29/08/2026
Diez años.
Y aquí estoy, escribiéndote otra carta de cumpleaños. La número diez. Quizá este año te miro de una manera un poco diferente.
Porque empiezas a buscar tu sitio. A defender tus decisiones, tus elecciones, tus ideas. A querer decidir por ti mismo, a comprobar las cosas, a gestionarlas, a equivocarte y descubrir por ti qué pasa cuando algo sale bien… y también cuando no sale como esperabas.
Y yo intento acompañarte en todo eso. Aunque no siempre me resulte fácil.
Tienes muchas cosas que me recuerdan a mí. Y quizá por eso, precisamente, a veces soy demasiado exigente contigo. Porque reconozco en ti cosas que sé que pueden hacerte daño.
Y supongo que una de las partes más difíciles de ser madre es aprender a distinguir entre lo que quiero para ti y lo que realmente necesitas de mí.
Es complicado no esperar que sean más que yo. Que resuelvas aquello que yo no pude resolver. Que llegues más lejos, que lo hagas@mejor, que no tropieces donde yo tropecé. Pero tú no has venido a reparar nada de mi historia. Has venido a escribir la tuya.
Y yo tengo que aprender a dejarte hacerlo.
A equivocarte. A probar. A decidir. A cambiar de opinión. A descubrir quién eres, incluso cuando todavía no tengas muy claro dónde está tu sitio.
Y mientras tanto, hay cosas que espero que no cambien nunca.
Tu creatividad. Esa manera tan tuya de imaginar, de inventar, de mirar las cosas. Y, sobre todo, esos momentos que siguen siendo nuestros favoritos: estar en casa, debajo de nuestra mantita, sin necesitar más. A veces incluso cuando no toca manta, porque qué más da la época del año.
Diez años viéndote crecer y aprendiendo también yo
contigo.
Feliz cumpleaños, mi amor.
Aunque comiences a buscar espacio para ser tú, siempre tendrás un lugar al que volver.
Nuestra manta en otoño. Nuestro hogar.