06/06/2017
Los productos se hacen en las fábricas y las marcas en la mente del consumidor. ¿Dónde habré leído esto?
Ciertamente en los últimos años el tema de branding ha tomado una relevancia mucho mayor en el mercado Mexicano. Las empresas se han dado cuenta que hoy es necesario crear experiencias y conexiones con su audiencia, que deben dotar de atributos tangibles y emocionales a sus productos y un etcétera un tanto largo. Sin embargo, ¿hasta dónde son los límites de la marca para llegar a su mercado sin desear manipular sus emociones para sentir algo sin necesariamente recibir un satisfactor que iguale esa emoción?
La marca es una promesa que le hacemos a nuestro cliente, y esa promesa se cumple en cada punto de contacto. Muchas personas creen que la mercadotecnia (ayudada en buena medida por la disciplina del Branding) genera necesidades en la gente. Yo soy partícipe de que no las genera, las descubre y las alimenta para generar demanda por un satisfactor. Nadie compra lo que no conoce. Y si yo descubro que hay un mercado para mi idea, mi trabajo es usar las herramientas a mi disposición para generar mensajes que le recuerden al consumidor que aquí estoy. Esta promesa se cumple cuando el consumidor me compra y recibe lo que cree que debe recibir (cuando se puede hasta un poco más), entonces mi marca toma relevancia en su mente, porque lo que dije es cierto. Entonces, cuándo es rebasar ese límite? Cuando somos percibidos como una caricatura de nosotros mismos (Axe), cuando no somos congruentes con nuestro mensaje (Dove), cuando evidentemente no somos lo que decimos (Soriana), cuando prometemos más de lo que cumplimos (VolksWagen), y cuando simplemente no nos interesa ser congruentes (Volaris). La labor de las marcas no es convencerte de que compres un producto mediocre que te fue ofrecido como Premium. No, la labor es hacerte consciente de que existe una alternativa justo para ti. Sin exagerar, sin mentir, sin decirte que nadie más lo hace. Pero que lo que hace la marca, una sola particularidad la hacen única y especial para ti. Eso es el poder de conectar con tus necesidades no percibidas a nivel consciente.
Por eso compramos aquello que nos potencializa y nos hace sentir bien con nosotros mismos. Sea esto leche, tenis, carros, lo que sea, decidimos con las emociones aunque pensemos con el raciocinio.