17/03/2026
«¿Cuál es la primera ‘ce’ de tu metodología, Eva?». Esto me lo preguntan a menudo y siempre respondo lo mismo:
«Creer, creer en ti».
No es la claridad.
No es la coherencia.
No es la corrección.
Si no crees en ti, ningún texto saldrá a la luz.
No lo digo yo, lo dicen todas las personas a las que he acompañado durante su proceso de comunicación escrita.
Los miedos nos frenan y nos bloquean;
nos impiden publicar y comunicarnos.
Y ayer lo comprobé de nuevo en dos personas muy diferentes.
La primera, Lana Corujo, autora de "Han cantado bingo". Asistí a una entrevista que le hizo Cursiva y hablaba de su miedo a exponerse, a publicar.
La segunda, Neus Moreno Ramirez, una autora novel a la que he ayudado a dar forma a su primer libro de no ficción: "Menopausia, la metamorfosis de mujer lunar a mujer solar". Está a punto de recibir la muestra en papel de su ejemplar y de presentarlo en una librería de Zaragoza y me hablaba del vértigo que le producía dar a luz a su bebé literario.
CREE EN TI.
Cree en lo que tienes que contar y que con ello informarás, ayudarás e, incluso, llegarás al corazoncito de algunas personas.
Por mucho que domines la ortografía, tengas un estilo original o sepas mucho de un tema, si no confías en ti como escritor/a, nunca defenderás tu obra.
En mi libro, "Neuroescritura para cautivar", recuerdo que los elementos de la comunicación comienzan por el emisor. Sin ti, no hay comunicación.
Detrás de la inseguridad hay mujeres como Michelle Obama, Angela Merkel o Margaret Atwood. A ellas las menciono en la página 140 de mi libro porque reconocieron sufrir el síndrome de la impostora.
También me menciono a mí misma porque, para publicar el libro, tuve que apostar mucho por mi valentía. Mucho.
¡Ay la dichosa mentalidad!
Así que, cuando dudes de tu potencial,
cuando el miedo se apodere de ti,
o cuando te bloqueen los pensamientos irracionales,
piensa si merece la pena que tu texto se quede guardado en un cajón.
¿Qué pierdes si no crees en ti?
¿Y qué ganas si confías en el don de tu palabra?
Para, respira y escribe.
(Sí, lo sé, el dedo meñique que me ha puesto la IA es raro, pero, ¿crees que ella ha dudado al crear esta imagen? No, porque es una máquina. A veces, y solo a veces, tenemos que ser menos humanos...).