18/02/2026
Hoy fui por primera vez al carnaval de Kanasín.
Sí, el mismo municipio del que he hecho memes por las deplorables condiciones de sus calles y parques. Y no me retracto: eso sigue mal y seguirá mal mientras no se atienda como se debe. Pero hoy fui por invitación de mi familia.
Fuimos como lo hacen las familias yucatecas de antes: mis tías, primas, abuela, mamá, hermanas, sobrinos… ya sabes, una bandota. De esas donde la chichí es la matriarca y lo que ella dice es misa. Y uno va, porque más que una salida, es una tradición.
Y pasó algo que no esperaba.
Por momentos me sentí como en aquellos carnavales de antes, cuando íbamos a las 7 de la mañana a apartar gradas en Paseo de Montejo, mientras el resto de la familia llegaba con las tortas, las botanas, los refrescos, las chevas y el hielo. Recuerdo perfecto a mi abuela diciendo: “Vamos a pasear, no a gastar”. Esa frase se me quedó grabada para siempre.
Hoy sentí algo parecido. Esa convivencia sencilla, ese ambiente donde la fiesta era el pretexto para estar juntos. Me transporté a esos tiempos en los que el carnaval atravesaba media ciudad y era verdaderamente familiar, antes de convertirse en una cantina al aire libre.
Pero no puedo quedarme solo con la nostalgia,
porque mientras uno disfruta el momento, también piensa. Piensa en las calles llenas de baches. En los parques abandonados. En las necesidades reales del municipio. Y entonces duele ver el exorbitante gasto del erario público para traer artistas, cuando hay prioridades mucho más urgentes que atender.
Aun así, tengo que admitirlo: me gustó el carnaval de Kanasín. Me sorprendió. Me hizo recordar. Me hizo sentir niño otra vez por un momento.
Si hubiera mayor apoyo de empresas locales y nacionales, más carros alegóricos, más organización este quizas podría ser el mejor carnaval de Yucatán.
✍️ Yucaterko.