18/06/2021
Estudiaba todavía mi pregrado cuando decidí hacer un curso de mesa y bar en el SENA; no soy de mucho licor pero siempre me interesó el mundo de la mixología, conocer el origen de las bebidas, saber cómo mezclarlas, manejar las densidades de estas y en fin.
El caso es qué, en algún punto de mi vida, pasaba por un mal momento y tomé la decisión de renunciar a mi trabajo como Diseñador Gráfico en una agencia de publicidad y buscar nuevas alternativas para mi vida profesional y otro rumbo para mi persona.
Por cosas de la vida, un amigo muy querido, y muy buen chef, me recomendó para trabajar de auxiliar suyo en la cocina de un bar dónde él trabajaba. Ahí fue cuando mi cambio empezó. Trabajé un par de meses como auxiliar de cocina, en turnos muy largos, con poco descanso pero mucha comida y mucho aprendizaje.
Y de nuevo, por cosas de la vida, el bartender de uno de los bares del dueño de la cocina dónde yo trabajaba, renunció, justo para empezar fin de semana y pues yo, muy comedidamente, me postulé para ese trabajo (ya había hecho un cursito en el SENA). El man no me tenía mucha fé, pero no tenía otra opción... El caso es que, ese fin de semana, de jueves a domingo, el bar estuvo a reventar, las ventas fueron muy buenas y yo me quedé como bartender y administrador de este sitio. Trabajé allí casi un año.
Nada tenía que ver lo que estaba haciendo en ese momento con lo que había estudiado en la universidad. Recibí muchas críticas de personas cercanas y de mi familia, pero poco me importaron. Ganaba mucho menos de lo que acostumbrada pero estaba ¡Feliz!
En este nuevo trabajo, sin querer queriendo, aprendí un montón de servicio al cliente, aprendí a escuchar a los demás, a empatizar, aprendí nociones de administración; empecé a conectar mucho más con las personas que visitaban el bar y empecé a entender esa vaina de la marca personal y hasta de manejo de personal aprendí.
Después de esta experiencia, volví a mis trabajos habituales cómo y como , pero lleno de un montón de conocimiento adquirido empíricamente y con una perspectiva totalmente distinta de cómo debían funcionar las relaciones entre las personas, entre clientes y empresas, entre marcas y usuarios.
Al final, de eso se trató todo ese viaje que hice, se trató de probarme a mí mismo que era capaz de evolucionar y de adaptarme a los cambios, se trató de cambiar mi punto de vista y sobre todo se trató de conocimiento y aprendizaje.
Romper la burbuja para salir de nuestra zona de confort es lo mejor que podemos hacer por nosotros mismos ¡Recomendadísimo!