31/08/2026
"Coca-Cola para todos", decía Mecano...
El pasado 20 de julio, Coca-Cola anunciaba, con un importante despliegue de medios, un gran cambio de su identidad visual: https://www.coca-colacompany.com/media-center/coca-cola-sharpens-its-identity-under-one-bold-visual-system
Sin embargo, la propia descripción que la compañía hacía de este cambio tan significativo, venía a decir que era mínimo, ya que la frase final que lo resumía era que sus símbolos más utilizados eran, ahora, "más prominentes" en sus productos. Y eso no es "un gran cambio de su identidad visual". O sí... porque, si lo analizamos con perspectiva de futuro, es probable que signifique una corrección importante en el derrotero que estaba tomando la evolución de esos símbolos.
Lo que Coca-Cola está haciendo es renovar la imagen de su producto de mayor crecimiento, Coca-Cola Zero Azúcar. Prácticamente, nada más (en España sus ventas ya superan a las de la normal, la de toda la vida).
El riesgo era evidente: si ese crecimiento (y todo parece indicar que así va a ser) se mantiene al ritmo que va, pronto el color dominante en sus productos sería el negro, en vez del rojo. Y ese patrimonio cromático (rojo-blanco) no lo quiere perder Coca-Cola. Hace bien en protegerlo. Latas y etiquetas negras se vuelven rojas (con un leve toque negro, difícil de apreciar en muchos momentos del consumo: en las latas solo se mantiene negra su "estimulante cinta dinámica" [sic] y en las botellas, la chapa), agrandando (en blanco, por supuesto) la referencia a la ausencia de azúcar en la 'Zero'.
Coca-Cola ha invertido mucho tiempo y dinero (y, además, lo ha hecho bien) en construir una imagen visual poderosa, a base de logo, código de colores y forma de su botella de vidrio. No puede arriesgarse a que, en unos años, deje de ser lo que fue (en particular para las nuevas generaciones, que carecen de esa memoria histórica que los mayores sí tienen). O lo que sería aún peor: dejar 'vacante' el territorio de ese color (el rojo) que es uno de sus activos más valiosos (y que goza de connotaciones muy deseables y afines al producto).
Dicho esto último, merece la pena preguntarse si esta 'afinidad' tenía que ver con la dosis de azúcar que contenía la fórmula clásica... pero este es otro debate.
Así que, la empresa de Atlanta hace un 'gatopardo' y se dice a sí misma: «Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie».
Con gran probabilidad, es una buena decisión de marketing, pero nos queda una duda: ¿se diferenciarán lo suficiente ambos productos? Si la respuesta es negativa, hay riesgo para el consumidor (incluso hemos leído la preocupación –en este caso, de mayor alcance– de algún diabético).
Claro que tampoco faltan quienes, con cierto cinismo, auguran que, en unos años, habrá otro 'rebranding' y será la Coca-Cola normal la que deje de ser roja.
¿Tú que opinas?