30/04/2025
Hoy les quiero hablar de Ismael, quien se cruzó en mi camino por coincidencia… o eso pensé al principio.
Lo conocí cuando aplicó para una vacante de asistente que publiqué hace unos meses. Aunque no quedó seleccionado por distintas razones, tiempo después me agregó a Facebook. Me buscaba para que lo orientara en temas de negocios; me dijo que era algo importante para él. Lo curioso es que durante los primeros seis meses no colaboramos… más bien debatimos (o peleamos, jaja). Chocábamos constantemente: nuestras ideas y visiones eran muy diferentes.
Pero la vida, con su misterioso algoritmo, se encargó de entrelazarnos de otra forma. Ismael terminó integrándose a la misma red de negocios de la que formo parte: BNI. A pesar de vivir en Irapuato, se traslada semanalmente a León para asistir a las reuniones, apostando por algo más grande. Desde entonces, cada vez que viene, le ofrezco mi hogar para que su rutina no sea tan pesada y tenga un espacio cómodo.
¿Y por qué comparto esto? Porque lo que inició como una diferencia de opiniones, terminó convirtiéndose en una coincidencia con propósito. Hoy compartimos más que espacios de networking: compartimos confianza, vulnerabilidad y visión. Aunque nuestros negocios son distintos, hay similitudes profundas que nos conectan.
Como alguien que ha tenido que demostrar su valor una y otra vez por su identidad y su origen, encuentra a personas que se quedan no por lo que haces, sino por quién eres, es invaluable y claramente Ismael es una de esas personas. No tiene un optimismo tóxico, tampoco es fatalista; escucha, aporta, y eso (en mi opinión) es entender lo que significa realmente “hacer equipo”.
Gracias, Ismael, por coincidir en este camino tan curioso que es la vida.