09/02/2025
A lo largo de mi vida he incursionado en varias disciplinas, incluyendo las que no me corresponden por mi formación de Abogado, la cual nunca ejercí, luego como Licenciado en Turismo a la cual llevo mas de 20 años despeñándome tanto en Cuba y 7 años en el Ministerio de Turismo de Galápagos, Ecuador , y actualmente en en Europa en Cadenas Hoteleras Internacionales ,enfrentándome a otras culturas, a otros métodos de trabajo, a otras conductas. Ante esto siempre me apasionó el comportamiento de las personas en todos los sentidos. Vivir en un país tan multicultural me dejó muchas interrogantes. A pesar que hacia mucho trabajo de campo, las únicas herramientas de investigación de las que disponía eran la conversaciones con las personas y la observación, mi trabajo no me permitía mayor alcance. Ante esta situación eché mano a San Internet y descubrí a Richard Thaler, Jurgen Clarick, Ana Rosling, Guadalupe Nogué, Edgar Morin y otros importantes investigadores, no voy a describir quienes son, pero todos tienen un denominador común, estudian el comportamiento humano y abrazan diferentes corrientes ideológicas y en algunos casos tomo sus palabras. Basado en esto, me convencí que la evidencia a veces es dejada de lado a la hora de tomar decisiones o de formarnos una imagen del mundo. Por ejemplo, ya sabemos que el cambio climático es una realidad, pero hay quienes lo niegan. Esa fue mi primera decepción. Las evidencias son necesarias. Pero no suficientes. Con esto, se me abrió un nuevo camino. Pensé que el problema era la educación. Eso que pasa cuando aunque la información esté, se deja de lado y se jerarquizan las emociones o las creencias. Con esto, se abrió un nuevo camino. Será un problema de comunicación? Como la ciencia es una herramienta, la use para estudiar la posverdad. Empecé a conversar con personas que desconfían del cambio climático. Y encontrarme con personas educadas, científicos y periodistas para tratar de mejorar la comunicación sobre el tema. Y allí entendí que nunca había aprendido a conversar con los que piensan distinto. Por ejemplo. Como dialogamos? La evidencia no basta si hay un desacuerdo ideológico. Hay experimentos que muestran que cuando la gente conversa solamente con los que piensan igual, sus opiniones se vuelven más extremas, radicales y homogéneas. Pero para tener una democracia saludable. No necesitamos que los que piensan distinto logren conversaciones amplias, honestas y profundas. Esto no es lo que está pasando. Cada discusión parece una batalla entre el bien y el mal. Nuestras opiniones en vez de estar provisorias y servir de puentes para comunicarnos con otros, son inamovibles. Una franja que cavamos y que separa a los que están de nuestro lado de los otros. El diálogo desaparece, el acuerdo es imposible. Y el mundo se fragmenta en una combinación explosiva de agresión y desconfianza. ¿Y podemos hacer algo? No todas las opiniones nacen iguales. Algunas son débiles o temporarias, otras son intensas o duraderas. Y otras se vuelven parte de nuestra identidad. Cuando pasa eso, cualquier duda sobre lo que pensamos se vuelve una. ¿Quiénes somos? Y eso nos resulta insoportable. Esto es el tribalismo. Por eso a veces ni la evidencia ni la educación, son suficientes. El daño del tribalismo, no es solo que genera un clima de conflicto permanente, sino también que genera silencios. Algunos nos retiramos del debate, pero no porque no tengamos opiniones o no nos importe lo que pasa. No somos tibios por el clima de agresión, porque las cosas no avanzan, por miedo, por hartazgo. Por la penalización social del disenso. Por uno o varios de estos motivos abandonamos la conversación en silencio, es un silencio ruidoso y así la imposibilidad de dialogar hace que el número de voces disminuya. A veces hasta que queda una sola, se confunde silencio con asentimiento y se crea una ilusión de consenso. ¿Cómo se oye una sola opinión? Parece que hay una sola opinión. ¿Y entonces? No es solamente distinta, es disonante es ajena y debe ser eliminada. En general, la idea de censura con la de un poder que prohíbe desde arriba. Pero hay otra forma más sutil, la censura desde abajo. La que a través de herramientas de disciplinamiento social, como por ejemplo subiendo el tono de la pelea genera que nos retiremos, esto es una amenaza a la libre expresión. Y me hace pensar, que también es un problema para la democracia. Tanto en nuestro pequeño entorno como en una gran escala. Parecería entonces que hay solo dos opciones. Mostramos nuestras ideas despreciando a los que no piensan como nosotros. O nos cansamos y al hacer eso cedemos el control a los que deciden hablar. Pero esto es un falso dilema. Hay otra opción, pero necesitamos volverla evidente porque estaba oculta en este mar de tribalismo. Podemos tener posturas definidas, incluso muy intensas y subirnos a la dinámica del discurso intolerante. De las cosas que aprendí al hablar con las personas que dudan, para romper con el tribalismo, para buscar la mayor cantidad de voces, para salir de esta dinámica de amigos y enemigos. Propongo distinguir entre, qué creemos, y lo que creemos y como lo volvemos no tribal. Podemos plantear nuestras opiniones, sin que lo que pensamos se convierte en lo que somos. Reaparecen los matices y las conversaciones se vuelven posibles. Y, a partir de ahí se pueden construir consensos, que son producto de lograr acuerdos a partir de nuestras diferencias. Pero cuando hablo de estas ideas me suelen hacer algunas críticas. Por ejemplo, que parece que con tal de evitar los conflictos, planteo dejar que los consensos decanten donde sea. No. No es eso lo que quiero decir. Si no nos expresamos porque nos sentimos desalienados o expulsados, no estamos participando de la toma de decisiones. Pero todos vivimos con las consecuencias de esas decisiones. Entonces. Cómo no nos da todo lo mismo si necesitamos hablar? Pero si no queremos hablar en este clima hostil porque nos agota y vemos que no se va nada, tratemos de superar el modo tribal más allá de lo que pensemos.
Quizás tengamos mas afinidad con quienes piensan distinto, pero quieren conversar y con los que comparten con nosotros alguna opinión pero son intolerantes. También se que no hay mucho que podamos hacer a nivel individual para salir del modo tribal. Pero me parece que sí hay cosas para hacer bien concretas y nos encontramos con tres interesantes propuestas que podrían ayudar. Primero, buscar el pluralismo y promoverlo activamente. Así, el disenso se vuelve visible y esto es importante porque solo si incluimos el disenso podemos lograr un verdadero consenso, para que esto pueda pasar, necesitamos poder hablar sin sentir que se nos penaliza socialmente. Pero también hace falta la capacidad de escuchar voces que no nos gustan. El momento de defender la libertad de expresión es ahora. Cuidarla es más fácil que recuperarla. Aprender a conversar mejor a encontrar mejores maneras de estar en desacuerdo.
Conversar no es esperar nuestro turno para hablar tratando de imponer nuestras ideas por la fuerza o la insistencia, escuchar para entender al otro, sin escucha no hay conversación y es necesario separar las ideas de las personas. Bajo el tribalismo atacar una idea hace que la persona se sienta amenazada porque siente que se la maltrata. Pero con esa actitud. ¿Cómo vamos a lograr mejorar las ideas? Necesitamos discutirlas para que sobrevivan las mejores, las personas merecen respeto. Las ideas tienen que ganárselo.
Los humanos somos inventores. En algún punto, en algún lugar. Inventamos la idea de sentarnos junto al fuego a conversar. Las conversaciones y el fuego se parecen. Los dos están siempre entre dos peligros. El extinguirse o crecer de modo descontrolado. Aprendimos a usar el fuego, aprendimos a mantenerlo vivo para manejarlo y que no nos destruyan quizás, llegó la hora de aprender algo con las conversaciones.