11/06/2022
Adán Buenosayres- Leopoldo Marechal
El 11 de junio de 1900 nació Leopoldo Marechal. Hoy, en el aniversario de su natalicio, les comparto claves de lectura de su novela
📝Escrita entre 1929 y 1931, publicada en 1948, se escribe durante la vigencia de la Argentina Moderna: un Estado Nacional oligárquico, liberales en lo económico, pero conservadores en lo político; con un creciente proceso de industrialización y urbanización y presencia de una concepción positivista de progreso.
📚Adán Buenosayres nos presenta la reescritura (en clave de humor y sátira) de lecturas filosóficas y literarias (griega y latina, hispánica y contemporánea).
❓La novela nos interroga sobre la naturaleza dual propia del hombre y, más específicamente, propia del argentino. Al estilo del Ulises de James Joyce, nos muestra el periplo de Adán en la Buenos Aires real y simbólica. En este viaje, Marechal nos presenta (a través del lirismo y el realismo) al hombre de su época y al hombre universal, atravesado por la Modernidad.
📌El título de la obra es un primer indicio de la escenificada naturaleza dual del hombre: lo universal (Adán, el primer hombre creado por Dios) y lo particular y local (Buenosayres); lo celeste y lo terrenal; lo espiritual y lo material;
Él encarna otra tensión: Adán (personaje edénico) es representante de la Naturaleza y los valores de la vida bucólica, al mismo tiempo, Adán (personaje literario) habita la urbe y coexiste con los valores de la ciudad y de la civilización.
Existe, en el hombre, un ser que se representa todo por relación a él y que no tiene otro objeto que sí mismo. A su vez, existe otro que conoce las cosas universales y eternamente ciertas y que, en sus actos, tiende a realizar fines que lo superan. Estos dos estados de conciencia son diferentes por sus orígenes y sus propiedades. Lo individual está en pugna con lo colectivo.
De esta polarización resulta que el hombre no esté jamás completamente de acuerdo consigo mismo porque no puede propender a una de sus dos naturalezas sin que la otra sufra. Allí radica la angustia existencial que despunta en Adán.