25/08/2026
A MEDIA HORA DE UN DESASTRE TOTAL
Jaime Olivares
La situación es grave, pero afortunadamente no estamos lamentando una tragedia. Media hora más de lluvias intensas y probablemente habríamos enfrentado un escenario mucho peor, con las quebradas que bordean la cordillera de la Costa descargando sobre distintos sectores de la ciudad.
En Zona Franca prácticamente nadie quedó ajeno a los efectos de la emergencia. El Mall se inundó, el agua ingresó a los galpones del recinto amurallado y, en el barrio industrial, un aluvión arrastró decenas de vehículos cuesta abajo.
Las pérdidas económicas, considerando los daños y la paralización de las actividades, podrían ser millonarias. Pero más preocupante que calcular hoy una cifra exacta es reconocer una realidad evidente: no estamos preparados para enfrentar adecuadamente este tipo de fenómenos climáticos.
Los daños en infraestructura crítica son importantes y habrá mucho trabajo por hacer. También será necesario determinar por qué algunas obras recientemente entregadas no fueron capaces de responder adecuadamente ante las precipitaciones.
Lo ocurrido, sin embargo, no debería analizarse únicamente como una emergencia climática. También expone una vulnerabilidad económica.
Chile atraviesa un escenario de bajo crecimiento y estrechez de recursos, mientras las regiones necesitan inversión, empleo y nuevas fuentes de desarrollo. En ese contexto, medidas como la reducción de la carga tributaria a las empresas y una mayor estabilidad tributaria pueden ir en la dirección correcta si efectivamente logran atraer inversiones.
Pero atraer inversión no puede ser un objetivo en sí mismo.
La verdadera pregunta es qué tipo de inversiones queremos atraer y cuánto valor serán capaces de generar en nuestras regiones.
Tarapacá tiene frente a sí enormes oportunidades vinculadas al cobre, el litio, las energías renovables y otras actividades asociadas a los recursos naturales. Sin embargo, el desafío es evitar que nuestra economía continúe dependiendo principalmente de la extracción y exportación de materias primas.
Debemos avanzar hacia una economía capaz de transformar esos recursos, agregarles valor y generar empleos de mayor calidad.
No basta con exportar cobre o litio. Tenemos que crear las condiciones para que parte de esos recursos puedan convertirse en componentes, insumos, baterías, tecnología y otros productos elaborados dentro del país.
Y aquí aparece una oportunidad particularmente importante para Tarapacá.
En las regiones del norte de Chile operan algunas de las mayores compañías mineras del mundo. Esa enorme industria necesita permanentemente piezas, partes, insumos, servicios, tecnología y proveedores especializados.
¿Por qué no convertir a Tarapacá, y particularmente a Zona Franca, en una plataforma capaz de abastecer una parte creciente de esa demanda?
ZOFRI posee experiencia comercial, infraestructura, conectividad y una ubicación estratégica que deberían aprovecharse para impulsar un potente clúster de proveedores para la minería, capaz no solamente de importar y distribuir productos, sino también de atraer empresas que fabriquen, ensamblen, transformen y agreguen valor desde nuestra propia región.
Eso significaría nuevas inversiones, empleos especializados, transferencia tecnológica y una economía regional más diversificada.
Al mismo tiempo, el escenario internacional nos está demostrando los riesgos de depender excesivamente de otros países para obtener tecnología, alimentos, insumos estratégicos o componentes esenciales. Las crecientes disputas comerciales, las barreras arancelarias y la competencia mundial por minerales estratégicos obligan a Chile a pensar con una mirada de largo plazo.
Necesitamos fortalecer nuestra capacidad productiva y disminuir dependencias innecesarias, manteniendo al mismo tiempo una economía abierta al mundo.
Lo ocurrido con las lluvias debería dejarnos, entonces, dos grandes lecciones.
La primera es urgente: el cambio climático llegó para quedarse y Tarapacá necesita una infraestructura y un sistema de protección de la ciudad capaces de enfrentar fenómenos que probablemente serán cada vez más frecuentes.
La segunda es económica: no podemos seguir dependiendo exclusivamente de modelos productivos basados en extraer, importar y comercializar. Debemos producir, transformar y agregar valor.
Nos salvamos por un pelo de una tragedia mayor.
Que esta emergencia no quede solamente en reparar los daños y volver a hacer exactamente lo mismo.
Puede ser también la oportunidad para comenzar a construir una Tarapacá más preparada, productiva y resiliente, impulsando la economía circular, nuevas industrias y un clúster minero en Zona Franca capaz de abastecer a la gran minería, sustituir importaciones y agregar valor a nuestras exportaciones.
La lluvia nos mostró nuestra vulnerabilidad. Ahora nos corresponde decidir si simplemente reconstruimos lo que teníamos o aprovechamos la advertencia para construir algo mejor