29/06/2022
Justo la semana pasada conversábamos con un cliente sobre la fotografía que estábamos preparando para x negocio, su negocio.
El hecho es que él no estaba convencido de cómo lucían las imágenes que le habíamos entregado. Le chocaban los colores. Sentía que los colores estaban más vivos, diferentes.
Explicamos que la fotografía publicitaria debía cumplir ciertas normas pero… como todo arte, era una cuestión de apreciación.
Entre todos comenzamos a preparar variantes que incluían menos saturación cada vez. Menos y menos… Era difícil llegar al punto exacto incluso dentro del equipo. Todos apostábamos por una variante diferente.
Y el cliente no se convencía.
¿Saben qué sucedió? Terminamos por enseñarle la foto sin edición. Cruda. Directo de la cámara. Y esa fue la que cumplió medianamente sus expectativas.
En ese punto comenzamos a explicarle:
Fueron nuestras luces las causantes de que el cliente viera sus productos diferentes, más llamativos. Y ahí llegamos al punto neurálgico de la cuestión.
La luz es color. Acostumbramos a ver las tiendas, los estantes y mostradores en Cuba sin iluminación. Cuando hacemos la magia de un poco más de luz, los espacios parecen salidos de otro planeta. Y eso asusta. Claro que asusta.
No les contaremos el desenlace. Será tema para otra historia. Solo les comentamos que para Xielo esta experiencia ha sido un reto: el de complacer siempre apegado a las buenas prácticas.
Imagen tomada de la sesión fotográfica realizada a Adoro Textiles.