26/01/2026
Lo digo en mi español rioplatense
Un joven murió, un hombre ha mu**to en la basura, un ser humano ha mu**to dentro de un container de la Ciudad de Buenos Aires, un cartonero, errático, queriendo atesorar unas chapas con las que se corta mortalmente y muere dentro del contenedor. Un humano muere en la Ciudad de Buenos Aires, en la calle, en la basura, se desangra lentamente. A la par, más de 12.000 personas, sólo en CABA, viven en situación de calle y extrema precariedad. La calle se ha vuelto el último escalón antes del abismo de los basurales. No muy lejos, en el conurbano, muchos otros viven también en la basura, alrededor de la basura, el cinturón ecológico que porta un nombre bonito, pero no descansa en su factoría de desechos. Una vez más los desplazados del mundo ocupan las páginas invisibles del libro que nadie escribirá, el libro de la mala memoria. En 2025, los mil millonarios de este universo que conocemos como mundo o globo terráqueo, o mundo contemporáneo, han triplicado sus ganancias a favor del desamparo creciente, progresivo, incesante de las mayorías, las mayorías de humanidades desplazadas y desterradas, exilio sobre exilio, sin lugar donde vivir y respirar.
La realidad de las minorías desafortunadas, perseguidas, eyectadas y segregadas es una verdad cierta, pero es también una entelequia que solo tranquiliza ciertas ideas progresistas. La experiencia supone que la expresión minoría y mayoría son parciales, inevitablemente parciales en sí mismas. La persecución a los judíos en los campos de Auschwitz no puede situarse en el plano de las minorías étnicas, religiosas o culturales. La persecución a los latinos en Estados Unidos tampoco. La migración masiva de los africanos hacia Sudamérica y hacia Europa no podemos situarlas en el plano de las minorías étnicas y geopolíticas, no son fenómenos de minorías, son fenómenos en masa, brutales fenómenos masivos. Otro tanto pasa con las segregaciones territoriales, políticas y militares en la Franja de Gaza. De tal manera que la palabra minoría bien podría reconsiderarse en relación no solo a su parcialidad, ya que son las minorías milmillonarias las que tienen acceso a las grandes mayorías económicas, sino un auténtico tropiezo en la elaboración conceptual.
Una vez más, es la demasía y la escasez lo que estamos discutiendo. ¿Cuán escasos están los grandes sectores de la humanidad respecto del acceso a los beneficios de la plusvalía y a la equidad de las leyes, que la historia ha demostrado que no han sido universales, ni para las mayorías? Las mayorías están segregadas. Una vez más, es la demasía de sectores hiper concentrados, verdaderas minorías privilegiadas, las que dirimen los destinos globales, para proponerles, como única voluntad de vida, la escasez estructural a los otros. La escasez, tarde o temprano, no es una herramienta de transformación, sino una auténtica profanación de los derechos de la humanidad y de las posibilidades de desarrollar una vida posible. No nos dejemos mancomunar bajo el pretexto de la única pertenencia a las minorías.
Allí donde la escasez se vuelve auténtica miseria. Condiciones miserables y estructurales de vida desplazada, mayorías invisibilizadas. Cuando hablamos de colectivos culturales, étnicos, religiosos, de las diversidades sexuales, indudablemente es porque mantenemos la ilusión de que estos movimientos transversales, dialogando entre sí, se transforman en una mayoría, en una multitud que se convoca, en la plaza, por ejemplo, o genera consensos sociales, políticos y legislativos.
Por el contrario, ¿con quién nos identificamos cuando nos reconocemos como pertenecientes a una minoría?
La nueva revolución capitalista, a partir de la Tecnocracia de Silicon Valley, ha marcado un hito desde la postpandemia. 2025 ha cambiado pronto con la consolidación de la inteligencia artificial y sus aplicaciones. Por lejos que parezca, el desarrollo de la IA, hasta aquí, trajo más pobreza para el mundo. Curiosa síntesis de la mala memoria, la memoria que entregamos no ya solamente a los fascismos o a las derechas globales, sino a un Otro silente y gozador porque habla por nosotros, Sucede en la cotidianidad, mientras lees estas líneas, sucede con el buscador en tu portal de elección.
Tendremos que volver los humanos, sin dejarnos intimidar por el avance tecnológico y a sabiendas de su utilización, de su valor de uso y su valor de cambio, aunque también enajenan las prácticas ancestrales donde la palabra y el cuerpo aún conservan su valor. Motus est vita, el movimiento es vida. Como en la Biblioteca de Alejandría mitológica. Un tanto se dedica allí -hablemos en presente- a la filosofía, a la transmisión y a la palabra dicha, y otro tanto se dedica a poner el cuerpo en acción, en reconocer las propiedades apolíneas y dionisíacas que posee la humanidad con un cuerpo.
¿Cuál es el límite a la muerte de un humano en el anonimato, invisibilizado en ese anonimato, enrollado en un contenedor de la basura? Vimos también durante 2025 los genocidios globales, los nuevos desaparecidos, los sin tierra, los sin tierra prometida, los africanos, los gazatíes, los latinos en Estados Unidos, los arrojados del mapa en cada uno de los epicentros de combustión urbana. Los desechos humanos que finalmente salen a la luz y pueden ser aún corroborados como tales. Como sigue ocurriendo en Auschwitz, en Hiroshima. Frente al horror la poesía. Beckett diría, lo peor hasta que nos haga reír. Pienso también en Marguerite Duras y su Hiroshima mon amor, guion literario de la maravillosa película que dirigió Resnais. Ante el horror y el holocausto, la poesía, el deseo vital, el amor infranqueable, aunque lleve al desencuentro. Tener una pertenencia y un nombre propio, un lugar de referencia. Ellos son Nevers y Hiroshima, dos amantes, dos ciudades. Dos destellos en el tiempo contemporáneo. Quisiera decir, en mi español rioplatense que aquí me nombro. Porque aquí parieron mis huesos. Hiroshima y Nevers, Nevers y Hiroshima, ella y él, él y ella, ellos, nosotros.
Cristian Rodríguez