23/03/2026
EvDH:”Dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio.
Moisés, en la Ley, nos ordenó apedrear a esta clase de mujeres. Y tú, ¿qué dices?”.
Decían esto para ponerlo a prueba, a fin de poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, comenzó a escribir en el suelo con el dedo.
Como insistían, se enderezó y les dijo: “El que no tenga pecado, que arroje la primera piedra”.
En el Cielo nos darán el dato de ¿qué estaba Jesús escribiendo en el suelo justo en semejante momento?
El pasaje, aunque es muy claro, tiene mucha tela de donde cortar:
el trato a la mujer, que es traída como material defectuoso, y prácticamente la lanzan al suelo frente a Jesús, pues la habían “sorprendido” en adulterio (como si el varón implicado estuviera concentrado en otra cosa)
Todo es trampa, todo está maliciosamente planeado, pero aquí la maldad se t**a de frente con La Misericordia y se hace pedazos.
Jesús deja de escribir en el suelo (Algunos se atreven a pensar que Jesús estaba escribiendo en el suelo el nombre del Motel más famoso de la ciudad del que muchos de los presentes eran clientes V.I.P) y lanza su maravillosa frase sobre “tirar la primera piedra”.
Cuenta el pasaje que los primeros en hacerse para atrás y retirarse fueron lo más viejos (tendrían más historial)
Al final, queda ella a solas con Jesús, la hace descubrir que nadie la acusa, que incluso Él, que es el Único que podría hacerlo, no lo hace. Pero nos deja un consejo de Amor y de protección al decirle a ella: “no peques más”. No te acuso, pero el pecado (que tiene mil disfraces) tiene sus consecuencias. Ojo que no le especifica “no adulteres más”, le dice que no se rebaje más, que se descubra, que levante la cabeza y su dignidad. Que, si Dios no la acusa, nadie más tiene el derecho.
Pedimos al Espíritu Santo la valentía de la Misericordia, que busca liberar, más que condenar. Que si a alguien debemos dejar a los pies de Jesús, que seamos nosotros mismos, confiando en el poder sanador y liberador de Su Amor.