16/09/2026
Hay miradas que no se borran jamás, miradas que traspasan el alma y detienen el tiempo. Dos veces nos encontramos frente a ti, frente a tu rostro sagrado, y en ese silencio compartido sentimos que el cielo se abría solo para sanarnos. La primera vez nos acogiste en medio de las dudas, recordándonos que jamás caminamos en soledad. La segunda vez nos diste la fuerza que no sabíamos que teníamos, renovando la fe cuando el alma flaqueaba. Hoy entendemos que nada fue casualidad, que cada encuentro cara a cara fue un abrazo de amor puro, una promesa eterna de que bajo tu manto divino siempre estaremos a salvo. Gracias, Virgen Asunta, por mirar a nuestros corazones y quedarte en ellos para siempre.