EPC Espacio Psicoanálisis Contemporáneo

EPC Espacio Psicoanálisis Contemporáneo Espacio Psicoanálisis Contemporáneo es un colectivo de lectura, escritura e investigación sobre l Por lo tanto el
espacio psicoanalítico es un espacio social.

La construcción de un espacio es una tarea colectiva en la que venimos trabajando sin
pretenderlo. No se trata de fundar una nueva institución, sino de reconocer los lazos en los que
hemos ido sembrando y recogiendo los frutos de nuestro trabajo. Esos lazos son la atmósfera en la
que respiran las almas de las diversas prácticas que nos entrecruzan en el espacio social. Porque
en primer lugar, tamb

ién reconocemos que el psicoanálisis es una práctica social. Declaramos por eso mismo que no estamos fundando nada, sino reconociendo y formalizando ese
reconocimiento en la nominación de este espacio como psicoanalítico y contemporáneo, porque
las condiciones de la producción de subjetividad de la época nos condiciona en la construcción de
ese espacio en el que hemos venido produciendo. Reconocemos entonces que en el psicoanálisis
hay un diálogo necesario con la época, porque nos obliga, esta nuestra práctica, a desentrañar,
pensar, reflexionar cuáles son las maneras en que se actualizan esas prácticas como algo vivo,
palpitante, transformador. Nuestra materia es la vida. Hablamos y nos dirigimos a hablar de la
vida. Eso es lo que también hace un psicoanalista. Soporta la muerte para dirigirse a la vida, a la
vida del individuo en sociedad. No hay razón para pensar un individuo si no es reconociendo las
condiciones de su existencia en cada época. Tampoco estamos fundando una institución para proponernos arriar adeptos, sino más bien aunar
los espacios en los que, como ciudadanos, ya venimos pensando la vida. No es un espacio que
solamente habiten los psicoanalistas. Nos despojamos así de toda pretensión tecnicista, o de la
construcción de un cubículo de “especialistas”. Nos interesa la producción reflexiva que el
psicoanálisis pueda aprovechar para hacer “progresar” su discurso en los términos en los que este
progreso puede ser planteado en psicoanálisis, es decir, el progreso y la actualización de una
práctica que debe mantenerse “viva” para dirigirse a la “vida” y a la conciencia de vivir que es la
propiedad de los individuos conscientes. La colectividad protege y crea las condiciones para
proteger entre todos esa conciencia de vivir de los individuos. A esto le podemos llamar
“Ciudadanos del psicoanálisis”, todos aquellos analistas y no analistas que, interesados en el
psicoanálisis desde el punto de vista teórico y práctico (analizantes o psicoanalizantes) intervienen
desde ya en ese progreso. Solo falta reconocerlos y por obra de ese reconocimiento compartir el
espacio de hecho. La “institución-espacio” tiene una formalidad legal, pero en realidad se reduce a una casilla de
correo, electrónico o no, en donde se depositan y comparten las producciones de ese intercambio
que se da en el espacio y en la atmósfera común. La producción de libros, de conferencias, de
ideas, de charlas, de conversaciones, de cualquier tipo de intercambio que surja de esa necesidad
de expresar y testimoniar la experiencia fundamental de haber adquirido una conciencia, aliviando
el malestar y trabajando sobre la raíz del malestar en la cultura – como lo nombró Freud – para
despejar las soluciones en cada quien. Soluciones para el deseo. Los ciudadanos serán nombrados “ciudhaddadnos”, en un guiño-homenaje a la obra de Gerard
Haddad, en la que se deja en claro, por su propia obra más que por alguna de sus
conceptualizaciones en especial, que de lo que se trata en psicoanálisis, como en cualquier otra
práctica, es de no temer, no retroceder, ser capaz de tomar la posta de su deseo y llevarla
adelante en una dialéctica irreprimible que conduce a la producción de una solución particular,
expresada en el testimonio de análisis llamada por Lacan “pase”, un dispositivo todavía en debate,
en discusión. Nosotros nos hemos dado cuenta de que el Pase es un testimonio del que, en primer
lugar, hay que darse cuenta que se lo está dando. Solo hay que formalizarlo en un cuando, un
dónde y un porqué. No se trata de hacer la historia de un análisis, sino de construir una historia
de la producción de conciencia, que aquí entendemos de manera freudiana: entendemos que por
conciencia Freud puntualizó, en su raíz, y más allá de cualquier lectura técnica, una “conciencia de
vida”, lo cual implica un enfrentamiento con la muerte. Esto es un análisis: el enfrentamiento con
la finitud y, en esa raíz, la creación de las condiciones de una vida “vivible”, o sea, existir. La vida, así, es también una producción estética singular, articulada al deseo, al goce y al amor. Es
una “pintura” dinámica que va cambiando el paisaje pero que cuando instala un marco, ya no se
pierde más. Y también es la voz creadora del espacio, la profundidad, el más allá del espejo, la
materia oscura de la existencia, el tiempo. En el anudamiento entre lo visto y lo oído, la voz y la
mirada, los objetos parciales en los que se recorre un cuerpo vivo, existente en la existencia, que
no es lo “puro vivo”, sino en dialéctica con el no-ser. La cuestión estética es fundamental para no
confundirla con ningún canon, para desarraigarnos de una idea de lo bello como obstáculo, como
un bien que tapona el deseo, lo inhibe. Lo estético lo visualizamos en relación al poema, a ese
borde ente palabra y escritura en el que se produce una chance, una posibilidad: lo inmortal, lo
que no muere. Si el destino del individuo está “escrito” en la muerte, un sentido real para la
existencia de cada quien tendrá que ver con la inmortalidad que logre marcar, la transmisión, la
huella de un vivir. Del mismo modo en que el arte nació dejando huella del paso de los hombres
por el mundo, del mismo modo la existencia individual deja su huella, y a esa huella le llamamos
“huella estética”, son nuestras pinturas en las cuevas de Altamira. Por otro lado, ubicamos cuestiones materiales bien concretas: las condiciones de producción de la
subjetividad y su achatamiento en el plano bidimensional de los programas de producción de la
renta. El sujeto contemporáneo se efectúa cada vez menos y queda aplastado en los programas de
rentabilidad que hoy están determinados de forma fundamental por la especulación financiera. Los llamados “ataques de pánico” se producen en esa alienación y son un límite de reaparición del
cuerpo, borrado e inexistente en sus dimensiones múltiples y en el relieve en el que respira. Es
achatado una y otra vez en el plano de los directorios corporativos, en las contabilidades, en los
diseños publicitarios o en las oficinas de desarrollo de recursos humanos. Esa bidimensionalidad
niega al cuerpo que Freud se encargó de escuchar, dándole nuevamente relieve en la invención
del concepto de pulsión. Los cuatro elementos de la pulsión dan cuenta de las cuatro dimensiones
en los que ese concepto hace su lengua de expresión. El cuerpo se recorre a sí mismo en cuatro
dimensiones, y se “aplasta” en dos, según el capitalismo contemporáneo. Esa es su alienación, en
los términos de la acumulación de capital, y de garantizar las tasas de rentabilidad de las
corporaciones mundiales. La vida humana, en esas condiciones, es objeto de desprecio, y
adquiere, ese desprecio, distintas formas, más o menos sutiles, o directamente manifiestas. A eso
denominamos el poder concentracionario que, cuando estalla, desata la angustia, que no procura
ninguna solución, sino la búsqueda desesperada de regreso al “redil” del poder concentrador,
haciéndose objeto, el individuo, de la “utilidad” tranquilizadora. El estallido produce un
vaciamiento que, si es controlado y no daña, luego permite reiniciar el proceso de “llenado” para
finalmente recomenzar la alienación. Los individuos se “desesperan” por reincorporarse a ese
circuito sin darse cuenta que es de ese modo en que se inmolan en una suerte de “fanatismo”
velado, de fundamentalismo capitalista, que los convierte en fusibles posmodernos. Freud descubre la corporeidad enterrada, arqueologizada en los diseños de la rentabilidad
capitalista. Recupera el discurso de un amor Real, que es el amor de transferencia, y recupera para
el individuo la potencia de la finitud, lo cual lo enfrenta con aquello que más teme: la vida en serio,
la conciencia de vivir, el “hacer consciente lo inconsciente”, es decir, las huellas de una infancia
indestructible que “sobrevive” en las voces y en los visto plasmado en la carne, en la corporeidad
pulsional. La infancia es el poema del hombre, un poema que hay que volver a recitar, y ese es el
entretejido de un psicoanálisis. El analista es quien está capacitado para “leer” el poema de la
infancia del sujeto que se escribe en cada ocasión de manera distinta. Solo basta leer para que se
relance lo humano y se desacople de la bidimensionalidad pura de los programas de diseño
corporativo. El fundamento freudiano es que inicia el proceso por el que se descubre el verdadero
idioma de la existencia humana. Esa lengua no se despliega en los planos, sino en los cuerpos, y en
el recorrido de sus torsiones, transformaciones, giros, reposicionamientos, cortes y montajes. La
lengua actúa en la carne dándole espacialidad-temporal, y en esas cuatro dimensiones se proyecta
las formas en que Lacan va formalizando los descubrimientos Freudianos, sus intuiciones potentes,
sus anticipaciones científicas. Una lengua de lo humano. Lacan, para entender esa lengua y para
hacer legible el modo en que funciona utiliza la topología. La topología es el lenguaje del poema y
el lenguaje de los cuerpos. El analista habla y entiende en esa lengua. El analista “descubre” que esa alienación no se hace separación, en la lógica del estallido
capitalista deshumanizante. Esa alienación se hace estallido catastrófico, luego de una
acumulación portentosa. La salida es el estallido. Y el pánico. Es la lógica mediática llevada al
paroxismo.

Lo digo en mi español rioplatense Un joven murió, un hombre ha mu**to en la basura, un ser humano ha mu**to dentro de un...
26/01/2026

Lo digo en mi español rioplatense

Un joven murió, un hombre ha mu**to en la basura, un ser humano ha mu**to dentro de un container de la Ciudad de Buenos Aires, un cartonero, errático, queriendo atesorar unas chapas con las que se corta mortalmente y muere dentro del contenedor. Un humano muere en la Ciudad de Buenos Aires, en la calle, en la basura, se desangra lentamente. A la par, más de 12.000 personas, sólo en CABA, viven en situación de calle y extrema precariedad. La calle se ha vuelto el último escalón antes del abismo de los basurales. No muy lejos, en el conurbano, muchos otros viven también en la basura, alrededor de la basura, el cinturón ecológico que porta un nombre bonito, pero no descansa en su factoría de desechos. Una vez más los desplazados del mundo ocupan las páginas invisibles del libro que nadie escribirá, el libro de la mala memoria. En 2025, los mil millonarios de este universo que conocemos como mundo o globo terráqueo, o mundo contemporáneo, han triplicado sus ganancias a favor del desamparo creciente, progresivo, incesante de las mayorías, las mayorías de humanidades desplazadas y desterradas, exilio sobre exilio, sin lugar donde vivir y respirar.
La realidad de las minorías desafortunadas, perseguidas, eyectadas y segregadas es una verdad cierta, pero es también una entelequia que solo tranquiliza ciertas ideas progresistas. La experiencia supone que la expresión minoría y mayoría son parciales, inevitablemente parciales en sí mismas. La persecución a los judíos en los campos de Auschwitz no puede situarse en el plano de las minorías étnicas, religiosas o culturales. La persecución a los latinos en Estados Unidos tampoco. La migración masiva de los africanos hacia Sudamérica y hacia Europa no podemos situarlas en el plano de las minorías étnicas y geopolíticas, no son fenómenos de minorías, son fenómenos en masa, brutales fenómenos masivos. Otro tanto pasa con las segregaciones territoriales, políticas y militares en la Franja de Gaza. De tal manera que la palabra minoría bien podría reconsiderarse en relación no solo a su parcialidad, ya que son las minorías milmillonarias las que tienen acceso a las grandes mayorías económicas, sino un auténtico tropiezo en la elaboración conceptual.
Una vez más, es la demasía y la escasez lo que estamos discutiendo. ¿Cuán escasos están los grandes sectores de la humanidad respecto del acceso a los beneficios de la plusvalía y a la equidad de las leyes, que la historia ha demostrado que no han sido universales, ni para las mayorías? Las mayorías están segregadas. Una vez más, es la demasía de sectores hiper concentrados, verdaderas minorías privilegiadas, las que dirimen los destinos globales, para proponerles, como única voluntad de vida, la escasez estructural a los otros. La escasez, tarde o temprano, no es una herramienta de transformación, sino una auténtica profanación de los derechos de la humanidad y de las posibilidades de desarrollar una vida posible. No nos dejemos mancomunar bajo el pretexto de la única pertenencia a las minorías.
Allí donde la escasez se vuelve auténtica miseria. Condiciones miserables y estructurales de vida desplazada, mayorías invisibilizadas. Cuando hablamos de colectivos culturales, étnicos, religiosos, de las diversidades sexuales, indudablemente es porque mantenemos la ilusión de que estos movimientos transversales, dialogando entre sí, se transforman en una mayoría, en una multitud que se convoca, en la plaza, por ejemplo, o genera consensos sociales, políticos y legislativos.
Por el contrario, ¿con quién nos identificamos cuando nos reconocemos como pertenecientes a una minoría?
La nueva revolución capitalista, a partir de la Tecnocracia de Silicon Valley, ha marcado un hito desde la postpandemia. 2025 ha cambiado pronto con la consolidación de la inteligencia artificial y sus aplicaciones. Por lejos que parezca, el desarrollo de la IA, hasta aquí, trajo más pobreza para el mundo. Curiosa síntesis de la mala memoria, la memoria que entregamos no ya solamente a los fascismos o a las derechas globales, sino a un Otro silente y gozador porque habla por nosotros, Sucede en la cotidianidad, mientras lees estas líneas, sucede con el buscador en tu portal de elección.
Tendremos que volver los humanos, sin dejarnos intimidar por el avance tecnológico y a sabiendas de su utilización, de su valor de uso y su valor de cambio, aunque también enajenan las prácticas ancestrales donde la palabra y el cuerpo aún conservan su valor. Motus est vita, el movimiento es vida. Como en la Biblioteca de Alejandría mitológica. Un tanto se dedica allí -hablemos en presente- a la filosofía, a la transmisión y a la palabra dicha, y otro tanto se dedica a poner el cuerpo en acción, en reconocer las propiedades apolíneas y dionisíacas que posee la humanidad con un cuerpo.
¿Cuál es el límite a la muerte de un humano en el anonimato, invisibilizado en ese anonimato, enrollado en un contenedor de la basura? Vimos también durante 2025 los genocidios globales, los nuevos desaparecidos, los sin tierra, los sin tierra prometida, los africanos, los gazatíes, los latinos en Estados Unidos, los arrojados del mapa en cada uno de los epicentros de combustión urbana. Los desechos humanos que finalmente salen a la luz y pueden ser aún corroborados como tales. Como sigue ocurriendo en Auschwitz, en Hiroshima. Frente al horror la poesía. Beckett diría, lo peor hasta que nos haga reír. Pienso también en Marguerite Duras y su Hiroshima mon amor, guion literario de la maravillosa película que dirigió Resnais. Ante el horror y el holocausto, la poesía, el deseo vital, el amor infranqueable, aunque lleve al desencuentro. Tener una pertenencia y un nombre propio, un lugar de referencia. Ellos son Nevers y Hiroshima, dos amantes, dos ciudades. Dos destellos en el tiempo contemporáneo. Quisiera decir, en mi español rioplatense que aquí me nombro. Porque aquí parieron mis huesos. Hiroshima y Nevers, Nevers y Hiroshima, ella y él, él y ella, ellos, nosotros.
Cristian Rodríguez

Sueños misóginosEstoy leyendo 1984 de George Orwell cuando descubro que en realidad es la lectura del diario digital del...
04/01/2026

Sueños misóginos

Estoy leyendo 1984 de George Orwell cuando descubro que en realidad es la lectura del diario digital del día de la fecha. Finalmente vivimos en un rulo espacio-temporal, en un totalitarismo imperial cada vez más perfeccionado. La profanación de Estados Unidos en Venezuela, como antes ya lo hizo en Medio Oriente en el pasado reciente, pretende transformar en epopeya lo que es un simple acto de invasión y secuestro de un presidente en ejercicio de sus funciones. Más allá de las diferencias y críticas que podamos hacer al régimen de Maduro, rompe con todo principio de la autodeterminación de los pueblos y soberanía de los países dispuesto por las Naciones Unidas. Una intervención militar unilateral, acusando de manera delirante al gobierno de Maduro de narcoterrorista, para obtener así los beneficios secundarios del dominio territorial y los recursos naturales de la región, que no son sólo Venezuela sino la América toda. Como nunca, la expresión “América para los americanos” supone que esta vez los estadounidenses quieren, una vez más, hacerse la América. Siempre se ha dicho que éramos el patio trasero de los EEUU, y cuando el imperio lo dispone, hace uso del huerto más o menos descuidado que existe por estas tierras, en la visión palurda y etnocéntrica que el estadounidense medio tiene de Latinoamérica. Latinoamérica es algo así como un baldío donde no existen países sino retraso madurativo e intelectual, y donde las capitales de los diferentes países, desconocidas por ellos, se van amontonando en un nombre único donde Río de Janeiro es la capital de Argentina.
¿Cuáles son los mecanismos en juego? Diversos, por cierto. Por una parte, la renegación de toda diferencia, que supone aquello que el psicoanálisis mostrara en relación con el principio de la primacía universal del falo. No hay dudas que la política imperial de Trump es falocéntrica. Se corresponde perfectamente con esa misoginia estructural en la cual las mujeres son solamente conejitas de Pl***oy. Por extensión, la primacía universal del falo supone la negación de cualquier diferencia, aquella por la cual el uno del falo del padre primordial de la horda primitiva propuesta por Freud, doblega absolutamente los circuitos sociales hasta transformarlos en una red de sometimiento, de alineación, alienación y verticalidad. Esa es la razón por la cual el propio Freud en Tótem y Tabú plantea que no hay salida posible para esa estructura que no sea la del parricidio. No estamos proponiendo aquí, a costa de ser secuestrados por los servicios secretos de los Estados Unidos, el parricidio del falocentrista presidente de los Estados Unidos, sino que es una dinámica social que no hace lazo social y por otra parte está destinada a su fracaso. Lo interesante es hasta qué punto no sólo la fascinación de nuestro presidente, sino la de un conglomerado bastante extendido de las sociedades colonizadas culturalmente -y no sólo territorialmente- y del propio estadounidense medio, ve con beneplácito la permanencia de una lógica social que en realidad niega el lazo social. Por otra parte, aunque parezca un hecho correlativo, secundario, menor, como vemos, esa misma dinámica la utiliza el propio Trump, puertas adentro de la Casa Blanca, disponiendo la demolición del ala este, que era una gema histórica y estaba considerada el corazón de la Casa Blanca. Si el ala oeste es la mente, como se ha escuchado decir por allí, y era la que estaba destinada de un modo indefectiblemente herero sexista, a la masculinidad, la mente queda del lado de la masculinidad y el corazón de la feminidad. De todos modos, en la historia reciente de los Estados Unidos, el ala este quedó ligada a las políticas donde las esposas de los presidentes, Eleonora Roosevelt o Jackie Kennedy por ejemplo, tuvieron cierta relevancia y visibilidad en el quehacer social, político, humanitario de la política exterior de los Estados Unidos, como correlato secundario sin dudas, sintomático sin dudas, pero también original respecto de cierta reubicación del lugar de las mujeres en la estructura de una cultura, ofreciéndoles en esta realización sintomática, el comienzo de una inscripción. Como vemos, otro de los elementos ineludibles, aunque no excluyentes de la cultura estadounidense -y por casa cómo andamos-, es la misoginia.
Pensar que la misoginia se restringe exclusivamente al maltrato hacia las mujeres, hacia su objetivación y cosificación, hacia su sometimiento y denigración, es reducir demasiado la cuestión. En este caso la misoginia se extiende hacia las políticas a futuro que intenten marcar alguna diferencia, cualquiera sea. En el principio falocéntrico, no existen las diferencias sexuales anatómicas, ni de las otras, salvo para quien se pone el sombrero del gran falo, porque el falo es simplemente una herramienta simbólica de ejercicio de poder. Y abre el juego a otro descubrimiento que proviene de las etapas de desarrollo infantil, otro principio de funcionamiento psíquico que es el del reconocimiento, a partir de esa diferencia, de lo que está animado e inanimado, de aquello que tiene vida o que carece de vida, lo que está vivo o está mu**to. Como vemos, la misoginia, en una posible extensión, lleva en sí una marca etiológica, este otro punto problemático que es el de considerar al otro como alguien que no está animado. no tiene vida propia, no tiene vida. Es el debate histórico del iluminismo, si los pueblos originarios, los negros o los asiáticos formaban parte de lo humano o no, si eran o no humanos, animados o inanimados de lo humano. Esto ha sido retomado de una manera burda, en el punto en el cual el trato de los Estados Unidos hacia los latinos es aquel que se les da a aquellos que no tienen entidad humana. Las persecuciones que está realizando el ICE, -servicio de control de inmigrantes y aduanas en los Estados Unidos -U.S. Immigration and Customs Enforcement-, deportando inmigrantes, persiguiendo y aterrorizando poblaciones latinas en el territorio, echándolos, arrojándolos a las cárceles privadas -no solo la Cárcel de los Caimanes- es una nueva caza de brujas, una variante de la doctrina Monroe. Afuera y adentro empiezan a perder su sentido, el juego de la alternancia se aplasta y torsiona como papel glaseado. Recrudece en un principio, en el cual, para poder existir, la inmensa mayoría de la población mundial debe ser reducida a la condición de no humana, excremento o lágrima de zurdo.
Cristian Rodríguez

La placentaEn esta casa de alquiler, al borde del mar placentario, los últimos días del pasaje de año, con sus fantasías...
28/12/2025

La placenta

En esta casa de alquiler, al borde del mar placentario, los últimos días del pasaje de año, con sus fantasías de fin de mundo, antes que la rueda vuelva a acometer como las mareas, un cartel de madera colgado en la pared, perfilada y paupérrima, comprado para la ocasión de las casas sin estilo propio, que para empeorar las cosas dice family, is where love never ends. Familia, donde el amor nunca termina. Curioso que en nuestra lengua suena allí como un fallido. End, ends, fin, fines, finales, no son lo mismo. Me hace recordar aquella vasija que servía para verter vino en la casa de Gustavo, atesorada por su padre como objeto decorativo, que decía bebe, que la vida es breves ¿Habrá sido también, ese, un cierto fallido, o simplemente un deseo deliberado? Breves momentos, breves de pretendida, inalterada agonía, o simplemente un permanecer en la vida, durar, competencia infinita. Parece haber sido un año en el que, refrendado el rumbo del gobierno en las elecciones de medio término, se hubiera escrito esa s diminuta, perpleja y tal vez lapidaria, en el alma fallida de muchos conciudadanos. Mas espero que no sea definitiva respecto de esos breves, ends, finales.
Lo que no va quedando es familia. ¿En qué punto se estará desmoronando? Y no solo en las reuniones de fin de año, en las que la mesa familiar se desintegra una y otra vez por las cuestiones vitales y por las políticas, que no son sólo las prohibitivas ni las menores ni las infectas ni las censurables, sino las estructurales, diferentes éticas de vida Recuerdo los días gloriosos, cercanos, apretados de anuncios, acciones y consensos comunes en el país, días de algarabía, parecía que la familia país iba a torsionar sus contradicciones hasta hacerlas soportables, quizás hasta pudiéramos sentarnos a la misma mesa. Pero eso ya pasó, fue hasta hace diez años. Los días del gobierno de la recuperación de soberanía, vías aéreas de bandera, salud pública, calidad educativa pública. Universidades abriéndose de manera federal como botones hermosos y sensuales en el mapa de la territorialidad del país. O las leyes de la diversidad de género y las de las igualdades de oportunidades. Parecían darnos un original aliento hermafrodita. Y no sólo el heterosexismo patriarcal agobiante al que nos han tenido bien acostumbrados en el siglo veinte y en la historia de occidente. Ahora, quien condujera esa etapa del país se recupera trabajosamente de una convalecencia quirúrgica. ¿Qué más parece? Una implosión de aquello que le han hecho purgar hacia adentro, entre el olvido y la cárcel. El cuerpo tiene sus límites y su lenguaje. Una vez más, me aparece la imagen del yo acuso de Émile Zola, y sus voces entrelazadas contra las diatribas reaccionarias, militarizadas, antisemitas, supremacistas, en este caso, segregativas, erógenas de anti peronismo, que señalan como traidores a los que algo han hecho por el país.
Tengo un recuerdo de los tres años, también alrededor del verano y el mar. Todavía quedaban baldíos en Mar del Plata. Fuimos con mi padre y su madre, mi abuela paterna, con Aurora, a buscar caracoles. Era la primera vez que escuchaba la palabra chupín de caracoles, caracoles en su salsa, caracoles y la salsa. Tuve la desventura de meter mi zapato ortopédico azorado hasta la médula en un hormiguero, en aquel día que, por no ser de playa, era de lluvia y tierra farragosa y húmeda, ya bruñido de aburrimiento. Ap***s pude ver cómo, incesantes y rápidas, las hormigas subían por mi pierna desnuda de pantalones cortos y luego hasta la entrepierna. Solo pude llorar sin entender lo que estaba sucediendo. Por la noche, vi cómo se cocían los caracoles que tan primorosamente había ayudado a recolectar, sumergidos en el calor burbujeante de una olla descomunal. Y tampoco entendí lo que estaba sucediendo. Me pregunto si este es un momento en que podemos entender hasta qué punto está reventado el hormiguero. Las decisiones que se toman en el poder legislativo, en las cámaras legislativas, nos han escaldado hasta la entrepierna. Nos va a durar durante un buen rato y, posiblemente, despertemos una y otra vez como en las peores pesadillas, como en los juegos de las cajas chinas, preguntándonos cómo llegamos hasta aquí. O peor aún, como en mi incipiente, remota y desprolija percepción de los tres años, ¿qué está sucediendo? Sin entender qué es lo que estará sucediéndonos. Por esos años todavía vivía en el aura placentaria, y como todo niño sólo podía esperar a recibir una mirada.
El CONICET emite un nuevo streaming de las profundidades de nuestros océanos, el mar argentino, permitirá documentar las variaciones de hábitat y las formaciones geológicas presentes a distintas profundidades Son los vestigios y los orígenes de vidas que se alimentan de otros vapores y otros fuegos volcánicos En Japón lanzaron no hace tanto, desde la Universidad de Kyoto, un nano satélite hecho de madera del árbol ancestral y sagrado de magnolia, promoviendo usos sostenibles y no devastadores, la madera encastrada como en las antiguas piezas de ebanistería, sin tornillos, equipado con paneles solares. Se quemará, arderá al volver a la atmósfera.
Indudablemente hay vida más allá de esta superficie estanca, carbonizada por momentos, hidrocarburífera, primarizada, con esta mirada de la devastación de la condición de lo humano y de las condiciones del medioambiente. La vida arrasadora de las derechas globales, que han considerado no sólo el medioambiente ,sino la condición humana como la primera variable, el primer elemento a devastar en la naturaleza, la mercancía más barata y desechable. Otra vez sopa diría Mafalda, una idea perfectamente funcional a los racismos más abyectos que reducen lo humano a lo no humano. Pregunta que dominó buena parte del debate científico del iluminismo sobre aborígenes, pueblos originarios, negros, indios, orientales. Interesante que estos supremacismos, terraplanistas sin dudas, negadores de vacunas y salud universal, no tengan más profundidad que la de los inmensos océanos de los pocos centímetros de espesor, en una película curiosa hecha de complicidades. Mientras tanto gracias, muchachas y muchachos del poder legislativo, por votar a favor de los intereses de las minorías privilegiadas, por hacernos la vida un poco más difícil y no un poco más fácil. En algún momento la inmersión se termina y la placenta se separa e ilumina nueva vida.
Cristian Rodríguez

Gradiva, ciencia de la contingencia I-La obra de Freud sobre El delirio y los sueños en la Gradiva de W. Jensen, basado ...
17/12/2025

Gradiva, ciencia de la contingencia

I-
La obra de Freud sobre El delirio y los sueños en la Gradiva de W. Jensen, basado en la novela de dicho autor Gradiva, Una fantasía pompeyana, es compleja y singular, tomando una vez más el curso del análisis como práctica de la singularidad. Entre las proyecciones autobiográficas y el psicoanálisis en extensión, tal como también hiciera con los ensayos contemporáneos a éste: Un recuerdo infantil de Leonardo da Vinci -1910-, y con el Caso Schreber, de 1911, Memorias de un enfermo nervioso.
Freud utiliza esta obra como disparador de sus incipientes teorías sobre la primera tópica metapsicológica. Por otra parte, analiza allí el estatuto de la consistencia de la realidad, en el plano de las fantasías -sexuales inconscientes-, que comienza a perfilar como fundamentales en la experiencia clínica con los pacientes en la transferencia analítica. Es también un material que se adelanta a los artículos específicos sobre la metapsicología, Los escritos técnicos de Freud, desde 1905 y hasta los alrededores de 1915, y propone, a la par del texto sobre Da Vinci, un tipo de estrago y de secuencia a partir de la elección de objeto narcisista. En la novela, y a la par en el ensayo de Freud, están presentes tanto los avatares, los albures propios del romanticismo, como la condena de amor al modo de Las p***s del joven Werther, de Goethe. Por otra parte, toma una primera intención de formular en términos lógico-matemáticos el escalafón del psicoanálisis como ciencia. Ciencia problemática de la singularidad, y tal como aquí la nombra, ciencia de la contingencia.
Freud atribuye a los sueños el estatuto de un delirio personal e intrapsíquico, y propone aquí una definición osada y reveladora, considerando que el sueño es el delirio fisiológico.
II-
Pompeya, el escenario en que transcurre la novela, es asimismo afín no sólo a los gustos personales del propio Freud, sino al mismo trabajo de veladura de los sueños y del recorrido en un análisis, entre los recuerdos encubridores y el trabajo de sepultamiento por la vía del mecanismo de la represión, y posterior-ulterior alumbramiento por la vía del análisis. Podríamos sugerir que en esta obra hay, a un tiempo, el modo de abordaje propio y próximo de los historiales clínicos, llegándonos hasta aquí el de Dora, por ejemplo, con su crisis, epicrisis, técnica psicoanalítica y análisis de los sueños.
En la figura de Gradiva se superponen no sólo las improntas de la historia remota reconstruida al modo del sueño como delirio, en el plano de la representación psíquica, sino también la figura de la amada Zoe Bertgang. A diferencia del delirio en la psicosis, aquí el quehacer fantaseador, este otro reino del delirio en las neurosis, resguarda de la dura prueba de la realidad. Es decir, el sueño y el plano de la fantasía reconstruyen la realidad, para poder ser representada y sostenida luego en la realidad, como rechazo o defraudación amorosa. A diferencia de las psicosis, donde lo que es rechazado se encuentra en el plano estricto de lo real, el rechazo de lo simbólico reaparece en lo real, no en la realidad.
III-
Dice Freud, en las fantasías de Norbert Hanold sobre Gradiva, creeríamos discernir ya los retoños de sus recuerdos reprimidos sobre su amistad infantil con Zoe Bertgang, ubicando allí el mecanismo típico conocido como retorno de lo reprimido.
Por otra parte, queda desplazada hacia la figura de piedra, Gradiva -la que avanza, la que camina-, hacia el bajo relieve, la tensión concomitante acaecida por el amor no esclarecido que Hanold no puede hacer valer en la viviente Zoe.
Una y otra vez, el propio Freud persiste en los parlamentos de la novela donde se sitúa lo siguiente: no, me refería a tu apellido, porque Bertgang tiene el mismo significado que Gradiva y designa al adelantar resplandeciente. Una vez más, vemos aquí el eco de la Gradiva en el nombre griego de Zoe, la protagonista de la novela y agonista amorosa de Norbert Hanold. Ecos concomitantes plagados de significaciones entrelazadas.
Es en verdad la propia Zoe la que alberga y escamotea a un tiempo el eco de un antiguo amor malogrado en Hanold: es verdad, es una vida dura.
IV-
Plantea Freud: Zoe Bertgang, Gradiva rediviva, envuelta por los ojos de él que la miran ensoñados, cruza por las piedras de la calzada hasta el otro lado de la calle con su andar calmoso y grácil, en medio del resplandeciente brillo solar. El triunfo del erotismo lleva a reconocer lo que había de bello y valioso también en el delirio. Ahora bien, con su último símil del amigo de la niñez exhumado de la sepultura, el poeta ha puesto en nuestras manos la clave del simbolismo de que se valió el delirio del héroe para disfrazar el recuerdo reprimido.

Freud señala de manera original, sueño y delirio provienen de la misma fuente, lo reprimido. El sueño es el delirio, por así decir, fisiológico del hombre normal. Maravillosa imagen allí donde La fisiología es tomada, tal como ya había aparecido en Tres ensayos de una teoría sexual, de 1905, como la inscripción de una epigenética en un contexto en el que no deja de hacer mención sobre la filogénesis y la correlación química de la pulsión. Esta cuestión, sería recuperada también en los escritos técnicos, entre 1914 y 1916, los Trabajos sobre metapsicología, más precisamente en la noción de inconsciente, allí donde la energía fluyente introduce punto a punto, elemento a elemento, aquello que otrora había sido considerado del orden de la neurología. Específicamente, en Tres ensayos de una teoría sexual, Freud hablaría de esta cierta expectativa sobre el litoral de la pulsión, al plantear a la pulsión en el intervalo entre psíquico y somático.
Gradiva está plagada de sueños donde aparecen lazos donde cazar lagartijas, rojas, flores, de rosas, de Sorrento, en un vestido, visiones de una erótica.
La sustitución del cazador de lagartijas por Gradiva, en el contenido del sueño, es entonces la figuración del vínculo entre ambas personas, discernido en lo inconsciente. Permite al sueño expresar la inteligencia del requerimiento de marido por parte de ella, dice Freud.
Así nace, aún en contradicción con su primer sueño, el delirio de que Gradiva era aquella muchacha mu**ta en los brazos de su amante y a quien perteneció el prendedor que él había adquirido.
V-
Señala Freud también que es un triunfo del chiste, el witz, también podría traducirse como del orden de la gracia, el de poder figurar el delirio y la verdad en la misma forma expresiva. Partiendo de tales viscosidades -delirio y verdad- está el discurso en que Zoe esclarece a su amiga sobre la situación y al mismo tiempo se libra de su estorbosa compañía.
Finalmente, siguiendo la senda de los trabajos psicopatológicos desde Estudios sobre la histeria-1895, en colaboración con Breuer- hasta El chiste y su relación con lo inconsciente -1905-, plantea que el significante Archaeopteryx -neologismo presente en la novela-, que alguien deba morir primero para devenir vivo, no es otra cosa que un doble sentido por el cual, señala Freud, son harto inequívocos la sustitución de la infancia por la prehistoria de la humanidad y el empeño en despertar el recuerdo de la primera -las vivencias de la infancia montadas sobre la filogénesis-.
Dice Freud en la Gradiva: en el curso del tratamiento psicoterapéutico de un delirio o de una perturbación análoga, suelen desarrollarse tales dichos de doble sentido en el enfermo, como unos nuevos síntomas de extrema transitoriedad.
El poeta ha enlazado de la manera más íntima la solución del delirio y el afloramiento de la necesidad de amor y ha preparado el desenlace en un cortejo amoroso como algo necesario.
Del mismo modo, plantea hacia el final de este magnífico trabajo, que precisamente el análisis de los contenidos patológicos es -necesariamente- de índole inconsciente, y de índole inconsciente es también el camino de la curación.

Cristian Rodríguez

Espacio Psicoanálisis Contemporáneo -EPC-. Director del sello editorial mandrágorazur.
Sobre el próximo libro La Gradiva, entre Freud y Jensen, editado por mandrágorazur

Una final Hubiera querido que ganara Racing, aunque soy hincha de Vélez ¿Será por esa mística en la desventura que les d...
15/12/2025

Una final

Hubiera querido que ganara Racing, aunque soy hincha de Vélez ¿Será por esa mística en la desventura que les duró 35 años y en la que podemos reconocer nuestro propio éxodo de campeonatos negados? ¿Será por mis amigos, Silvio, mi hermano Beatle que acaba de cumplir sus When i’m sixty four de Sargent Pepper’s, o Gus y Jorge, que ya van para amigos ancestrales? ¿Serán por esas otras poéticas imágenes de un técnico, Gustavo Costas, que entró a la cancha en las míticas jornadas de Racing Campeón del Mundo, el primero en la historia del Fútbol Argentino, de la mano de Rulli? Porque también fue jugador único y exclusivo del club, como los verdaderos hinchas, y ahora es el técnico que lo hizo campeón en las Copas Internacionales, devolviéndole el brillo que él mismo pudo mirar con ojos asombrados de niño ¿Será por ese toque infantil que no se va nunca en el candor de las grandes hinchadas del fútbol argentino, entre las que Racing está, haciendo ondear los colores de nuestro país? ¿Será también porque esta final entre Racing y Estudiantes estuvo politizada de muchas maneras, por un presidente del Club Pincharrata, que busca destinos multinacionales y sueña con sociedades anónimas oscuras para el club de La Plata? Este mismo club, que tiene la gloria inmensa de los cuatro campeonatos de la Libertadores y la Copa del Mundo. Y eso es muy grande y conmovedor, jugando en 1 y 57 entre tablones precarios y club a pulmón, ¿quién no podría ver allí la gloria desopilante del hincha argentino que sueña a lo grande con los botines roídos y rotos, sacando fuerza de escasez?
No es opción pensar en Tapia o Verón, en la AFA o Milei. Ya tuvimos Zares en el fútbol argentino, al frente de la Asociación del Fútbol Argentino, y dictadores en los lugares de poder.
No será la excepción encontrar mercenarios que vendan de diferentes maneras los intereses y los terruños. ¿Cómo no llevar con nostalgia las palabras de Maradona en la posteridad, diciendo, la pelota no se mancha? ¿Cómo no enamorarnos del gol más hermosamente trucho en la historia de los mundiales, a los ingleses, en el contexto en que eso se volvió provocación, y después, una mano de dios frente al sometimiento dictatorial de los milicos en la última dictadura y de los pibes mu**tos de la aventura mesiánica en la Guerra de Malvinas? Ese gol se volvió un acto de resistencia y de lucidez. Se sigue criticando ese gol como si ese gol no tuviera su contexto y su época. Y luego, el otro, el gol más extraordinario que jamás exista en la historia de los mundiales y tal vez del fútbol mundial, abrochado con moño al mismo partido. El gol de las gambetas imposibles. El gol universal y espléndido que se volvió arte. Y ese día hubo luz, destello para tanto dolor, que un solo humano ilumine un pueblo con una caricia que dura para siempre.
Se jugó esta final lejos, lejos geográficamente, de espaldas a los hinchas de Estudiantes y de Racing, que tuvieron que hacer laboriosos, por no decir tortuosos, mil quinientos kilómetros, en un capricho de federalizar, cuando, en realidad, federalizar la vida y no solo el fútbol, sería facilitar la vida a las poblaciones del territorio argentino, hacer la vida asequible y no imposible. Allí fueron, habiendo podido jugar en River o Vélez o Lanús, habiendo podido relocalizar ese partido para que fuera más público, de un modo más relajado, más festivo, menos doloroso. Pero así funcionan buena parte de las instituciones del país, haciéndole la vida a las personas más difícil y no más fácil. Se jugó en el Madre de Ciudades de Santiago del Estero, posiblemente el más coqueto y bonito estadio argentino de los últimos tiempos. El campo de juego, más que madre de ciudades, parecía masa madre que estaba levando, destruido, menoscabado y pesado para el fútbol, parecido a la pista de las carreras de caballos los días de lluvia, por extraña razón te volvés matungo que transpira. Cualquiera que juega fútbol, que jugó fútbol, sabe que esa es una condición inviable, desgastante para las piernas de los jugadores, una interferencia estresante. Lógica desgastante en los potreros y las canchas antiguas, ¿pero, en el siglo XXI?
Y fue un partido increíble, típico de una final, entre el orden de hierro de Estudiantes y el pretender siempre con lo que tiene del Racing laborioso, esforzado y vertical. Hubo final, posiblemente mal jugada. Hubo emociones, goles, alargue y penales. Y está bien que haya ganado Estudiantes, como pudo haberlo hecho el propio Racing. Estuvieron a un tiro de penal, estuvieron a un par de minutos de la gloria antes del alargue, en el adicional del tiempo reglamentario con el cabezazo certero de la rojiblanca. Un rato antes, el exquisito sombrero de Maravilla Martínez parecía indefectible y, sin embargo, el fútbol es sorpresa, y por eso sigue siendo bello.
Hubiera querido que este partido, en este declinante año, ocurriera en una época más luminosa para nuestro país. Sin embargo, una vez más, transcurrimos y atravesamos una época opaca, nueva oscuridad, a veces sin perspectiva y sin fondo. Hubiera querido también ver, este fin de año, a las personas de mi país sonreír en la calle y a muchos millones durmiendo en camas arropadas, en sus propias casas, con sus propios recursos, y no mendigantes, expuestos, niñeces, adulteces y vejeces. Hubiera querido que una vez más no estuviera agazapado el torrente colonizador de los mismos de siempre, los entregadores seriales, locales, a manos de la fascinación lúbrica del país del norte. Eso sí, perder este otro campeonato, el de los días de la vida, te humilla y desalienta.

Como corolario de pasiones, todos vimos a Verón ir para atrás en el partido contra los ingleses, en el Mundial del 2002, cualquiera que juega al fútbol lo sabe, tirar la pelota afuera, fuera de tiempo y de distancia a sus compañeros, siendo el armador del equipo, el estratega, el de pie fino y mordaz. Justo ese partido se olvidó de jugar al fútbol, curiosa coincidencia, porque tenía un presente en el fútbol inglés. Cómo te extrañamos Maradona ¿Será por eso que me pongo un poquito nostálgico, de que no sean los colores celeste y blanco los que hayan gritado campeón?
Cristian Rodríguez

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