02/02/2026
Me cansé.
Esto lo escribí y lo compartí en mis historias de Instagram ().
Sinceramente, el arte no se limita y mucho menos se impone. No existe una única forma de ser artista ni de pararse sobre un escenario.
Si van a contratar artistas para luego exponerlos a la crítica en masa, mejor no los contraten.
Los músicos que critican públicamente a sus colegas —aunque sea “desde lo técnico” o desde el repertorio— en realidad están hablándole a sus propias paredes. ¿Y el respeto, dónde quedó? Todos quieren ser respetados, pero cuando el otro no actúa igual, molesta.
También hay un público que elige, decide y paga una entrada para ver a esos artistas. A ese público también se lo debe respetar. Muchas veces es la única oportunidad que tienen de acceder a determinados espectáculos que, de otro modo, no podrían ver.
Nadie quiere ver siempre lo mismo ni escuchar las mismas canciones desde hace 35 años.
Entiendo la tradición, la identidad, la historia… pero también creo que es necesario cambiar un poco el repertorio. Hay miles de artistas y, sin embargo, no más de veinte canciones que se repiten constantemente desde que nací.
A mí el arte me gusta por lo diferente. Por la impronta que cada artista pone en cada show. Porque se renuevan, evolucionan, salen de la zona de confort y se arriesgan, guste o no. Eso genera expectativa. Eso mantiene vivo al público.
Cuando ya se sabe exactamente cómo va a ser un show, la gente deja de elegir. Y en muchos casos, de un año al otro no hay nada nuevo. Y no hablo de gustos ni de géneros. Hablo de lo artístico. De innovar. De mostrar algo distinto. Y no, eso no pasa solo por juntarse con otro artista y cantar canciones diferentes.
Celebro que haya diversidad. Celebro que otros se animen y se arriesguen a hacer cosas nuevas en terrenos que no les son propios, pero siempre con respeto. Nadie es dueño de nada. La música está para disfrutarla y compartirla. Sin banderas, sin ideologías, sin exigencias.
Cada artista siente, vive, vibra e interpreta como le sale, como su sensibilidad se lo permite. ¿Cuesta tanto entender eso? ¿Por qué cuesta tanto aceptar lo diferente? ¿Por qué imponer?
Es hermoso ver a quienes, aun sin pertenecer a un género, lo abordan con respeto. Aunque no sea un repertorio entero, porque claramente no es su estilo. Se entiende, ¿no?
Hay géneros que también son parte del folklore argentino, y aun así muchos se empecinan en que permanezcan solitarios, únicos, intransferibles musicalmente. A veces ni siquiera “prestados” por un rato. Pero la música es música. Se siente, vibra, y en cada persona la experiencia es distinta.
Este enero quedará marcado por la crítica y por la poca libertad que algunos pretenden imponerle al arte.
Larga vida a la versatilidad artística. A la ductilidad y a la capacidad de muchos de adaptarse, explorar y luego seguir su propio camino, que siempre es mucho más amplio.
La vida es una sola. Nadie se lleva nada al otro mundo. Disfrutemos. Compartamos. Seamos felices con la diversidad.
Y los que saben, enseñen. No sean mezquinos.