02/12/2020
De nada sirvieron las promesas ni los suspiros entrecortados para llegar hasta el fondo de su pecho, ni mucho menos los arrebatos y las lágrimas. Un día me dijo “esas escenitas déjalas para tus libros”. En seguida exhaló el humo de su cigarro y me apartó de su mirada. Yo le dije que mi libro se llamaba "Vida" y que mi vida era él. Entonces no quiso volver a mirarme porque el cielo de las amanecidas siempre lo ponía de malas. Solo me respondió que yo, que era apenas un niñato, no sabía nada acerca del amor.
PRONTO
By:clfotografia