14/06/2026
GUERRA DE MALVINAS
El 14 de junio de 1982 concluyó la guerra de Malvinas. Ese día, Jeremy Moore, comandante de las fuerzas terrestres británicas aceptó la rendición del general Mario Benjamín Menéndez, gobernador militar designado por la dictadura, y se declaró el cese de hostilidades. Concluía una guerra que había durado 74 días.
La caída de Puerto Argentino fue precedida en los días previos por intensos combates en Monte Longdon y Tumbledown, entre otros, que marcaron la culminación de la arrolladora ofensiva británica iniciada tras el desembarco de la Task Force en San Carlos, el 21 de mayo. El ulterior avance hacia Puerto Argentino puso al descubierto la desigualdad de armamento, tecnología y entrenamiento de tropas de una y otra fuerza. El enemigo contaba con un ejército profesional, superior en preparación y equipos, que nuestros soldados debieron enfrentar a puro heroísmo, resistiendo durante semanas en los pozos de zorro, sin logística ni provisiones acordes a las circunstancias.
Era el final anunciado de una guerra que no traería sino desgracias y perjuicios para el país. Sin embargo, al revisar los hechos no se debe confundir el sacrificio y patriotismo de los combatientes con la irresponsabilidad del gobierno ilegítimo que embarcó al país en una aventura bélica contra una de las principales potencias mundiales.
Se reportaron oficialmente 649 bajas argentinas durante la contienda que culminó con la rendición de Puerto Argentino, repartidas entre los 326 mu***os y desaparecidos en acción y los 323 tripulantes del ARA General Belgrano, hundido en el Atlántico Sur el 2 de mayo por un submarino inglés cuando navegaba fuera de la zona de exclusión. En los años subsiguientes siguieron las bajas, sobre todo por suicidios. Por su parte, el gobierno británico reportó 255 muertes.
Los soldados argentinos fueron embarcados en naves británicas y paulatinamente regresaron al continente, donde no tuvieron la merecida acogida ni contención oficial cuando 74 días antes el país entero se había embanderado de celeste y blanco saludando el desembarco en las islas. Una vez más, la derrota mostraba su peor cara. En los años que siguieron, los veteranos tuvieron que luchar denodadamente para que se reconozcan sus derechos.
Tras la rendición, sobrevino uno de los momentos más dramáticos de las guerras, y la de Malvinas no fue la excepción: el recuento de bajas, la identificación de los caídos y el destino ulterior de los cuerpos. En el Cementerio de Darwin fueron sepultados 238 combatientes. Solo 115 cruces llevaban el nombre de los caídos. Las restantes portaban la leyenda: “Soldado argentino sólo conocido por Dios”. En 2017 la Cruz Roja Internacional comenzó la identificación de los cuerpos, con la colaboración de Geoffrey Cardozo, el oficial británico que había dirigido el traslado de los mismos al cementerio de Darwin, y la participación del Equipo de Antropología Forense. La tarea humanitaria dio sus frutos: a la fecha se lograron identificar casi todos los cuerpos exhumados, salvo algunos pocos. Poder identificar los restos de alguien y acceder al lugar donde descansan es fundamental para mantener viva su memoria, con mayor razón si se trata de héroes de la Patria como en este caso.
Al menos, el sacrificio de todos ellos no fue en vano: la guerra marcó el final del Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura instaurada el 24 de marzo de 1976. Dos días después de la rendición argentina, el tercer presidente de facto de ese período, teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, presentó la renuncia. Las urnas que según sus palabras “estaban bien guardadas” pronto volverían a hablar, probablemente el único efecto virtuoso de la movida temeraria decidida por aquella dictadura que tocaba a su fin. La Junta subsiguiente creó la Comisión de Análisis y Evaluación de las Responsabilidades del Conflicto del Atlántico Sur, más conocido como “Informe Rattenbach”, que puso al descubierto la responsabilidad de los altos mandos y cuya difusión se trató de evitar.
En el plano diplomático, la guerra congeló las gestiones en marcha, malogrando la posibilidad de recuperar el archipiélago por la vía pacífica. Las relaciones entre el Reino Unido y Argentina fueron restauradas en 1989 y solo bajo la fórmula de paraguas entre estados, donde la cuestión de la soberanía quedó fuera de agenda hasta el presente. Transcurrieron 44 años desde entonces, y la guerra de Malvinas es una herida que sigue abierta. La gesta pertenece a una etapa histórica aún no saldada en la memoria colectiva; las generaciones más jóvenes no vivieron ese tiempo, o sus integrantes eran muy pequeños para recordarlo. Sin embargo, no debe caer en el olvido, sobre todo como enseñanza de lo que no debe ser.
Que las islas Malvinas fueron, son y serán argentinas es una irrefutable verdad histórica, jurídica y geográfica. El archipiélago usurpado por el Reino Unido forma parte de la plataforma continental argentina y nos ampara el Derecho Público Internacional. La bandera de la soberanía no debe ser arreada hasta que tarde o temprano se haga justicia. El mejor homenaje a los caídos y veteranos es que el Estado cumpla cabalmente sus compromisos con los veteranos de Malvinas y todos los argentinos ganemos otra batalla: la de la Memoria, contra el olvido y la indiferencia.
¡Honor y gloria a los Héroes de Malvinas!