05/08/2024
Siempre es parte de la vida entregar aportes que nos permitan ver la vida de otra manera, más positiva y siempre mirando hacia adelante y hacia el cielo.
Que estén muy bien.
—¿A dónde vas? —me pregunta mi marido desde el sofá, mientras me observa anonadado.
—Aquí cerca, a dar una vuelta a la manzana para pasear a mi mascota.
—¿Y para eso te has hecho ese peinado, te has maquillado y te has puesto ese vestido guardado con esmero para ocasiones especiales?
—¡Así es!
—¡Tú no estás bien! ¡Van a creer que estás loca!
—Puede que sí, que crean que no estoy bien, que este confinamiento ha acabado con la poca cordura que quedaba en mi interior. Pero la realidad es que nunca he estado más cuerda.
»Antes guardaba un vestido para una ocasión especial, sin darme cuenta de que cada día es especial, que cada pequeña salida, ir a comprar el pan, o a la farmacia, cada pequeño paseo a mi dulce reina es una oportunidad de disfrutar y agradecer la vida.
»Ayer salí triste y desgarbada, dando pinceladas grises a la oscuridad del mundo, y eso no es justo. ¡Estoy viva! Soy feliz, tengo esperanza y tiempo; he decidido poner mi pequeño granito de arena a la esperanza del mundo.
»Saldré cinco minutos a la puerta, bordearé la manzana y volveré como si estuviera paseando en una alfombra roja.
Quien me vea desde los balcones sonreirá, y eso es algo que voy a provocar con mi actitud.
»Hoy ya no quiero guardar nada para mañana, lo voy a usar todo, daré la mejor versión de mí.
»Mañana me pondré otro vestido de los que tenía guardados para ocasiones especiales, y así me los pondré todos, hasta que estén desgastados y raídos; que tengan una larga vida, llena de paseos y sonrisas; que provoquen miradas y regalen alegrías. No permitiré que dentro del armario se los coman las polillas.
Hacía menos de cinco minutos que estaba yo en la calle cuando apareció mi marido con su mejor traje. Llevaba los zapatos de salir.
No quería reírme, pero las carcajadas salieron solas, no de burla, sino de complicidad. Se acercó y me ofreció su brazo.
—¡Venga!, que nuestra alfombra roja solo tiene unos cuantos metros y vamos a disfrutarlos, cariño.
¿Locos? Puede que sí, pero esa noche se escuchaban risas luchando contra el miedo alojado en nuestro interior. Y es que de eso se trata la vida: de atrevernos, arriesgarnos, entregarnos con la esperanza de que nuestro intento haga la diferencia.