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🔎🌎 DESPUÉS DEL VOTO: ESTRATEGIA, EXPERIENCIA Y VISIÓN 🌎🔎📣 ABC Research invitan cordialmente a nuestros clientes, amigos,...
05/10/2026

🔎🌎 DESPUÉS DEL VOTO: ESTRATEGIA, EXPERIENCIA Y VISIÓN 🌎🔎

📣 ABC Research invitan cordialmente a nuestros clientes, amigos, colegas y profesionales del ecosistema de la consultoría política a participar en “Después del Voto”, encuentro internacional que se realizará de manera online desde Washington, D.C., los días 4 y 5 de noviembre.

🎙️ En este encuentro participará como expositor Juan Carlos Maldonado, Director de ABC, quien abordará las tendencias y escenarios políticos desde un enfoque estratégico, a partir de la experiencia y los desafíos que surgen después de los procesos electorales.

🌎 Será una valiosa oportunidad para compartir experiencias y perspectivas junto a destacados profesionales de la consultoría política.

🔎 Para conocer el programa, los participantes y la información de inscripción, pueden ingresar a:

👉 despuesdelvoto.com

🤝 Los esperamos.

ABC Research
Investigación, estrategia y opinión pública

Programa internacional en vivo desde Washington, D. C.: resultados de la elección de 2026, inteligencia artificial y comunicación política. 4 y 5 de noviembre, 100 % online.

ABC MARKETING FELICITA A SU DIRECTOR POR EL NAPOLITAN VICTORY AWARD 2026Nuestro director, Juan Carlos Maldonado, ha sido...
04/10/2026

ABC MARKETING FELICITA A SU DIRECTOR POR EL NAPOLITAN VICTORY AWARD 2026

Nuestro director, Juan Carlos Maldonado, ha sido reconocido con el Napolitan Victory Award 2026 en la categoría Mejor Encuestador / Investigador Político.

Recibimos esta distinción con mucha alegría y gratitud, como un reconocimiento a años de trabajo en investigación, encuestas y análisis político.

Para ABC Marketing es también una satisfacción compartir este momento con nuestros clientes, colegas, amigos y con todas las personas que, a lo largo de estos años, han confiado en nuestro trabajo.

Gracias por acompañarnos en este camino.

🧭 EL CONSULTOR POLÍTICO: ENTRE LA EXPERIENCIA, LA ESTRATEGIA Y LA SABIDURÍAUNA PROFESIÓN QUE NO SE HEREDA, NO SE DECRETA...
27/09/2026

🧭 EL CONSULTOR POLÍTICO: ENTRE LA EXPERIENCIA, LA ESTRATEGIA Y LA SABIDURÍA

UNA PROFESIÓN QUE NO SE HEREDA, NO SE DECRETA Y TAMPOCO PERTENECE A UNA CASTA

Hay palabras que, con el paso del tiempo, adquieren una especie de aura. “Consultor político” es una de ellas.

En algunos círculos parece haberse convertido en una categoría reservada para quienes acumulan determinadas campañas, determinados contactos o determinados apellidos dentro de la industria. En otros, se utiliza con una ligereza casi inversa: basta haber participado en una campaña, haber manejado redes sociales o haber asesorado a un candidato para presentarse inmediatamente como consultor político.

Entre ambos extremos existe una realidad mucho más interesante.

La consultoría política es una actividad profesional, especializada y multidisciplinaria que se construye en el ejercicio, se fortalece con conocimiento y experiencia y adquiere jerarquía mediante la trayectoria, la capacidad, los resultados y la confianza.

No es, estrictamente hablando, una carrera universitaria única. Tampoco es un título académico que alguien obtiene después de completar determinados años de estudio. Es, más bien, un campo profesional de especialización que combina formación, experiencia, conocimiento aplicado, capacidad estratégica y comprensión profunda del comportamiento político.

La literatura académica lleva años intentando precisamente delimitar qué debe entenderse por consultor político. Stephen Medvic advertía ya en 2003 que existía poca unanimidad respecto de una definición operacional del término. Otros investigadores han estudiado la consultoría política como una actividad en proceso de profesionalización, caracterizada por conocimiento aplicado, especialización de tareas y una creciente estructura profesional. (Sage Journals⁠)

Y quizá allí esté la primera conclusión importante:

ser consultor político no significa haber alcanzado la cima de la consultoría política.

Son cosas diferentes.

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🧠 CONSULTAR NO ES LO MISMO QUE ASESORAR

La propia palabra “consultoría” contiene una pista.

Consultar supone examinar una situación, formular preguntas, estudiar información, interpretar escenarios, identificar problemas y producir un diagnóstico que permita recomendar un determinado curso de acción.

Por eso, una consultoría política puede ser breve o prolongada.

Puede durar días, semanas, meses o acompañar un proceso durante años. Puede consistir en un estudio de opinión, una investigación electoral, un diagnóstico territorial, una auditoría de comunicación, una evaluación de posicionamiento, una estrategia de campaña, una crisis política o un análisis de gobierno.

Pero existe una diferencia conceptual importante entre consultor y asesor.

El consultor puede ser convocado para resolver un problema específico, producir un diagnóstico, diseñar una estrategia o aportar conocimiento especializado.

El asesor, en cambio, suele establecer una relación más permanente con quien toma las decisiones. Su trabajo se incorpora al proceso continuo de decisión.

Por eso puede existir una evolución natural:

consultoría → acompañamiento → asesoramiento → confianza estratégica.

No necesariamente ocurre siempre, pero puede ocurrir.

Un consultor puede convertirse en asesor cuando su relación con el decisor deja de estar circunscrita a una consulta concreta y pasa a formar parte de la arquitectura permanente de la toma de decisiones.

Y esa distinción importa.

Porque no todo asesor es necesariamente un gran consultor, ni todo consultor tiene que convertirse en asesor.

Son funciones relacionadas, pero no idénticas.

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🌎 EL TERRITORIO DE LA CONSULTORÍA POLÍTICA

La consultoría política tampoco termina en una campaña electoral.

Su territorio es mucho más amplio.

Existe consultoría electoral y consultoría gubernamental.

Puede desarrollarse en un pequeño distrito, en un municipio, en una provincia, en una región, en un estado, en una capital nacional o en una campaña presidencial.

Puede trabajar para un candidato a regidor o concejal, un alcalde, un gobernador, un legislador o un presidente.

Y también puede desarrollarse después de las elecciones.

Una autoridad elegida enfrenta problemas de legitimidad, comunicación, opinión pública, crisis, agenda, posicionamiento, relación con ciudadanos, medios, organizaciones sociales, actores económicos y oposición.

Por ello, la consultoría política puede acompañar al poder antes, durante y después de una elección.

La literatura sobre consultores electorales tradicionalmente ha identificado entre sus actividades la investigación, las encuestas, la estrategia, la comunicación, la producción mediática, la recaudación y otros servicios especializados. (Cambridge⁠)

Hoy ese universo es todavía mayor.

• Investigación y opinión pública.
• Estrategia electoral.
• Comunicación política.
• Marketing político.
• Narrativa y discurso.
• Gestión de crisis.
• Digital y redes.
• Territorio y movilización.
• Segmentación.
• Análisis de datos.
• Reputación.
• Gobierno y comunicación gubernamental.
• Asuntos públicos.
• Posicionamiento de autoridades.
• Evaluación de escenarios.
• Y muchas otras especialidades.

De allí que hablar de “el consultor político” como si existiera un único perfil sea una simplificación.

La consultoría política es un ecosistema.

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🚪 NO EXISTE UN SOLO CAMINO PARA LLEGAR

Otro error consiste en pensar que existe una única puerta de entrada.

No la hay.

Un politólogo puede convertirse en consultor.

También un abogado.

Un comunicador.

Un periodista.

Un especialista en marketing.

Un administrador.

Un economista.

Un sociólogo.

Un experto en investigación de mercados.

Un especialista en estadística o datos.

Incluso una persona proveniente de otra disciplina puede desarrollar, mediante experiencia y formación autodidacta, competencias suficientes para intervenir profesionalmente en la actividad política.

Esto no significa que todas esas personas tengan el mismo nivel.

Significa algo diferente:

el origen académico no determina por sí solo la jerarquía profesional.

La formación proporciona herramientas.

La experiencia enseña a utilizarlas.

La práctica demuestra si realmente funcionan.

Y la trayectoria permite comprobar hasta dónde puede llegar un profesional.

La consultoría política es, en ese sentido, una combinación de ciencia, técnica, experiencia y arte.

Existe una creciente utilización de herramientas científicas y conocimiento especializado, pero la actividad sigue dependiendo también de interpretación, criterio, intuición, creatividad y lectura del contexto. Algunos estudios han observado precisamente una evolución de la consultoría política desde una concepción más artesanal hacia una mayor utilización de conocimiento científico y especializado. (tandfonline.com⁠)

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⚖️ LAS JERARQUÍAS EXISTEN, PERO NO SON TÍTULOS NOBILIARIOS

Aquí aparece una cuestión incómoda.

Sí existen jerarquías dentro de la consultoría política.

Pero no necesariamente son jerarquías formales.

No hay un “Ministerio de Consultores Políticos” que otorgue grados.

La jerarquía se construye a partir de distintas variables.

Podríamos imaginar, sin pretender crear una certificación universal, cinco dimensiones:

1. Formación.
El conocimiento académico y técnico.
2. Especialización.
La profundidad alcanzada en determinadas áreas.
3. Experiencia.
La exposición acumulada a problemas reales.
4. Escala.
El nivel y complejidad de los escenarios en los que se ha trabajado.
5. Resultados y reputación.
La capacidad demostrada para producir valor y generar confianza.

A ello habría que añadir una sexta dimensión que muchas veces se olvida:

6. Calidad humana y ética profesional.

Porque saber mucho no convierte automáticamente a alguien en un buen consultor.

Un profesional puede tener una enorme biblioteca y carecer de criterio.

Puede tener muchas campañas y no haber aprendido de ellas.

Puede haber ganado elecciones y haberlo hecho de una manera técnicamente cuestionable.

Puede haber perdido campañas y, sin embargo, haber adquirido un conocimiento extraordinario.

Puede tener prestigio mediático y poca profundidad.

Puede tener poca exposición pública y ser extraordinariamente competente.

Por eso cantidad de campañas no equivale automáticamente a calidad profesional.

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📊 ¿MÁS CAMPAÑAS SIGNIFICAN NECESARIAMENTE MÁS PRESTIGIO?

No.

La experiencia es acumulativa, pero no es simplemente aritmética.

Diez campañas pueden producir más conocimiento que cincuenta si esas diez obligaron al profesional a enfrentarse a problemas diferentes, complejos y decisivos.

Del mismo modo, cincuenta campañas pueden proporcionar una experiencia extraordinaria si detrás existe aprendizaje, adaptación y evolución.

Una campaña ganada enseña.

Una campaña perdida también.

Una crisis enseña.

Un error enseña.

Una mala decisión enseña.

Un acierto inesperado también.

Lo importante es qué hace el profesional con aquello que experimenta.

Por eso sería equivocado construir una jerarquía exclusivamente alrededor del número de campañas.

La trayectoria no se mide solamente contando batallas. También se mide observando qué aprendió el estratega de ellas.

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🤝 DEL CONSULTOR AL ASESOR: CUANDO CAMBIA LA NATURALEZA DE LA RELACIÓN

Existe, sin embargo, un salto cualitativo.

Un consultor puede ser contratado para resolver un problema.

Un asesor puede convertirse en parte del proceso permanente de decisión.

Un consultor puede decir:

“Este es el diagnóstico y estas son mis recomendaciones”.

Un asesor puede estar sentado en la mesa cuando la decisión se está tomando.

Esa diferencia es fundamental.

En una campaña presidencial puede existir un estratega principal o asesor de máxima confianza, acompañado por especialistas en investigación, comunicación, territorio, medios, digital, opinión pública, discurso, crisis o asuntos jurídicos.

No todos tienen la misma posición.

Pero todos pueden formar parte de la arquitectura estratégica.

Y algo semejante ocurre en gobiernos, parlamentos, regiones y municipios.

Existe una estructura formal e informal de asesoramiento.

Hay primera línea.

Hay segunda línea.

Hay especialistas.

Hay consultores externos.

Hay proveedores.

Hay equipos permanentes.

Hay colaboradores ocasionales.

Y existen también profesionales cuya influencia es mucho mayor que el cargo que formalmente ocupan.

El poder de la consultoría no siempre aparece en un organigrama.

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⚠️ LA ZONA GRIS DEL OFICIO

También existe una dimensión menos elegante de esta actividad.

En política pueden aparecer intermediarios, terceros, contratos indirectos, prestanombres o estructuras utilizadas para ocultar quién realiza realmente determinada función.

Eso no constituye una categoría profesional de la consultoría política.

Es una práctica de opacidad.

Y debe diferenciarse del verdadero ejercicio profesional.

Que una persona aparezca formalmente como consultor no demuestra necesariamente que sea quien desarrolla la consultoría.

Como en cualquier actividad profesional, pueden existir simulaciones, intermediaciones o personas que prestan su nombre para encubrir a terceros.

Pero la existencia de estas prácticas no invalida la profesión.

Simplemente demuestra que también la consultoría política está expuesta a las mismas zonas grises que acompañan a otros ámbitos del poder.

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🧠 LA VERDADERA DIFERENCIA: SOBERBIA O SABIDURÍA

Y aquí llegamos quizá al punto más importante.

Porque una profesión puede tener jerarquías sin convertirse en una aristocracia.

Puede reconocer a los seniors sin despreciar a los juniors.

Puede valorar la experiencia sin convertirla en arrogancia.

Puede reconocer al maestro sin humillar al aprendiz.

Y puede distinguir entre quien comienza y quien lleva décadas sin negar a ninguno su condición profesional.

La soberbia política dice: “yo sé y tú no sabes”.

La sabiduría política pregunta: “¿qué sabes tú que yo todavía no sé?”.

La soberbia construye barreras.

La sabiduría construye escuela.

La soberbia ridiculiza al que empieza.

La sabiduría observa si ese principiante tiene talento.

La soberbia necesita minimizar al otro para sentirse grande.

La sabiduría no necesita hacerlo.

La soberbia presume de trayectoria.

La sabiduría utiliza la trayectoria para orientar.

Y allí aparece una diferencia fundamental entre prestigio y vanidad.

El prestigio no necesita gritar.

La autoridad profesional se reconoce en la capacidad de resolver, anticipar, interpretar y enseñar.

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🎯 NADIE TIENE LA VERDAD ABSOLUTA

Un consultor puede haber trabajado en cinco campañas.

Otro, en veinte.

Otro, en cuarenta.

Eso no significa que el segundo tenga necesariamente más inteligencia estratégica que el primero.

Significa que ha tenido una trayectoria diferente.

El consultor que comienza puede estar a kilómetros de distancia del senior.

Pero también puede estar construyendo las condiciones para llegar algún día allí.

Otros llegarán.

Otros quedarán a mitad del camino.

Otros estarán muy cerca.

Y algunos descubrirán que su verdadero talento estaba en otra especialidad.

Así funciona cualquier profesión.

No todos los médicos llegan a ser jefes de servicio.

No todos los abogados llegan a dirigir grandes estudios.

No todos los periodistas llegan a ser directores.

No todos los empresarios construyen grandes compañías.

Pero eso no significa que los que comienzan no sean profesionales.

La jerarquía es una consecuencia de la trayectoria; no una condición previa para pertenecer al campo.

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🎓 TAMBIÉN EL CANDIDATO NECESITA APRENDER

La relación entre consultor y candidato tampoco es unilateral.

No existe un consultor universal capaz de transformar cualquier personalidad en cualquier candidato.

Los candidatos tienen carácter.

Temperamento.

Historia.

Fortalezas.

Debilidades.

Virtudes.

Defectos.

Hay candidatos vehementes e impulsivos.

Otros son sobrios.

Algunos son carismáticos.

Otros son técnicos.

Algunos comunican espontáneamente.

Otros necesitan entrenamiento.

Algunos tienen una extraordinaria capacidad territorial.

Otros necesitan construirla.

El buen consultor no intenta convertir a todos en la misma persona.

El buen consultor descubre qué candidato tiene delante y trabaja sobre aquello que puede potenciarse.

Por eso la consultoría política también tiene una dimensión pedagógica.

A veces no se trata solamente de decirle al candidato qué hacer.

Se trata de enseñarle a mirar.

A escuchar.

A medir.

A interpretar.

A controlar sus impulsos.

A comprender al adversario.

A entender al ciudadano.

A distinguir una percepción de un hecho.

A saber cuándo hablar.

Y, sobre todo, cuándo no hacerlo.

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🏛️ EL VERDADERO ESTATUS

Quizá por eso el estatus de un consultor político no debería medirse únicamente por la cantidad de campañas, por la fotografía junto a un candidato importante o por la proximidad física al poder.

El verdadero estatus profesional debería construirse sobre una combinación mucho más exigente:

conocimiento + experiencia + resultados + criterio + reputación + ética + calidad humana.

El consultor verdaderamente consolidado no necesita impedir que aparezcan nuevos consultores.

Por el contrario.

Los buenos profesionales suelen reconocer el talento cuando lo encuentran.

Porque saben que alguna vez también fueron principiantes.

Y porque entienden una verdad elemental de toda profesión:

nadie llegó solo hasta donde llegó.

Siempre hubo alguien que enseñó.

Alguien que abrió una puerta.

Alguien que confió.

Alguien que permitió equivocarse.

Alguien que compartió conocimiento.

Alguien que ofreció una oportunidad.

Por eso la grandeza profesional no consiste únicamente en llegar arriba.

También consiste en qué hacemos con quienes vienen detrás.

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🌱 LA CONSULTORÍA POLÍTICA NECESITA MENOS CASTAS Y MÁS ESCUELA

El futuro de la consultoría política no debería construirse alrededor de pequeñas castas profesionales que se reconocen entre sí y excluyen a los demás.

Necesita especialización.

Necesita investigación.

Necesita formación.

Necesita profesionalización.

Necesita estándares éticos.

Necesita transparencia.

Necesita competencia.

Y necesita algo que no se aprende necesariamente en una universidad:

sabiduría.

Porque un consultor puede estudiar política durante años y seguir sin entender al ciudadano.

Puede conocer todas las teorías electorales y equivocarse frente a una urna.

Puede acumular campañas y no haber aprendido a escuchar.

Puede tener un enorme currículum y una pequeña capacidad humana.

Y también puede ocurrir lo contrario.

Una persona puede estar comenzando y poseer una enorme capacidad de aprendizaje, intuición, disciplina, curiosidad y talento.

El tiempo dirá hasta dónde llegará.

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🏆 EL CONSULTOR POLÍTICO NO ES QUIEN DICE SERLO. ES QUIEN DEMUESTRA LO QUE PUEDE HACER.

En última instancia, quizá esta sea la definición más sencilla.

Consultor político es quien utiliza conocimiento, experiencia y criterio profesional para diagnosticar, interpretar, recomendar y ayudar a resolver problemas políticos, electorales o gubernamentales.

El asesor es quien, además, puede convertir ese conocimiento en acompañamiento permanente de la toma de decisiones.

Los dos pueden coexistir en una misma persona.

Pero no son exactamente lo mismo.

Y dentro de ambos existen niveles.

• Junior.
• Especialista.
• Consultor consolidado.
• Senior.
• Estratega.
• Asesor de confianza.
• Asesor principal.
• Consultor de alta dirección.

No como títulos oficiales, sino como aproximaciones a distintos grados de experiencia, responsabilidad, complejidad e influencia.

Algunos llegarán muy lejos.

Otros alcanzarán una posición intermedia.

Otros permanecerán en determinadas especialidades.

Y todos forman parte de un ecosistema que se ha vuelto cada vez más complejo.

Por eso quizá la pregunta más importante no sea:

“¿Cuántas campañas has hecho?”

Sino:

“¿Qué has aprendido de ellas, qué valor eres capaz de aportar y qué tipo de profesional eres cuando nadie te está mirando?”

Porque la soberbia necesita demostrar que está arriba.

La sabiduría no.

La soberbia mira hacia abajo para sentirse superior.

La sabiduría mira hacia adelante para seguir aprendiendo.

Y entre ambas existe una frontera que todo consultor político, desde el que acaba de comenzar hasta el que ha llegado a las más altas esferas del poder, debería recordar:

la experiencia otorga autoridad; la conducta otorga legitimidad; los resultados construyen reputación; pero la sabiduría determina qué hacemos con todo ello.

Ese debería ser, finalmente, el verdadero estatus de un consultor político.

JCMaldo ✍️

LA ONU ANTE EL ESPEJO: ENTRE LA PAZ QUE SE PROCLAMA Y EL PODER QUE SE IMPONE 🏛️🌎Trump, Lula, Macron, Netanyahu, Pezeshki...
26/09/2026

LA ONU ANTE EL ESPEJO: ENTRE LA PAZ QUE SE PROCLAMA Y EL PODER QUE SE IMPONE 🏛️🌎

Trump, Lula, Macron, Netanyahu, Pezeshkian y Abinader frente a un multilateralismo que busca recuperar autoridad en un mundo cada vez más fragmentado.

Hay momentos en que una institución no necesita que alguien anuncie su crisis. Basta observar quiénes hablan, qué dicen y, sobre todo, cuánto de lo que se proclama desde su tribuna consigue transformarse en realidad.

La 81.ª Asamblea General de las Naciones Unidas ofrece precisamente esa imagen.

La ONU continúa siendo el gran escenario diplomático del mundo. Allí se encuentran presidentes, primeros ministros, cancilleres y representantes de prácticamente todas las naciones. Pero mientras sus discursos reivindican la paz, la cooperación y el derecho internacional, el mundo exterior continúa funcionando bajo otra lógica: poder, intereses nacionales, amenazas, sanciones, alianzas militares y capacidad de presión.

La paradoja es evidente.

La organización creada para ayudar a evitar las guerras parece cada vez más limitada frente a quienes tienen capacidad para iniciarlas, prolongarlas o condicionarlas.

No necesariamente porque la ONU haya dejado de ser necesaria. Quizá precisamente porque el mundo necesita hoy más que nunca una institución capaz de recuperar autoridad, credibilidad y capacidad de negociación.

✅TRUMP: LA PAZ DESDE LA FUERZA

El discurso de Donald Trump fue uno de los más esperados y también uno de los que mejor expuso la transformación del concepto de liderazgo internacional.

Trump no se presentó como un presidente que simplemente desea la paz. Se presentó como alguien que afirma haberla conseguido mediante el ejercicio del poder.

Su mensaje fue explícito: mientras otros hablaron, él actuó; mientras otros hablaron de paz, él afirmó haber hecho la paz; y mientras otros ignoraron amenazas, él aseguró haberlas enfrentado. También atribuyó a su administración un papel decisivo en distintos procesos de negociación y cese de hostilidades y sostuvo que su método combina relaciones personales, comercio, aranceles y, cuando considera necesario, la fuerza. (Roll Call)

Ese es probablemente el elemento más interesante de su discurso.

Trump está intentando construir una narrativa sobre sí mismo: la del líder que utiliza el poder para producir paz.

Pero esa construcción contiene una tensión que no puede ignorarse.

El mismo presidente que reivindica haber solucionado conflictos mediante la negociación amenazó públicamente a Irán con consecuencias extremas si no se alcanzaba un acuerdo sobre su programa nuclear y otras condiciones. Al mismo tiempo, defendió las acciones militares estadounidenses y la utilización de la fuerza como instrumento de política exterior. (AP News)

Por eso, más que un discurso pacifista en el sentido tradicional, fue un discurso de paz mediante la fuerza y la capacidad de presión.

Y allí aparece una diferencia fundamental.

Trump no propone retirar a Estados Unidos del mundo. Propone exactamente lo contrario: un Estados Unidos consciente de su poder y dispuesto a utilizarlo para defender sus intereses.

Es una concepción pragmática de las relaciones internacionales.

Puede generar acuerdos. Puede generar temor. Puede generar negociación.

Y puede generar varias de esas cosas al mismo tiempo.

✅EL PODER COMO INSTRUMENTO DE NEGOCIACIÓN

Aquí aparece quizá una de las características más interesantes del liderazgo de Trump.

Su política exterior no parece plantear una oposición entre diplomacia y fuerza.

Las utiliza como instrumentos complementarios.

La amenaza puede abrir una negociación. El arancel puede convertirse en una herramienta diplomática. La presencia militar puede crear condiciones para una conversación. Y una relación personal entre líderes puede ser presentada como un mecanismo para destrabar conflictos.

No es la diplomacia clásica.

Es una diplomacia de presión.

Trump atribuyó también a su administración un papel en procesos relacionados con Camboya y Tailandia, Serbia y Kosovo, República Democrática del Congo y Ruanda, India y Pakistán, Armenia y Azerbaiyán, además de Gaza. Más allá de cuánto corresponda atribuir a Washington en cada uno de esos procesos, el dato relevante para este análisis es que Trump presentó a Estados Unidos como un actor indispensable para intervenir, negociar y presionar en los conflictos internacionales. (Roll Call)

Y ese reposicionamiento tiene una lógica de poder.

✅LULA: EL MULTILATERALISMO COMO CONTRAPESO

Luiz Inácio Lula da Silva planteó una narrativa diferente.

Brasil aparece como una potencia regional que busca preservar soberanía, defender el multilateralismo y cuestionar la intervención de las grandes potencias.

Lula sostuvo que el sistema multilateral atraviesa un período crítico y reclamó que la ONU vuelva a ocupar un espacio central en la construcción de la paz. En su intervención también advirtió contra cualquier interferencia extranjera en el proceso político brasileño y defendió la soberanía nacional. (Reuters)

Allí encontramos otra forma de liderazgo.

Mientras Trump reivindica la capacidad de una gran potencia para intervenir y negociar desde la fuerza, Lula reivindica la autonomía de una potencia emergente que busca que ninguna otra nación determine su destino.

Son dos concepciones diferentes del orden internacional.

Una habla desde el poder dominante.

La otra habla desde el equilibrio de poderes.

✅MACRON Y LA DEFENSA DEL MULTILATERALISMO

Emmanuel Macron llegó a esta Asamblea con una preocupación similar, aunque desde una posición europea.

Francia ha insistido en la necesidad de una respuesta multilateral frente a las grandes crisis, particularmente Ucrania y Oriente Medio. Pero el mensaje de Macron fue más amplio: advirtió contra una lenta división del mundo y contra la concentración del poder en manos de unos pocos.

Su planteamiento fue especialmente significativo porque no se limitó a defender la existencia de las Naciones Unidas. Defendió la necesidad de hacer que el multilateralismo vuelva a producir resultados, a través de la unidad, la justicia y la cooperación. También reivindicó la necesidad de mantener la capacidad de acción de la organización frente a lo que calificó como abusos de poder. (Élysée)

En ese punto, Macron introduce una tercera dimensión.

Trump coloca el poder en el centro de la negociación.

Lula coloca la soberanía y el equilibrio como contrapeso.

Macron intenta recuperar el multilateralismo como instrumento para limitar la concentración del poder.

La escena resulta simbólica.

Estados Unidos, Europa, Brasil, Israel e Irán utilizan la misma tribuna, pero no hablan necesariamente del mismo orden mundial.

Cada uno lleva consigo su propia interpretación de la justicia, la seguridad, la soberanía y la paz.

✅ISRAEL E IRÁN: DOS RELATOS QUE NO ENCUENTRAN PUNTO DE ENCUENTRO

Quizá ningún otro episodio refleja mejor la dificultad del sistema internacional para construir una narrativa común que el enfrentamiento entre Israel e Irán.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, defendió ante la Asamblea las acciones militares de Israel y presentó su posición desde la perspectiva de la seguridad y la defensa israelí. (Reuters / Naciones Unidas)

Al día siguiente, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, respondió desde la misma tribuna.

Irán se presentó como víctima de terrorismo y rechazó someterse a la presión militar o económica. Al mismo tiempo, Pezeshkian dejó abierta la puerta a la negociación y sostuvo que su país estaba dispuesto al diálogo y la diplomacia, pero sin aceptar un lenguaje basado en la fuerza. (PBS)

Dos discursos.

Dos memorias.

Dos concepciones de seguridad.

Y dos gobiernos que presentan sus respectivas acciones como respuestas defensivas frente a amenazas que consideran fundamentales.

El problema aparece cuando cada actor considera que su propia acción constituye defensa y la del adversario constituye agresión.

La negociación se vuelve entonces extraordinariamente difícil.

Ahí es donde la comunidad internacional debería desempeñar su papel.

Y ahí es precisamente donde aparece la gran pregunta sobre la ONU.

✅ABINADER: LA VOZ DE LOS PAÍSES QUE PAGAN LAS CONSECUENCIAS

En medio de los grandes discursos de las potencias, la intervención de Luis Abinader introduce otra dimensión.

La República Dominicana no tiene el poder militar de Estados Unidos ni la influencia geopolítica de las grandes potencias.

Pero sí tiene algo que muchos países comparten: vulnerabilidad frente a decisiones tomadas lejos de sus fronteras.

Abinader llevó a la Asamblea la preocupación por las consecuencias económicas que los conflictos internacionales tienen sobre países como República Dominicana, particularmente a través de los precios de la energía, los alimentos y otros efectos sobre sus economías. (Naciones Unidas)

Su argumento representa una realidad que trasciende a República Dominicana.

Los países pequeños y medianos no necesariamente participan en las decisiones que provocan las grandes crisis, pero muchas veces sí pagan una parte de sus consecuencias.

Inflación.

Combustibles.

Alimentos.

Turismo.

Comercio.

Inversión.

Estabilidad social.

La guerra de los grandes también tiene un costo para los pequeños.

Y esa debería ser una de las razones por las cuales el multilateralismo importa.

✅UNA ONU QUE NECESITA RECUPERAR AUTORIDAD

Aquí llegamos al punto central.

¿La ONU se ha convertido en cómplice de los conflictos?

No utilizaría esa expresión.

Tampoco hablaría simplemente de una institución complaciente.

El problema parece ser más profundo:

la ONU enfrenta una dificultad para transformar el consenso diplomático en resultados políticos.

Los líderes llegan, hablan, denuncian, amenazan, defienden sus posiciones y regresan a sus países.

Mientras tanto, las guerras continúan.

Y la población civil continúa pagando las consecuencias.

El secretario general António Guterres ha advertido sobre un escenario internacional marcado por conflictos, vulneraciones de derechos humanos, debilitamiento del derecho internacional y profundas divisiones geopolíticas. En su discurso ante la Asamblea sostuvo que uno de los grandes desafíos del siglo XXI es conseguir que el poder sea contenido por el derecho y que la fuerza no sea el árbitro final. (Naciones Unidas)

La pregunta ya no debería ser solamente si la ONU tiene razón.

La pregunta es cuánto puede hacer.

Porque una institución internacional puede tener legitimidad jurídica y, al mismo tiempo, enfrentar dificultades para convertir esa legitimidad en autoridad efectiva y resultados.

Y esa diferencia puede convertirse en uno de sus mayores desafíos.

✅EL PODER TAMBIÉN NECESITA CARÁCTER Y LIDERAZGO

Pero existe otra dimensión que pocas veces aparece en los análisis institucionales y que resulta fundamental: el carácter de quienes ejercen el liderazgo.

Una organización puede tener excelentes normas, profesionales altamente capacitados, conocimiento técnico y estructuras institucionales sofisticadas. Todo eso es necesario.

Pero no siempre es suficiente.

Las instituciones también necesitan liderazgo.

Necesitan personas capaces de interpretar el momento histórico, tomar decisiones, asumir costos, defender principios, negociar cuando sea necesario y ejercer autoridad cuando las circunstancias lo exijan.

No se trata de confundir liderazgo con agresividad.

Tampoco de confundir carácter con autoritarismo.

El liderazgo institucional debería combinar firmeza con prudencia, personalidad con sentido común, autoridad con respeto y capacidad de presión con responsabilidad.

Ese equilibrio resulta particularmente importante en una organización como las Naciones Unidas, donde el poder no puede depender únicamente de la fuerza militar o económica.

También existe un poder institucional.

Y ese poder necesita ser ejercido.

La renovación generacional también importa. No porque la experiencia pierda valor, sino porque toda institución necesita incorporar nuevas perspectivas, nuevas capacidades y nuevas formas de entender un mundo que cambia a una velocidad que muchas estructuras burocráticas no siempre consiguen acompañar.

En la política internacional contemporánea se puede observar, por ejemplo, la convivencia entre liderazgos de distintas generaciones. Donald Trump representa una generación política con una personalidad y un estilo muy definidos, mientras Marco Rubio, como secretario de Estado, representa una generación distinta dentro de la misma administración y ocupa un papel central en la conducción de su política exterior. (Casa Blanca)

La experiencia y la renovación no deberían competir.

Deberían complementarse.

Y ese puede ser uno de los desafíos de las grandes instituciones internacionales: encontrar liderazgos capaces de combinar conocimiento, experiencia y estructura con carácter, energía, sentido de oportunidad y capacidad de decisión.

Porque una institución puede conocer perfectamente sus normas y, sin embargo, carecer de la fuerza política necesaria para hacerlas valer.

🌎EL MUNDO NO NECESITA MÁS DISCURSOS SOBRE LA PAZ

Lo que estos primeros días de Asamblea General dejan como impresión es una paradoja.

Todos hablan de paz.

Pero la paz de Trump se apoya en la fuerza y la presión.

La de Lula, en el multilateralismo y la soberanía.

La de Macron, en la cooperación y la acción colectiva.

La de Israel, en la seguridad y la defensa.

La de Irán, en la soberanía y la resistencia frente a la presión.

La de países como República Dominicana, en la necesidad de que las grandes potencias comprendan las consecuencias económicas y sociales de sus decisiones.

Todos hablan de paz.

Pero cada uno parece entenderla desde un lugar diferente.

Y quizá allí está una parte del verdadero problema.

No existe todavía una definición política compartida sobre cómo construir la paz en un mundo donde los intereses nacionales siguen teniendo un peso enorme frente a los intereses colectivos.

🌎AMÉRICA LATINA FRENTE A UNA NUEVA ETAPA

Para América Latina, esta realidad debería ser una llamada de atención.

La región no tiene que aspirar a convertirse en una nueva potencia militar.

Tiene que aprender a convertirse en una potencia de negociación.

Eso requiere integración, alianzas, información, inteligencia estratégica, comunicación y capacidad para actuar coordinadamente.

Un país latinoamericano aislado tiene una capacidad limitada para negociar frente a las grandes potencias.

Una región articulada tiene otra dimensión.

América Latina puede defender sus intereses económicos, energéticos, comerciales y sociales con mayor capacidad si consigue construir posiciones comunes sin renunciar a la soberanía de cada nación.

No se trata de crear un bloque ideológico.

Se trata de construir un bloque de intereses.

Porque el mundo que emerge de esta Asamblea General parece demostrar algo que la historia ya ha enseñado muchas veces:

cuando los grandes negocian, los pequeños deben estar preparados para negociar también.

✅EL DESAFÍO DE LA DIPLOMACIA: AUTORIDAD, CARÁCTER Y RESULTADOS

Quizá el mayor aprendizaje de estos días no sea quién habló más fuerte.

Ni quién amenazó más.

Ni quién consiguió imponerse sobre quién.

El verdadero desafío consiste en saber si la política internacional puede regresar a un punto en el que la negociación no sea el último recurso después de la amenaza, sino el primer instrumento antes de llegar a ella.

Trump ha mostrado una concepción del poder que utiliza la presión para abrir negociaciones.

Lula ha recordado que la soberanía no puede desaparecer frente a las grandes potencias.

Macron ha insistido en la necesidad de recuperar respuestas multilaterales.

Israel e Irán han demostrado hasta qué punto pueden enfrentarse dos narrativas cuando ninguna acepta la legitimidad de la otra.

Y Abinader ha puesto sobre la mesa una verdad que muchos países pequeños conocen demasiado bien: las decisiones tomadas en las grandes capitales terminan llegando a la vida cotidiana de millones de personas.

Pero la pregunta final es todavía más profunda:

¿qué tendría que hacer la ONU para recuperar esa capacidad?

Hay, al menos, tres desafíos evidentes.

Primero, recuperar capacidad de mediación: que la negociación pueda comenzar antes de que la amenaza o la fuerza se conviertan en el principal lenguaje entre los Estados.

Segundo, avanzar en una renovación institucional que permita adaptar sus mecanismos a un mundo distinto al de 1945, sin perder los principios fundamentales que dieron origen a la organización.

Y tercero, convertir acuerdos en acciones, reduciendo la distancia entre las declaraciones, las resoluciones y los resultados concretos.

Pero hay un cuarto elemento que atraviesa a los tres anteriores:

el liderazgo.

Una institución puede tener legitimidad, normas, recursos y conocimiento técnico. Pero necesita personas capaces de ejercer autoridad con carácter, criterio y sentido común.

No se trata de imponer.

Se trata de liderar.

No se trata de gritar más fuerte.

Se trata de hacerse escuchar.

No se trata de someterse a los poderes existentes.

Se trata de construir la autoridad necesaria para dialogar con ellos en condiciones de respeto.

La ONU no necesita solamente preservar su capacidad de convocar y pronunciarse.

Necesita recuperar la capacidad de liderar, mediar, presionar cuando corresponda y convertir su autoridad institucional en resultados.

Porque quienes ocupan posiciones de liderazgo en instituciones de alcance mundial tienen también una responsabilidad que va más allá de sus propias carreras: defender los principios para los que esas instituciones fueron creadas.

La experiencia debe ser respetada.

La institucionalidad debe ser preservada.

Pero ninguna institución puede vivir únicamente de sus tradiciones.

Necesita renovación, carácter, liderazgo y capacidad de responder a su tiempo.

Porque si quienes están llamados a defender los grandes ideales terminan subordinando esos ideales al poder, al dinero, a la presión o a la conveniencia, entonces la institución conserva su estructura, pero empieza a perder su razón de ser.

La ONU no necesita solamente discursos de paz.

Necesita demostrar que todavía puede hacer que la paz sea una posibilidad real.

Porque si el mundo continúa utilizando la diplomacia solamente después de utilizar la fuerza, la gran institución creada para evitar los conflictos corre el riesgo de convertirse principalmente en el escenario donde los conflictos se explican, se justifican y se confrontan.

Y ese sería, quizás, uno de los mayores fracasos del multilateralismo.

No porque la ONU sea responsable de todas las guerras.

Sino porque el mundo necesita que vuelva a ser capaz de hacer algo más que escucharlas.

JCMaldo ✍️

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