05/07/2026
de la Provincia de
📜LEYENDA DEL GIGANTE Y LA VENTANA DEL IMBABURA
Hace muchísimo tiempo, un arrogante gigante, tan alto que su cabeza tocaba las nubes del cielo, decidió conocer todas las lagunas del Ecuador, en especial de algunas que se encontraban en el norte, por el sector de lo que hoy es la provincia de Imbabura, las cuales tenían fama de ser muy grandes y profundas.
El vanidoso gigante, se dirigió en primer lugar al lago que se encontraba al pie del Taita Imbabura, que en ese tiempo se llamaba Imbacocha y que hoy se conoce como el Lago San Pablo. Ingresó en él, pero el agua apenas llegó a sus rodillas.
El gigante se sintió tan orgulloso de ser tan alto que continuó su recorrido por todas las lagunas que habían en la zona. En poco tiempo estuvo en las lagunas del cerro Mojanda, entró en la laguna de Caricocha, pero el agua le cubrió solo los tobillos. De un salto estuvo en la siguiente laguna Huarmicocha, cuyas aguas mojaron ligeramente sus rodillas. Por último, la laguna de Yanacocha tan solo mojó sus pies.
—Indiscutiblemente, soy el más alto de todos y nadie me gana.
—Se dijo a sí mismo el vanidoso gigante.
Dando grandes pasos se dirigió a la laguna de Cuicocha. Lentamente puso sus piernas en las oscuras aguas de esa laguna y, dando grandes risotadas, gritó:
—¡ Solamente me mojó hasta los muslos!
En Yaguarcocha, las carcajadas del gigante aumentaron y, en tono burlón, dijo:
—¡El agua solo llegó a los dedos de mis pies!
El escenario fue el mismo en otras lagunas que visitó. Una por una fueron desmerecidas por el engreído gigante.
—Ninguna laguna puede conmigo —se jactaba el gigante.
En cada laguna que visitaba, su vanidad crecía más y más. Estaba convencido de que no había una laguna en la que pudiera sumergirse, así se convirtió en todo un personaje y decidió ir a otros lugares para contarle a todo el mundo, que él era el más alto de todos.
Antes de irse, y con desgana, vio a lo lejos una pequeña laguna muy oscura sobre el taita Imbabura. Con mucha soberbia se dirigió hacia allá para comprobar, una vez más, que no había una laguna en toda la región con agua suficientemente para poder zambullirse.
Demasiado confiado, el gigante se metió en las aguas de la pequeña laguna. Su sorpresa fue muy grande al ver que su pie no tocaba el fondo y que se hundía, invadido por el pánico y asustado se agarró de la cima de la montaña y lo hizo con tanta fuerza que uno de sus grandes dedos perforó la piedra de la cima del Taita Imbabura, aunque fue en vano, pues el arrogante gigante se hundió para siempre.
Desde ese día, en la cima del cerro Imbabura, cuando el cielo estaba despejado, se podía ver un gran agujero llamado "la ventana de Imbabura". Y cuentan que en las noches tranquilas y silenciosas, aún se pueden escuchar los gritos del soberbio gigante.
Por Flavio Sevillano
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