24/08/2026
No fue Perú.
No fue Ibiza.
Tenía que ser el Camino de Santiago.
Tenía que ser ahora.
Conmigo… y caminando junto a mis raíces: mi padre. 🤍
Sentía que necesitaba detenerme para volver a mi centro. Soltar comodidades, certezas y esa máscara de perfección que tantas veces llevamos quienes lideramos, emprendemos y sostenemos a los demás.
El Camino empezó a enseñarme antes de dar el primer paso. Llegamos a Roncesvalles a las 21:55, solo cinco minutos antes de que apagaran las luces. Todo parecía complicarse, pero quizá la primera lección era esa: aunque pensemos que llegamos tarde, la vida siempre nos coloca en el lugar exacto.
En el albergue, entre cuerpos agotados, vendas y tiritas, pensé en todo lo que no se ve detrás de cada proyecto: las heridas, las dudas, el cansancio y las veces que estamos a punto de rendirnos.
Yo también llegué con mi propia herida. Mi alma quería avanzar, pero mi rodilla pedía escucha. Así que decidí no venir a demostrar nada, sino a caminar con presencia, poner de mi parte todo lo que depende de mí y entregar a Dios lo que no puedo controlar.
Hoy madrugamos a las 5:30. Desayunamos rodeados de personas de todas partes del mundo y comenzamos a caminar.
Ha habido momentos de felicidad inmensa y otros de pensar: «No me esperaba esto». Pero mantuvimos la mente firme, cuidamos el cuerpo, nos sostuvimos como equipo… y lo conseguimos.
Hemos llegado los primeros a Zubiri. Elegimos dónde dormir, nos dimos una ducha, disfrutamos de una buena comida y ahora toca descansar antes de continuar con mis reuniones online junto a personas maravillosas.
Y solo puedo pensar una cosa: menudo equipazo formamos, papá. 🥹
Este Camino no consiste únicamente en llegar.
Consiste en recordar quién soy, de dónde vengo y cómo quiero seguir avanzando.
Paso a paso.
Sin fingir perfección.
Con mis raíces.
Con fe.
Y cada vez más cerca de mí. ✨