21/09/2018
La configuración lógica del mundo está sufriendo profundas variaciones.
Nuevas tecnologías, que han implementado un ratio de seguridad inaudito, se colocan en un goloso escaparate ante los contribuyentes nacionales a nivel mundial.
La lentitud y decadencia de las estructuras judiciales, fiscales y políticas acarrean nuevos movimientos de marea en relación al ecosistema financiero del que quieren formar parte los sujetos.
Formar parte de un ecosistema nacional, en el siglo en el que vivimos, no es garantía de facto de una seguridad financiera, ni de prosperidad, ni de la tenencia efectiva de condiciones favorables para la descendencia, no como fuera antaño, que la protección estatal era garante de un futuro mejor.
Nuevas tendencias descentralizadas pisan fuerte pretendiendo cooperar, e incluso colonizar parte de la oferta de los sistemas públicos con menores costes e intermediarios.
La tecnología Blockchain ha conseguido formar la estructura necesaria para hacernos ahorrar tiempo y dinero, desde la interacción particular hasta la interacción macroeconómica.
Solo nos falta observar que entes se adaptan con mayor destreza y cuáles con menos, pero la eficiencia es algo que tiene por bandera esta tecnología, aplicable a todas las coberturas empresariales, y eso llevará a su aceptación más temprano que tarde.
¿Es algo que replantearse?