26/05/2025
🌟 Lo esencial es invisible a los ojos
A veces siento que mi vida ha sido como la del Principito: un viaje entre planetas, personas, preguntas, despedidas, silencios y descubrimientos. Desde pequeño supe que no era igual a los demás, y como el Principito, me costaba entender el mundo de los adultos: sus prisas, sus miedos, su forma de amar con condiciones.
He conocido muchos faroleros que encienden luces sin saber por qué, reyes que quieren mandar sin escuchar, y contadores que suman estrellas sin saber para qué sirven. Pero también he tenido la dicha de encontrar mi rosa: frágil, única, imperfecta… y valiosa. A veces esa rosa ha sido una persona, otras veces un lugar, un sueño o incluso una herida.
Como él, he aprendido que lo verdaderamente importante no se ve con los ojos, se siente con el corazón. Que para ver claro hay que mirar hacia adentro. Y que hay vínculos que transforman, aunque duelan. He caminado desiertos internos, pero también he encontrado pozos en medio de la nada que me han dado vida.
He aprendido a cuidar lo que amo, incluso cuando no lo entiendo del todo. A reconciliarme conmigo, a volver a creer, y a no perder al niño que fui… ese que aún mira el cielo buscando una estrella que le hable.
Hoy puedo decir que he vuelto a mi planeta con más amor propio, con menos miedo y con la certeza de que cada paso, por más difícil que haya sido, me ha traído hasta aquí: donde soy yo, sin máscaras, y donde mi luz brilla sin pedir permiso.
📝 Texto inspirado en de