29/10/2020
Integrar, aceptar, agradecer... en los últimos meses me he permitido ser cosas que antes concebía como prohibidas, inaceptables, cosas un decía uff bacano eso para vos pero para mí no, maneras de ser que son opuestas a lo que yo conocía de mí misma.
Me permití soltar, renunciar, dejar de creer, me permití también ser lanzada, osada, estruendosa, me corté el pelo, me alejé, me encerré.
Y estuve ahí en la cueva por un tiempo, oscura, fría, en el dolor, enfrentando el temor de no saber qué viene, escuchando sonidos estremecedores, explorando placeres silenciados. Llegaron visitantes que muy tímidamente me alimentaban pero sólo recibía lo suficiente para no morir de hambre, nunca para saciarme. Desconfié de todos, porque desconfié de mí.
Hoy, no creo que salí de la cueva, creo que la cueva está en mí. Creo que la integré a mi existencia, y está ahí para cuando necesite ese espacio de soledad y recogimiento, para cuando necesito experimentarme valiente, poderosa, fuego, creación de la nada, oscuridad y transformación... pues antes del amanecer está la más profunda oscuridad ... ¿por qué temerle si solo anuncia un nuevo comienzo ? Al final la oscuridad no es nada en sí misma, solo es falta de luz...
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