19/10/2022
No persigas al cliente, atráelo
Seguramente te ha pasado que en tus horas de descanso el celu no para de sonar o de vibrar. Atendés y diversas compañías te ofrecen servicios de variada gama. Una vez, dos, diez veces. Tantas que lo pones en spam o lo bloqueas pero se las arreglan para seguir llamándote.
Por supuesto, la culpa no es del empleado o empleada que te llama, es su trabajo. A veces podes ser amable pero otra veces, se zafa la cadena y te la agarras con la o el que está al otro lado de la línea.
Es que en un punto, algunas empresas te perturban al grado de lograr que te sientas acosado, perseguido, irrespetado.
La pregunta es quién diseña esa campaña de comunicación y venta tan parecida a un “perro de presa” que la mente y el cuerpo solo quieren huir y no volver a saber de ella y menos aún, recomendar los servicios que prestan esas organizaciones.
Es que en la obligación no hay elección, y si algo caracteriza a este tiempo en el que vivimos es la posibilidad de elegir libremente, lo que queremos, deseamos o necesitamos ya que la oferta es variada, enorme, quizá desproporcionada.
Cuando tu NO es tomado como un si, o es interpretado como “lo que pasa es que no sabes lo que te pierdes” las alertas amigdalianas se activan, porque lo que se percibe es un ataque del que hay que huir o defenderse.
Si bien las redes sociales y la tecnología se han vuelto fundamentales para una gran mayoría de los consumidores, esto no significa que podemos abusar de ellas diseñando campañas tan agresivas que activan la impotencia del cliente que queremos captar. Al extremo de lograr el rechazo inmediato y el miedo. Miedo a que vuelva a sonar el celular de tu empresa o de abrir el mail para no ver la avalancha de propuestas que le haces.
Al cliente no hay que perseguirlo, hay que atraerlo. ¿Cómo? -Con prudencia y con respeto. S.D.