28/05/2026
Mateo Salvatto tenía 27 años cuando decidió que construir una casa no tenía por qué destruir el planeta en el proceso.
No lo decidió en una oficina. Lo decidió frente a familias en lista de espera, frente a escombros acumulados en obras que tardan meses, frente a un sector que genera casi el 40% de los residuos sólidos del mundo y sigue funcionando igual que hace cincuenta años.
Así nació Grondplek: una impresora 3D del tamaño de una cancha pequeña que deposita hormigón capa por capa y levanta la estructura completa de una vivienda de 120 metros cuadrados en 48 horas. Solo el material necesario. Sin moldes. Sin toneladas de sobrante enterradas en un vertedero.
"Imaginate una casa terminada en una semana, con un 30% menos de costo", dice Salvatto. No es promesa de feria. Ya imprimieron más de 500 metros cuadrados y redujeron un 35% el tiempo de obra gris.
La máquina entrega muros, estructura, tiempo recuperado y bastante menos desperdicio que antes.
Hoy opera en Argentina, Uruguay y Paraguay. Y cada casa que se construye así es un paso pequeño, pero real, hacia una industria que empieza a hacerse responsable.
📌Información basada en declaraciones de Mateo Salvatto / La Nación