25/02/2026
Tal vez el amor solo sea eso:
no dejar de enamorar
aquello que nunca quieres que se acabe.
No grandes promesas,
no palabras eternas dichas a la ligera,
sino el gesto cotidiano de volver a elegir,
una y otra vez,
incluso cuando la magia ya no hace ruido
y el silencio se vuelve parte de la historia.
El amor se vuelve melancólico cuando entendemos
que no siempre se siente igual.
Que no todos los días arde,
que a veces apenas respira.
Pero ahí está su verdad:
en quedarse cuando no hay fuegos artificiales,
en cuidar cuando la rutina intenta apagar la chispa,
en mirar al otro con los mismos ojos
aunque el tiempo haya pasado por encima.
Enamorar es escuchar de nuevo,
es preguntar “¿cómo estás?” y querer la respuesta,
es tocar con cuidado las heridas que el mundo deja,
es reírse de lo mismo,
pero también aprender a callar juntos.
Tal vez amar no sea evitar el final,
sino honrar cada instante
como si fuera importante.
Como si pudiera ser el último.
Porque cuando algo nos importa de verdad,
no lo damos por sentado.
La tristeza suave del amor
nace al saber que todo cambia,
que nada está garantizado,
que incluso lo más hermoso es frágil.
Y aun así, decidimos quedarnos.
Decidimos intentar.
Decidimos enamorar otra vez
lo que podría perderse.
Tal vez el amor no sea eterno,
pero sí puede ser fiel al presente.
Y mientras exista el deseo
de no dejar que se apague,
mientras haya cuidado,
miradas sinceras
y ganas de volver a empezar,
el amor sigue vivo.
Porque amar, al final,
no es prometer que nunca terminará,
sino no dejar de enamorar
mientras dure.
Me gustó mucho ©️ D.R.
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