26/01/2024
MIEDO
Haber nacido en los años cincuenta significa que tenemos un viaje infernal a nuestras espaldas. ¿Recuerdas cuando nos enseñaron a martillear en una máquina de escribir, a corregir nuestros errores con Tip-Ex y a tomar notas taquigrafiando? Poco después, recuerdo que mi jefe no me dictaba nada a mí, pero a su dictáfono. Ya no tenía que esforzarme por descifrar mi taquigrafía, algo que siempre me había preocupado, sino que tenía que escuchar esa maldita cinta repetidas veces, intentando entender su jerga. ¿Por qué me molesté en taquigrafiar bien en tres idiomas y alcanzar una velocidad que nadie más en mi clase podía igualar? Este fue mi primer desafío, y los desafíos no cesaron; continúan hoy en día.
El desarrollo tecnológico ha cambiado nuestra sociedad radicalmente y en muy poco tiempo. Apenas tuvimos tiempo de acostumbrarnos a dejar de usar cabinas telefónicas para hacer llamadas cuando aparecieron las videollamadas; ¿escribir cartas e ir a correos? Ahora, enviamos correos electrónicos y utilizamos servicios de mensajería. Jugábamos con canicas, nos encantaba saltar a la comba, jugábamos al tenis con nuestros amigos; todo esto, hoy, lo compensamos con videojuegos. Visitábamos las montañas y preparábamos nuestra pista de esquí. Aparecieron telesillas, esquís carving, y tablas de snowboard; no había nada que no probáramos. Podría seguir durante horas, todos los cambios fueran radical, deslumbrante. Pasamos de la sencillez a adaptarnos de la noche a la mañana a todos los retos inesperados que nos presentaba la vida, y nos encantaba y nos sigue encantando. Los coches, los teléfonos y nuestras casas nos hablan, y no pasa nada, ¡no importa! Cuando salimos de casa, nos llevamos la cámara, la televisión, todas nuestras carpetas y papeles, la calculadora, el proyector, la radio, el reproductor de música, el diccionario, la enciclopedia, la brújula, la linterna, la agenda, el listín telefónico, el álbum de fotos. Sí, no nos dejamos nada; nos lo metemos en el bolsillo y llevamos todos esos objetos encima casi día y noche. El smartphone lo hace posible.
Desde los años cincuenta hasta hoy, sí, teníamos una vida maravillosa; todo era posible. No conocíamos la guerra, la carnicería, las privaciones. Pero, de repente, nuestra libertad está en peligro. Casi lo conseguimos; ¿por qué dudar ahora? ¿Y si...? Siempre hemos tenido buenos y malos jugadores. ¿Y si de repente los malos jugadores se nos van de las manos? ¿Y si...? ¿Y si lo que nos amenaza en el horizonte se hace realidad y dejamos de ser meros espectadores de las guerras que nos rodean? Hay un sentimiento que los nacidos en los años cincuenta no conocimos en ese sentido hasta hoy. MIEDO.