02/09/2025
Lacoste hace unos días sustituyó su histórico cocodrilo por una cabra durante el US Open. Un gesto tan simple como poderoso, que homenajea a Novak Djokovic, considerado por millones de fans como el mejor de todos los tiempos y embajador de la marca desde hace ocho.
La campaña? “From a Crocodile to the GOAT” una colección cápsula, con guiños a la comunidad y un detalle que marca la diferencia: ha recuperado tweets de sus fans de 2010 donde ya lo llamaban GOAT y ha enviado piezas exclusivas como reconocimiento a esa lealtad. Creo que las marcas deberían en misma consideración al brandlover que ha estado desde el principio, como lo hacen con el influencer (que da proyección, autoridad y aumenta ventas). Porque es gracias a este primer cliente por quien se crea historia y se forja el legado.
Más allá de lo gráfico, lo relevante es lo que este movimiento nos enseña de branding:
* El cocodrilo nació como símbolo de la tenacidad de René Lacoste (un principio).
* La cabra representa la grandeza alcanzada por Djokovic (una aspiración / meta).
* El vínculo entre ambos demuestra cómo una identidad puede evolucionar sin perder autenticidad y reforzar su alianza, además de posicionarse en el mercado estadounidense, clave para los dos.
Cuando el ADN de una marca está claro, sus símbolos pueden transformarse y reinterpretarse sin diluirse ni perder autenticidad. El cocodrilo sigue ahí, pero han jugado con él en su storytelling aspiracional, como lo hicieron en 2018 en la campaña que apoyaba la conservación de especies en peligro con aquella colección de polos.
Eso es lo que creo que diferencia un logotipo de una marca: la capacidad de construir un relato emocional y sostenerlo en el tiempo. Por eso es importante, que si emprendes, tengas en cuenta cuáles son tus valores y tu objetivo, porque sino como decía el gato de Alicia en el País de las maravillas “Si no sabes dónde vas, no importa el camino que tomes”.