02/04/2026
A veces ELEGIR da un poquito de miedo porque, en el fondo, elegir siempre significa soltar algo.
Últimamente hablo con muchos colegas que se sienten estancados. Quieren esa libertad de la que todos hablan, pero les asusta muchísimo soltar la seguridad de lo que ya conocen (aunque eso que conocen ya no les haga felices).
Quieren llegar a más personas, pero les frena el miedo a mostrarse o a perder el control de su agenda. Y la verdad, la que yo aprendí a base de tropezar, es que no decidir también es una decisión. Y suele ser la más cara.
Si eliges hacer el camino sola, buscando retazos de información gratuita por ahí, el precio que pagas es tu tiempo. Ese tiempo que podrías pasar con tu familia o descansando, lo inviertes en una curva de aprendizaje llena de frustraciones y ensayos que no siempre salen bien.
En cambio, si eliges invertir en que alguien te acompañe y te acorte el camino, aunque no lo creas, el precio es mucho más económico.
Yo también estuve en esa encrucijada. Hasta que me decidí a aposta por mi y por mi negocio, decidí invertir en formaciones que me ayudaran a hacer mejor lo que amaba e invertí en mentoras que me acortaron el camino.
Y hoy te digo con la mano en el corazón: el dinero va y viene, se recupera. Pero tus años, tu energía y las ganas de cumplir tu propósito... eso no vuelve.
Te invito a que te preguntes: ¿El precio que estás pagando hoy por quedarte donde estás, te acerca a la profesional que sueñas ser mañana?
Me encantaría leerte en comentarios, de verdad. ¿Sientes que estás pagando un precio demasiado alto por no decidirte?