18/07/2026
En 1962 el británico Brendon Grimshaw hizo algo que muchos consideraron una locura; compró por 22.000 dólares la deshabitada isla de Moyenne, en las Seychelles, y decidió dedicarle su vida. Junto al habitante local René Antoine Lafortin transformó aquel rincón abandonado en un verdadero santuario natural.
Durante 39 años plantaron más de 16.000 árboles y abrieron casi 5 kilómetros de senderos. Cuando René falleció en 2007, Grimshaw siguió adelante sin rendirse. Con el tiempo la naturaleza respondió; la isla llegó a albergar unas 2.000 especies de aves y más de 100 tortugas gigantes hasta convertirse en el hogar de dos tercios de la fauna de las Seychelles.
Años después un príncipe de Arabia Saudita le ofreció 50 millones de dólares por la isla pero él se negó. Su sueño no era hacerse rico sino que ese paraíso perteneciera a todos. Y lo consiguió; en 2008 Moyenne fue declarada parque nacional. Brendon murió allí en 2012, dejando un legado que demuestra que la determinación de una sola persona puede devolverle la vida a todo un ecosistema.