el polvo; y después de deshecha esta mi piel, en mi carne he de ver a Dios; al cual veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro, aunque mi corazón desfallece dentro de mí» (Job 19.25-27). El Señor está de nuestra parte, aunque ahora no podamos verlo. Vaya a la página 625, Salmos 8.