21/12/2012
Diciembre alegre llegastes, diciembre alegre te vas...
Pro-Ventas-Net Consultoría Publicidad y Marketing, y en su nombre, Omar Pérez Cohen, a todos sus fans, amigos y amigas, clientes y colaboradores, les desea feliz Navidad y un exitoso año 2.013.
Definitivamente, diciembre es el mes de la suma alegría. De él, tal vez, han debido derivarse tantas fiestas como días tiene el año: el Día de la Madre, el Día del Padre, el Día del Amor y ... no sé cuantas fiestas más que todos los años cuelgan en el calendario. Porque es el mes, por definición y esencia, de la alegría; es el de mostrar; el mes por antonomasia. Cuando ya va languideciendo, no nos resistimos a que termine la juerga, en honor a la natividad del verbo encarnado. Por ello, enero(ejemplo: toros, ferias) y febrero(ejemplo: carnavales) desde que se asoman, invitan a seguir en pie de fiesta; y así sucesivamente con los otros que conforman la docena de meses. Pero, cualesquiera sean las fiestas, nunca alcanzan a igualarse a las de diciembre; porque éstas están envueltas en una magia especial de fraternidad, solidaridad y sentimiento religioso. Mas aquéllas no son más que un remedo, expresión de la nostalgia y resentimiento que nos embargan por la impotencia de no poder retener, así sea con nuestras manos, el festivo mes que se fue. Y en esto ya estamos hace casi dos mil años. Cada país las celebra acorde a su tradición. Me refiero al mundo de influencia y cultura cristiana.
En mi infancia y adolescencia, vivía en función de diciembre. Pensaba que en diciembre nadie debía morir; que nadie debía sufrir; que era el mes en que no había lugar para la tristeza.
Para mí, además, diciembre era, y sigue siéndolo, un acicate, un reto, desde cuando despuntaba enero. Me aplicaba, durante el período escolar, con mucha dedicación al estudio, con el objeto de disfrutar felizmente mi diciembre, el ideal para unas vacaciones escolares. Enero, todo lo contrario, una vez instalado, comenzaban las angustias.
Diciembre alegre llegastes, diciembre alegre te vas...pero aquí, anclado en este puerto del tiempo, te espero donde inexorablemente has de tornar, para retomar la senda al son y compás de los acordes del tambor de la alegría.