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Cuando pensamos en la Bauhaus, solemos recordar sus edificios, sus muebles o sus tipografías. Sin embargo, una de las en...
06/08/2026

Cuando pensamos en la Bauhaus, solemos recordar sus edificios, sus muebles o sus tipografías. Sin embargo, una de las enseñanzas más importantes de esta escuela tenía poco que ver con un estilo visual y mucho con una forma de entender el diseño.

Antes de crear una silla, una lámpara o una tetera, los estudiantes comenzaban por conocer los materiales.

En el curso preliminar de la Bauhaus, conocido como Vorkurs, experimentaban con papel, madera, metal, vidrio y textiles para descubrir sus propiedades. Los doblaban, cortaban, tensaban, ensamblaban y transformaban, no con el objetivo de fabricar un objeto terminado, sino de comprender cómo respondía cada material.

Cada material tenía algo que enseñar. En lugar de obligarlos a seguir una idea preconcebida, los estudiantes aprendían a observar sus posibilidades y a diseñar a partir de ellas.

Más de un siglo después, esa forma de pensar sigue siendo sorprendentemente vigente. Hoy, cuando hablamos de diseño sostenible, una de las preguntas más importantes vuelve a ser la misma: ¿conocemos realmente los materiales con los que diseñamos?

¿De dónde provienen? ¿Cómo envejecen? ¿Cuánto tiempo pueden durar? ¿Es posible repararlos o reutilizarlos? ¿Qué ocurre con ellos cuando termina su vida útil?

La Bauhaus no hablaba de sostenibilidad en el sentido actual. Pero su insistencia en comprender los materiales antes de diseñar sigue siendo una lección vigente para quienes buscan crear objetos más conscientes y duraderos.

*Foto: Estudiantes de la Bauhaus durante un ejercicio de experimentación con materiales, ca. 1927–1928. Fotografía atribuida a Edmund Collein. (Getty Research Institute)*

Pocas tipografías han tenido un impacto tan grande como Times New Roman.Durante décadas ha estado presente en periódicos...
29/07/2026

Pocas tipografías han tenido un impacto tan grande como Times New Roman.

Durante décadas ha estado presente en periódicos, libros, documentos y pantallas de todo el mundo. Lo que muchos desconocen es que nunca fue concebida para convertirse en un estándar, sino que nació como la solución a un problema muy específico.

A principios de la década de 1930, el periódico británico The Times buscaba una forma de aprovechar mejor el espacio de sus páginas sin comprometer la legibilidad. El tipógrafo Stanley Morison propuso diseñar una nueva fuente, mientras que el dibujante Victor Lardent fue el encargado de dibujar los caracteres originales. El resultado fue Times New Roman, una tipografía pensada para imprimir más texto en menos espacio, sin sacrificar la legibilidad.

Cada decisión de diseño respondía a una necesidad concreta. Sus letras son relativamente estrechas, lo que permite incluir más palabras por línea sin perder las proporciones y los contrastes que facilitan la lectura, incluso en las estrechas columnas de un periódico.

Décadas después, Microsoft la adoptó como la tipografía predeterminada de Word y, casi sin darnos cuenta, pasó de las rotativas a las computadoras, y de las salas de redacción a las escuelas, oficinas y hogares de millones de personas.

Con el tiempo, muchos comenzaron a verla como una fuente "común" o incluso "aburrida". Pero quizá esa percepción sea, en realidad, una prueba de su éxito. Cuando una tipografía deja de llamar la atención y simplemente cumple su función, es fácil olvidar que detrás de ella hubo un gran trabajo de diseño.

Solemos pensar que el diseño consiste en crear algo llamativo o completamente nuevo. Sin embargo, muchas veces consiste en resolver un problema con tanta eficacia que la solución termina pareciendo inevitable. Quizá por eso Times New Roman sigue siendo un clásico; nos recuerda que el mejor diseño no siempre es el que más destaca, sino el que resuelve un problema de forma tan eficaz que perdura durante generaciones.

Para Victor Papanek, el diseño no era una actividad exclusiva de quienes se dedican profesionalmente al diseño o a la cr...
12/07/2026

Para Victor Papanek, el diseño no era una actividad exclusiva de quienes se dedican profesionalmente al diseño o a la creación de objetos. Diseñar es una forma de relacionarnos con el mundo: organizar, resolver problemas, tomar decisiones y transformar nuestro entorno.

Como escribió en su libro "Diseño para el mundo real: Ecología humana y cambio social" (1971):

“Diseñar es escribir un poema épico, crear un mural, pintar una obra maestra, componer un concierto. Pero diseñar es también limpiar y organizar el cajón de un escritorio, sacar un diente impactado, hornear una manzana, elegir equipos para un partido de béisbol callejero y educar a un niño.”

Desde esta perspectiva, el diseño está presente tanto en los grandes actos creativos como en los pequeños gestos cotidianos.

La pregunta, entonces, se vuelve: ¿qué estamos diseñando con nuestras decisiones diarias?

Es curioso pensar que muchas personas probablemente nunca han usado un disquete. Sin embargo, casi todos reconocemos ese...
30/06/2026

Es curioso pensar que muchas personas probablemente nunca han usado un disquete. Sin embargo, casi todos reconocemos ese pequeño símbolo como la acción de "guardar".

Con el tiempo, el ícono dejó de representar un objeto físico y comenzó a representar una idea. Ya no pensamos en un medio de almacenamiento; pensamos en preservar nuestro trabajo.

Esto ocurre con muchos elementos del diseño. Cuando un símbolo funciona durante años, deja de depender de su origen y se convierte en parte de un lenguaje compartido. Lo mismo sucede con las carpetas, la papelera de reciclaje o la lupa para buscar: son metáforas que ayudaron a hacer más intuitivas las interfaces digitales y que, con el tiempo, adquirieron un significado propio.

Quizá ese sea uno de los mayores logros del diseño: crear símbolos que sobreviven a la tecnología que les dio origen. Su función ya no es representar fielmente un objeto, sino comunicar una acción de forma inmediata.

Aunque el disquete prácticamente haya desaparecido, su silueta sigue recordándonos una acción que realizamos todos los días. Y quizá por eso nunca ha sido necesario reemplazarlo; cuando un símbolo sigue siendo claro, familiar y fácil de reconocer, conservarlo también puede ser una buena decisión de diseño.

Mucho antes de la era de Internet, las bibliotecas ya resolvían problemas de navegación, arquitectura de la información ...
26/06/2026

Mucho antes de la era de Internet, las bibliotecas ya resolvían problemas de navegación, arquitectura de la información y experiencia de usuario. Cada estante, cada sistema de clasificación y cada catálogo contribuían a organizar el conocimiento para hacerlo accesible.

Quizá esa sea una de las lecciones más vigentes para el diseño digital.

Hoy tenemos la capacidad de publicar información como nunca antes, pero eso no siempre significa que sea más fácil encontrar lo que buscamos. Cuando una página está saturada de elementos, un menú ofrece demasiadas opciones o la información se dispersa entre demasiadas secciones, el problema deja de ser la falta de contenido y pasa a ser la dificultad para acceder a él.

Cuando la información es difícil de encontrar, las personas suelen realizar búsquedas adicionales, recorrer varias páginas, repetir tareas o recurrir a canales de soporte para resolver dudas que podrían haberse respondido desde el principio. Además de generar frustración, estas interacciones innecesarias también implican un mayor uso de recursos digitales.

En ese sentido, la sostenibilidad digital también puede entenderse como una forma de organización. Diseñar no consiste únicamente en añadir funciones o publicar más contenido; también consiste en crear estructuras claras, eliminar el ruido y facilitar que las personas encuentren lo que realmente necesitan.

Cuando hablamos de sostenibilidad digital, solemos pensar en servidores, centros de datos o consumo energético. Sin emba...
22/06/2026

Cuando hablamos de sostenibilidad digital, solemos pensar en servidores, centros de datos o consumo energético. Sin embargo, existe otro recurso limitado que rara vez aparece en estas conversaciones: nuestro tiempo.

Cada notificación que interrumpe sin aportar valor, cada formulario que solicita información innecesaria o cada interfaz que obliga a realizar más pasos de los necesarios representa una pequeña demanda sobre quienes la utilizan. Individualmente puede parecer insignificante, pero multiplicada por miles o millones de personas, esa carga se vuelve considerable.

Durante años, muchos productos digitales se diseñaron para captar más atención, generar más interacción y mantener a las personas conectadas durante más tiempo. Sin embargo, cada vez más diseñadores e investigadores cuestionan si esas métricas realmente reflejan una mejor experiencia.

Por eso la sostenibilidad digital puede entenderse también como una forma de respeto por la atención de quienes navegan una página, por el tiempo que los usuarios dedican a completar una tarea y por la energía mental que invierten al interactuar con un producto o servicio.

Diseñar de manera efectiva no siempre implica añadir nuevas funciones. A veces significa eliminar obstáculos, simplificar procesos y permitir que las personas logren lo que necesitan con menos esfuerzo.

Detrás de cada clic hay una persona. Y su tiempo también es un recurso valioso.

El diseño nunca es neutral, aunque a veces intentemos pensarlo así. En cada decisión—una tipografía, una interfaz, una i...
21/06/2026

El diseño nunca es neutral, aunque a veces intentemos pensarlo así. En cada decisión—una tipografía, una interfaz, una imagen—hay una manera de mirar el mundo.

Incluso cuando el diseño parece “invisible”, está proponiendo una idea de orden, de jerarquía, de atención. Quizá por eso diseñar también es una forma de responsabilidad, una manera de preguntarnos qué tipo de mundo estamos ayudando a construir, incluso en lo cotidiano.

Enzo Mari entendía el diseño como una construcción que siempre nace desde un contexto específico, donde cada objeto, cada sistema, cada decisión revela una postura sobre el mundo.

Cuando pensamos en diseño, solemos imaginar aplicaciones, muebles o identidades visuales. Pero algunos de los sistemas m...
17/06/2026

Cuando pensamos en diseño, solemos imaginar aplicaciones, muebles o identidades visuales. Pero algunos de los sistemas mejor diseñados han existido durante siglos.

Los tianguis forman parte de la vida cotidiana en México desde la época prehispánica. La palabra proviene del náhuatl tianquiztli, que significa mercado, y estos espacios ya eran fundamentales para el intercambio económico y social en ciudades como Tlatelolco.

Cronistas del siglo XVI describieron el mercado de Tlatelolco como un lugar capaz de reunir a decenas de miles de personas, con áreas organizadas por tipo de producto y normas claras para facilitar el comercio.

Más de quinientos años después, muchos tianguis siguen funcionando a partir de principios similares.

Aunque puedan parecer caóticos a primera vista, están llenos de decisiones de diseño. La distribución de los puestos, los recorridos habituales, la ubicación constante de ciertos vendedores, los letreros hechos a mano y los colores de las lonas ayudan a las personas a orientarse y encontrar lo que buscan.

Hoy hablamos de experiencia de usuario, orientación espacial o diseño centrado en las personas. Los tianguis ya resolvían muchos de estos desafíos mucho antes de que existieran esos términos.

Quizá el buen diseño consiste también en reconocer la inteligencia de los sistemas que las comunidades han perfeccionado durante generaciones.

Cada mensaje que enviamos o recibimos existe en varios lugares al mismo tiempo: permanece en nuestra bandeja de entrada,...
16/06/2026

Cada mensaje que enviamos o recibimos existe en varios lugares al mismo tiempo: permanece en nuestra bandeja de entrada, se sincroniza entre dispositivos y puede conservarse durante años en copias de seguridad automatizadas.

La mayoría de las plataformas de correo están diseñadas para no olvidar. Gracias a ello, podemos recuperar mensajes antiguos, acceder a nuestra información desde cualquier lugar y mantener un registro casi permanente de nuestra actividad digital.

Pero esa comodidad depende de una enorme infraestructura física que requiere recursos y energía para funcionar.

Los centros de datos que almacenan correos, fotos, documentos y archivos en la nube operan las 24 horas del día. Miles de servidores, sistemas de refrigeración y redes trabajan de forma constante para mantener nuestra información disponible en todo momento.

El desafío no es un correo personal sin abrir, sino la acumulación silenciosa de newsletters que ya no leemos, notificaciones automáticas, archivos duplicados y conversaciones que permanecen almacenadas indefinidamente.

Para quienes diseñamos productos, campañas y estrategias de comunicación, quizá el reto sea preguntarnos qué merece la atención de nuestras comunidades.

El marketing ético no consiste en generar menos contenido, sino en crear experiencias más relevantes y diseñar sistemas que prioricen la calidad sobre la cantidad.

Mucho antes de que existiera el término "diseño sostenible", William Morris ya se preguntaba qué tipo de objetos estábam...
14/06/2026

Mucho antes de que existiera el término "diseño sostenible", William Morris ya se preguntaba qué tipo de objetos estábamos creando y por qué.

A finales del siglo XIX, mientras la industrialización transformaba la producción a una velocidad sin precedentes, Morris observó con preocupación la creciente fabricación de bienes de baja calidad, diseñados para producirse rápidamente y consumirse sin demasiada reflexión.

Su crítica no estaba dirigida a la tecnología en sí, sino a una forma de producción que priorizaba la cantidad sobre la calidad, el beneficio económico sobre el bienestar de las personas y la durabilidad de los objetos.

Como diseñador, escritor y una de las figuras centrales del movimiento Arts and Crafts, Morris creía que existía una relación profunda entre la manera en que producimos las cosas y la manera en que vivimos. Defendía la idea de que los objetos cotidianos debían ser útiles, bellos y estar hechos con cuidado, mientras que el trabajo creativo debía ofrecer dignidad, satisfacción y un sentido de propósito.

Para él, la calidad de los objetos no podía separarse de la experiencia de quienes los creaban.

Más de un siglo después, muchas de las preguntas que planteó siguen acompañando las discusiones sobre sostenibilidad.

🍃 ¿Qué objetos merecen ser producidos?
🍃 ¿Cuánto tiempo deberían durar?
🍃 ¿Qué responsabilidades tienen quienes los diseñan?

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