28/12/2024
La pandemia del año 2020 trajo un aumento sustancial en la demanda de servicios de salud privados. Muchos servicios como el de laboratorio clínico, farmacia o de imágenes, solo por citar algunos ejemplos, llegaron a colapsar. Conforme se fueron levantando las restricciones, la consulta médica también empezó a repuntar. Si bien muchos médicos mantuvieron su atención en los momentos más críticos de la pandemia, otros decidieron esperar. Fue así que ante tal demanda comenzaron a multiplicarse diversos locales de atención esperando gran número de atenciones en las nuevas olas de COVID-19.
Han pasado más de cuatro años de tal evento y el panorama es distinto en nuestro país. Una economía golpeada en muchos sectores de la población se suma a la sobreoferta de servicios, disputando el mismo territorio geográfico. Esto ha generado una baja en el precio de los servicios, la búsqueda de la mejor relación costo-beneficio por parte del cliente y una demanda forzada únicamente por un estado de salud deteriorado o sin solución aparente. La consulta médica privada breve, a precio menor por parte de diversos centros, está provocando que otros caigan en el mismo círculo vicioso, bajando la calidad de sus servicios para poder competir. El peligro que no se detecta es la pérdida de fidelidad de los pacientes a largo plazo, por error en los diagnósticos, exámenes complementarios de baja calidad y gastos inútiles en los tratamientos indicados.
Ante esta situación urge un examen minucioso en todos las áreas involucradas en la atención de centros médicos, consultorios o afines, pasando desde lo administrativo hasta el diseño de la consulta ofrecida. Hoy en día se busca una respuesta rápida invirtiendo en redes sociales sin estar preparados para ofrecer lo que mejor se sabe hacer. Se debe recordar que una red debe ser usada para demostrar primero las capacidades del equipo antes que lanzar una oferta sin sentido.