Hernán Baquero Arévalo

Hernán Baquero Arévalo Mentor en educación, emprendimiento y artes. Este espacio está dedicado a compartir ideas, inspirar y conectar con la comunidad global.

Primera Plataforma Virtual que permite busca ayuda psicológica desde cualquier lugar del país

11/02/2026

🚨 ¡NECESITAMOS DONADORES DE PLAQUETAS CON URGENCIA! 🚨

Si eres del grupo sanguíneo O, hoy puedes marcar la diferencia y ayudar a salvar vidas.

Tu donación es esperanza para quienes más lo necesitan.

📍 Lugar: Portoviejo, calle Sucre entre Espejo y Juan Montalvo
🕖 Horario: 07h00 a 18h00
📞 Contacto: 093 903 8047

🙏 Ayudemos a salvar vidas. Tu solidaridad puede cambiar una historia.

Terminamos el proceso de capacitación en Primeros Auxilios Comunitarios
10/02/2026

Terminamos el proceso de capacitación en Primeros Auxilios Comunitarios

10/02/2026
Honrar la vida!!
03/02/2026

Honrar la vida!!

Los espero
25/01/2026

Los espero

✨¡La 3ra Feria Virtual del Libro Argentina te espera! ✨

Tenemos el honor de presentar la Conferencia “La poesía como fuente de esperanza”
🎤 Invitado: Hernán Baquero Arévalo
🌎 Embajadora Cultural: Teresa Clotilde Ojeda Sánchez 🇵🇪

🕔 Domingo 01 Febrero a las 12:30H. Argentina 🇦🇷

👉 Conéctate y sé parte de este encuentro multicultural.
Feria Virtual del Libro Argentina

En este taller virtual se abordarán, de manera práctica y aplicada, los siguientes temas:✔️ Aplicación práctica de las N...
15/01/2026

En este taller virtual se abordarán, de manera práctica y aplicada, los siguientes temas:
✔️ Aplicación práctica de las Normas de Control Interno
✔️ Documentación de respaldo: qué sí sirve y qué genera observaciones
✔️ Correcta gestión de archivo físico y digital conforme a normativa
✔️ Relación entre control interno, contratación pública y gestión administrativa
✔️ Casos reales y criterios utilizados por auditores gubernamentales
El enfoque es preventivo y operativo, orientado a fortalecer la gestión institucional y evitar observaciones de los organismos de control.
📅 17 y 18 de enero
⏰ 9:00 a.m. – 2:00 p.m.
💻 Taller virtual por Zoom
📞 Información e inscripciones: 099 271 4120 Únete a nuestro grupo de WhatsApp https://chat.whatsapp.com/GdDQMczPtaaIh4j3JPhZnM

03/01/2026

No es Maduro, es el poder en tiempos de decadencia imperial

No se trata de Nicolás Maduro ni de su régimen político. Reducir el conflicto a una disputa personal o ideológica es una forma eficaz de ocultar lo esencial. Lo que está en juego es el control de la mayor reserva petrolera del planeta y, al mismo tiempo, el intento de Estados Unidos por reafirmar su dominio militar y geopolítico sobre América Latina en un contexto internacional que ya no le es favorable.

Venezuela concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, un dato reconocido por organismos energéticos internacionales desde hace más de una década.

En términos geopolíticos, los recursos estratégicos nunca son neutrales: determinan alianzas, conflictos, sanciones y guerras.

Cuando el discurso oficial habla de “democracia”, suele silenciar una pregunta básica: ¿quién controla la energía y para sostener qué tipo de orden mundial?

Este conflicto debe entenderse dentro de una transformación más amplia. El sistema internacional avanza, con tensiones y contradicciones, hacia una configuración multipolar, donde potencias emergentes agrupadas en espacios como los BRICS disputan influencia económica, financiera y política.

Diversos análisis coinciden en que este escenario no implica el colapso inmediato de Estados Unidos, pero sí una pérdida progresiva de su hegemonía exclusiva (Kennedy, 1987; Stuenkel, 2024).

La historia muestra que cuando los imperios perciben su declive relativo, tienden a atrincherarse en sus zonas de influencia. No necesariamente mediante ocupaciones formales, sino a través de militarización indirecta, presión diplomática, sanciones económicas, gobiernos aliados funcionales y narrativas morales que legitiman el uso excepcional de la fuerza.

América Latina ha sido históricamente uno de esos espacios de control estratégico, como lo reconocen incluso documentos oficiales de seguridad estadounidense.

En este contexto, la violencia no es un accidente ni un exceso: es una herramienta política. Paul Kennedy ya advertía que las grandes potencias, cuando extienden su poder militar más allá de su base económica, entran en dinámicas de sobreextensión imperial que suelen desembocar en conflictos destructivos tanto para los territorios intervenidos como para la propia potencia dominante (Kennedy, 1987).

La historia reciente es clara sobre las consecuencias de estas “intervenciones”. Afganistán, Irak y Libia no se convirtieron en sociedades más estables ni más libres tras la acción militar de Estados Unidos. Por el contrario, quedaron marcadas por la destrucción institucional, la fragmentación social y crisis humanitarias prolongadas.

La literatura académica sobre intervenciones militares coincide en que los costos humanos suelen ser altos y los beneficios políticos, cuando existen, rara vez favorecen a los pueblos afectados (Hughes, 2015).

Para comprender esta lógica, resulta útil el concepto de necropolítica, desarrollado por Achille Mbembe. Este enfoque describe formas de poder que gobiernan a través de la exposición sistemática de poblaciones enteras a la muerte, la precariedad y el sufrimiento. No se trata solo de matar directamente, sino de decidir qué vidas importan y cuáles son sacrificables en nombre del orden, la seguridad o los intereses estratégicos (Mbembe, 2003).

Las crisis humanitarias contemporáneas lo confirman. La situación del pueblo palestino, ampliamente documentada por organismos internacionales, muestra cómo la violencia estatal puede normalizarse hasta niveles extremos mientras se justifica en discursos de seguridad. Incluso instancias jurídicas internacionales han expresado preocupación formal por estas dinámicas, lo que evidencia que no estamos ante simples opiniones ideológicas, sino ante hechos verificables y debatidos en el derecho internacional.

Por eso, cuando sectores de América Latina celebran bombardeos o agresiones contra países de la región, no están defendiendo la democracia ni la libertad. Están aplaudiendo un modelo de poder que históricamente ha tratado al continente como un espacio subordinado, disponible para el saqueo, la disciplinación y la violencia. Celebrar ese horror es celebrar, en última instancia, la propia vulnerabilidad.

No, no se trata de Maduro. Se trata del ejercicio del poder en una fase abiertamente necrótica del imperialismo estadounidense, donde la violencia se vuelve más explícita precisamente porque el mundo ya no gira en torno a un solo centro. Entender esto no es un acto de ideología, sino de memoria histórica y de responsabilidad política frente al futuro de nuestros pueblos.

03/01/2026

Celebrar la guerra es firmar la propia condena
Por Hernán Baquero

Alegrarse por un bombardeo, por el as*****to de personas o por operaciones de secuestro ejecutadas por una potencia extranjera no es una postura política: es una renuncia moral.

Peor aún, es una idea suicida como nación.

Celebrar la violencia ejercida por Estados Unidos en Venezuela implica aceptar que existe un poder con derecho absoluto a decidir quién vive, quién muere y qué países merecen existir sin ser castigados.

Durante décadas se nos ha vendido el relato de la “policía mundial de la democracia”. Sin embargo, basta un mínimo ejercicio de honestidad histórica para desmontarlo.

Estados Unidos no es una democracia en el sentido pleno del término: allí no gobierna quien obtiene más votos, gobierna quien concentra el poder económico, corporativo y militar. Hablar de democracia como excusa para bombardear es, como mínimo, una farsa.

El ataque no fue un error, ni una acción defensiva, ni una medida excepcional. Fue coherente con un discurso explícito. Donald Trump lo dijo sin rodeos: se trata de recuperar el petróleo que —según su lógica— “les pertenece”. Esa frase desnuda una mentalidad colonial que nunca desapareció, solo se modernizó.

No hay valores, no hay derechos humanos, no hay libertades en juego. Hay recursos, control y dominación.

Esta lógica explica mucho más que un bombardeo. Explica por qué se intenta rebautizar territorios, por qué se financian gobiernos funcionales al desorden, por qué se toleran —e incluso se protegen— redes criminales aliadas cuando sirven a intereses estratégicos.

No es una guerra contra dictaduras ni contra el narcotráfico. Es una demostración de poder. Un mensaje claro, brutal y sin matices: América para los norteamericanos.

En Ecuador, por ejemplo, no hacen falta misiles. Aquí la intervención no es militar, es política y económica. El país se gobierna como si ya fuera un apéndice más del poder estadounidense. La soberanía no se pierde solo con invasiones; también se pierde cuando se gobierna obedeciendo agendas externas, normalizando la entrega y maquillando la dependencia como cooperación.

Lo más peligroso no es el ataque en sí, sino la reacción de quienes lo celebran. Porque cuando una sociedad aplaude la violencia imperial, legitima su propia fragilidad.

Hoy el bombardeado es otro, mañana puede ser cualquiera. La historia lo demuestra una y otra vez: el imperio no tiene amigos, solo intereses.

Antes de alegrarte por la muerte ajena, piensa en el futuro. Porque cuando se normaliza el crimen como política internacional, lo que se está firmando no es una victoria, sino una condena colectiva.

30/12/2025

Recordando lo que fue el 33 avo Clownch 🥹

- PanSin - Alex Oña .levadura
- Junior - Hernán Baquero 1800 Clowns-Manabí


Fotografía:

“Narices Rojas, Corazones Invertidos”
Una exposición que no se toma en serio… excepto cuando sí.

Bienvenidos al universo donde el maquillaje es manifiesto político, el sombrero es manifiesto emocional, y el gato en la camiseta está más enojado que el crítico de arte promedio. Aquí, dos clowns se enfrentan al absurdo con herramientas infalibles: pompones verdes, chalecos paisley y una capacidad sobrehumana para mirar al vacío con ternura.

Esta muestra no busca respuestas. Busca risas incómodas, reflexiones maquilladas y la posibilidad de que el ridículo sea el último refugio de la sabiduría. ¿Quién dijo que el clown no puede ser filósofo? ¿Quién dijo que la tristeza no puede llevar gorro rojo?

Cada retrato es una escena de resistencia: a la normalidad, al algoritmo, al mal café. El clown de la izquierda canaliza la furia felina del barrio Calderón, mientras el de la derecha parece haber salido de una novela rusa, pero con nariz de goma. Juntos, encarnan el sitio inverso del alma: ese lugar donde lo torcido es lo más recto que tenemos.

Dirección

Comité Del Pueblo
Quito
170133

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