26/07/2025
Cuando yo era niño las clases comenzaban el 15 de enero, descansabamos en Semana Santa y el año Escolar terminaba el 15 de octubre.
Había algo raro también, los maestros no se enfermaban no recuerdo que los maestros faltaran tantos días seguidos.
Si el maestro te regañaba, no te convenía decir nada en tu casa porque seguro te volvían a regañar y de paso un castigo.
Ni la lluvia impedía faltar a la escuela, porque era como tu segunda casa, daban ganas de ir. (Y regresar a casa empapado de agua de lluvia era un gran placer)
El maestro se le respetaba, era como si te regañaran tus propios padres.
Los recreos eran divertidos, nadie andaba pensando en hacer cosas indebidas.
Los maestros tomaban café en la cafetería y no nos cuidaban en el patio porque sabíamos qué podíamos hacer y qué no.
Era un honor llevar y traer los libros del profesor, buscar el mapamundi en la dirección, pedir yesos o tocar el timbre.
Cuando nos daban la carpeta de asistencia de maestros para llevarlo a los salones era un verdadero honor.
Si pedíamos permiso una vez para ir al baño teníamos que volver a la mayor rapidez posible.
Nos turnabamos para borrar el pizarrón y sacudir las almohadillas y también era un honor llegar temprano.
Que honor tan grande cuando estabas en formación en Izada de Bandera y que mencionaran tu nombre para salir al frente y que te colocaran la banderita.
Qué alegría enorme era contarle a Mamá "izamos bandera o cargamos la bandera"
Jugar con la pelota de letras, saltar lazo, jugar tenta, el electrizado, al escondite, al trompo, a los cincos, tomar distancia en la fila, el largo de nuestro brazo para ser exactos...
El reto más grande era ganarle el torneo interclases a los del grado más alto.
Los problemas se arreglaban a la salida.
Era un reto aprender sobre la historia de Guatemala y el mundo.