27/05/2026
Final de taller con un colectivo para un Centro Cultural en la Villa 21 de Barracas.
Hace unos meses , mi hijo mayor, me propuso hacer este taller de arte urbano con .spiga. Y yo, que me prendo en todas, dije sí, sin saber adónde iba.
La propuesta fue un desafío: salirnos de ciertas estructuras, volver a experimentar otros lenguajes, más cercanos a nuestras épocas de UBA, y compartir una tarde por semana con gente que, al principio con timidez y luego con tremenda generosidad se abrieron y compartieron historias, experiencias, opiniones y proyectos.
No pudo ser más enriquecedor. Docentes, payasos, atletas, diseñadores, poetas, empleados, fotógrafos. Ilustradores, que reímos, lloramos y nos manifestamos con mucha sensibilidad.
Cada uno sacó de adentro sus sentimientos, su corazón, sus deseos, sus broncas y sus amores, transformándolas en formas y color.
Al principio afloró la denuncia. Pero el amor por Bieler fue mucho más fuerte. Empecé con algo pequeño en la puerta de casa, pero Nahu me empujó a hacer un mural para compartir con los más de 30 vecinos y hogares que tanto lo quisieron, que le ofrecieron una caricia, una galletita, una sonrisa. Los que, por su intermedio nos fuimos saludando, charlando y entablando algunas amistades. Sus casas son también parte de ese mural. Como la Escuela nº 6 a la que ingresaba todas las mañanas como un alumno más. Esas cosas que solo ocurren en los barrios y que van desapareciendo.
Ese intercambio fue mérito tuyo, Bieler. Y qué privilegio tuve que me hayas elegido. Cómo te extrañamos...
Qué bueno fue hacerlo juntos, Nahu. Gracias por proponerlo. Por mostrarnos cada cosa que hacíamos a cualquier hora de la noche. Por pegotear tus posters en esa noche fría.
Gracias a todos (entre ellos , Guille, Alma y tantos otros) por esas noches de jueves, donde nos alentábamos, corregíamos, y nos emocionamos tanto. Y por esa mañana hermosa de cierre colectivo, donde quedó en evidencia que juntos y unidos se pueden hacer cosas bellísimas.