12/08/2026
La criopreservación está consolidada. La descongelación se queda atrás.
En la medicina, la criopreservación hace tiempo que es el día a día. Las temperaturas ultrabajas, la eficiencia energética y el almacenamiento fiable están técnicamente muy desarrollados.
Sin embargo, a la hora de descongelar se manifiesta una sorprendente necesidad de ponerse al día: muchos procedimientos y aparatos proceden conceptualmente aún del siglo pasado. El agua tibia, el aire caliente o los microondas son en principio adecuados, pero, especialmente en aplicaciones de tiempo crítico como la provisión de plasma sanguíneo, no siempre cumplen con los requisitos de velocidad y seguridad del proceso.
A esto se añade: el plasma sanguíneo solo puede descongelarse con dispositivos médicos debidamente autorizados. Requisitos reguladores similares se aplican a otros materiales criopreservados.
Se trata, por tanto, de un segmento de mercado hasta ahora descuidado, con un considerable potencial de innovación.
Un nuevo desarrollo interesante es PlasmaQuick, un dispositivo automático de descongelación que utiliza sistemáticamente principios físicos para reducir el tiempo de descongelación a menos de 8 minutos. Con ello se aborda una necesidad médica central: hacer que el plasma congelado esté disponible de forma rápida y fiable para emergencias.
La tecnología ya ha sido protegida mediante patentes en Europa, EE. UU. y China; se ha solicitado una patente en la India.
La criopreservación no termina con la congelación. Lo decisivo es también la rapidez y fiabilidad con la que el material vuelve a estar disponible.
Energizing