02/06/2026
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Hubo un tiempo en el que, a modo de estampida, los habitantes de los pueblos de España tuvieron que irse a buscar el pan fuera de su casa.
Muchos, incluso fuera de su país.
Algunos de ellos montaron sus propios negocios que sirvieron de sustento familiar y que hicieron de los barrios obreros en las ciudades, casa y también, un poco pueblo.
Normalmente eran regentados por familias, y fueron un lugar de encuentro, compañía y refugio de otros muchos compatriotas que también tuvieron que dejar su vida y salir del pueblo.
Algo estaba latente en todos ellos;
lo de llevar la tierra allá donde ibas:
Ultramarinos El Salmantino
Mesón Gredos
Bar El Extremeño
Hostal Zamorano
Una auténtica oda a las raíces.
¿Y ahora?
Casi todo eso se fue.
Esos locales han pasado a ser “pisos” o trasteros, o tienen un cartel gigante donde pone: SE VENDE.
Ahora nos rodean negocios con nombres impronunciables que podrían pertenecer a cualquier lugar del mundo: ningún arraigo, ninguna identidad.
Grandes franquicias que son de todo, menos refugio y calma.
Estanterías llenas de pescados envasados y cajas sin personas.
Yo, personalmente, sigo apostando todo lo posible por tiendas de barrio y negocios pequeños y cercanos, de esos que te reconocen cuando cruzas la puerta, que me mandan recuerdos a mi madre, que me guardan el pan cuando no llego a la hora de siempre, y que saben que muchos días para mí, habitar esta ciudad lejos de los míos es difícil, y me sacan una sonrisa.
¡Cuidémoslos mucho!
Qué bonita es esta identidad que llevamos en nuestros adentros, y qué orgullosos debemos estar de ello.
Y que difícil es tener que salir de tu casa, de tu lugar seguro en el mundo, a buscarte la vida fuera.
Y qué fuertes son nuestras raíces, que necesitamos poner siempre un poco de su simiente allá donde vamos para no perdernos.
❤️🥹
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Escuchamos, Pensamos, Creamos.
Doce Leguas | Estudio Creativo.
www.doceleguas.es
¿Preparados para despegar?🚀.