22/12/2025
Me gusta publicar en Facebook lo que se me ocurre.
En estos días, durante una charla acompañada de tinto con un amigo de nombre Artemo, entre otras cosas, mencionamos los derechos que tenemos los ciudadanos.
Él, con su marcado gusto por escribir —también aquello que se le antoja—, pero con mayor oficio, pues ya ha escrito varios libros, ha leído muchos más y conserva una buena parte de ellos, me compartió un ejemplar de su autoría titulado “¿De qué estábamos hablando?”. Un libro muy entretenido. El título, quizá, es una de esas frases de uso cotidiano que todos hemos pronunciado alguna vez.
Este mismo libro me permitió conocer los Derechos del lector, propuestos por Daniel Pennac, los cuales comparto de buena manera:
Derecho a no leer.
Derecho a saltarse páginas.
Derecho a no terminar un libro.
Derecho a releer.
Derecho a leer cualquier cosa.
Derecho al bovarismo: el placer de identificarse con algún personaje y, de alguna manera, vivir una historia.
Derecho a leer en cualquier lugar.
Derecho a ojear.
Derecho a leer en voz alta.
Derecho a callarnos.
Lo anterior lo expongo como respuesta a algunos parroquianos que cuestionan mis notas escritas en el perfil de Facebook. Cualquier duda puede resolverse —y de la mejor manera— consultando directamente el libro mencionado.
Todo derecho tiene su contrapartida, y en este caso es el deber del lector: no burlarse de los semejantes por sus elecciones o gustos. Leer es, ante todo, interpretar, analizar, interrogar y conectar el texto para encontrar un significado propio en lo leído.
JOSE NOÉ VIDALES
Tuluá, diciembre de 2025