30/05/2026
Con Elvira Lindo me pasa algo similar que con Isabel Allende: no puedo ser del todo objetiva porque todas sus obras (todas) me encantan.
Hay autoras o autores que encajan con el lector/a que eres a la perfección, como cuando por fin encuentras el corte de vaqueros que mejor te sienta, el perfume con el que te identificas o la temperatura exacta a la que te gusta el café con leche (no muy frío, no muy caliente, lo suficientemente templado para no tener que esperar mucho a que se enfríe, pero que esté caldeado hasta el último sorbo).
Bueno, pues con Lindo me pasa eso: que sé que me va a gustar, porque toca teclas en mí que abren una sinfonía de emociones que me llena.
Este libro en concreto, “A corazón abierto”, es uno de mis favoritos (también lo leí en una noche) y, aun teniendo un entorno familiar y vidas muy distintas, reconocí algunas escenas como propias. Sin haberlas vivido, eso es lo fuerte, amigos.
Elvira nos abre su corazón, como bien reza el título, y nos permite entrar en su casa, conocer a sus padres y pasear por las estancias de su hogar como si fuéramos seres etéreos que observan desde otro espacio-tiempo.
Este libro no es solo el retrato de una familia, sino también el paisaje emocional de una generación que creció en la España de la posguerra, acostumbrada a sobrevivir sin demasiadas cosas y mucho menos permitiendo espacio al sentimentalismo.
“A corazón abierto” es ponerse el traje de neopreno y bajar hasta las profundidades de nuestro hogar, ese del que nunca te vas aunque formes el tuyo propio; una reflexión sobre el amor, los matices y cicatrices que quedan en nosotros mismos aun en etapas muy adultas, pero, sobre todo, es cómo logramos ver a nuestros padres cuando somos adultos. Cuando somos más mayores de lo que eran ellos cuando vivíamos en casa.
Una novela que conmueve sin caer en la cursilería, con dosis de humor y la ironía única de Elvira (te lleva, te mira a los ojos… te da tiempo para que reflexiones y luego vuelve a por ti para que sientas cosas. Cosas hermosas, aunque sean duras).
Nadie como ella para trasladarte a un escenario donde nunca has estado y lograr que, al final del libro, te sea tremendamente familiar.