27/05/2026
Las encuestas nacieron para medir la opinión ciudadana, pero en tiempos electorales también pueden convertirse en herramientas de presión política y propaganda. En Loja, varias mediciones circulan en redes sociales mostrando supuestos liderazgos y escenarios que, más allá de informar, parecen intentar instalar percepciones en el electorado.
Los estudios de opinión cumplen una función estratégica en las campañas: sirven para evaluar candidatos, mensajes y decisiones políticas. Sin embargo, en medio de la disputa electoral, algunos son utilizados para construir narrativas donde ciertos aspirantes aparecen como “ganadores inevitables”, mientras otros son borrados del mapa político. Porque en campaña, quien no aparece en la encuesta, para algunos estrategas simplemente no existe.
La difusión masiva de cifras y rankings puede influir especialmente en los votantes indecisos durante la recta final de las elecciones. No por casualidad, cada encuesta llega acompañada de interpretaciones, gráficos y análisis que muchas veces parecen más piezas publicitarias que ejercicios técnicos. La ciencia estadística termina convertida en espectáculo electoral; una especie de campeonato donde algunos celebran antes de jugar el partido.
Expertos advierten que las encuestas requieren transparencia absoluta: metodología clara, tamaño de muestra, margen de error y financiamiento del estudio. De lo contrario, corren el riesgo de transformarse en mecanismos de manipulación de opinión pública.
Mientras tanto, en redes sociales, los candidatos comparten números favorables como si fueran resultados oficiales. Y claro, en política las cifras siempre “coinciden” con quien paga la publicación.
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